Últimamente han crecido como hongos en terreno húmedo los desencantados del “kirchnerismo”; los hay de varios tipos: Desde los más previsibles, como todo el peronismo oficial peronista de Perón pura sangre 100% –es decir la derecha peronista- que solo se bancaron a regañadientes a la sucia montonería gobernante porque no había otro paraguas donde acovacharse pero ahora que huelen calas retoman sus viejas obsesiones macartistas pasando por supuestos izquierdistas que, imposibilitados por pereza intelectual y falta de voluntad de construir algo por si mismos, depositaron en el Movimiento sus sueños de revolución sin pensar que el PJ jamás se propuso tamaña empresa, siguiendo por arribistas de toda laya que su máxima aspiración detrás de la verborrea refundante solo fue escalar en la nomenklatura a título personal (cuyo símbolo mas acabado es un triste borrachín de módica escritura que no dejó programa de radio y tv afín al gobierno sin recorrer y ahora es un patético opositor con delirios místicos a la espera del contrato salvador en los medios de la AEA) y terminando por los integrantes de lo que genéricamente podríamos denominar la izquierda peronista que no terminan de digerir (o esconden en el fondo del alma) que pertenecen a un partido que pasó por la experiencia neo-con Menem, con el apoyo entusiasta de los más y el silencio –cómplice- de los menos. Viene a cuenta rememorar esto último porque no existe en la historia mundial un partido político que pase por una experiencia así sin cambiar sus postulados para siempre; de la justicia social a la destrucción del Estado de Bienestar, de la soberanía política al alineamiento sin fisuras con el Imperio, de la independencia económica a entregarla a los pies del FMI y el Banco Mundial. El PRI mexicano –primo hermano del PJ- es un buen ejemplo de lo mencionado, desde el pionero Salinas de Gortari hasta acá. Como lo de la derecha peronista era bien predecible –sólo una gran cuota religiosa y anti-cartesiana pudo generar alucinaciones como llamar “compañeros” a Hugo Moyano e Hijos SA- me detendré en el resto.
Los “izquierdistas” viven pasando por distintas experiencias políticas a la espera del milagro pero sin pringarse con las contradicciones del poder y la gestión; soñadores eternos de un país imaginario no aceptan que a la guerra no se puede ir con un cuchillo de palo. Así todo pasaría por una cuestión de voluntad: La nacionalización de la banca y el comercio exterior o la recreación de la Junta Nacional de Granos es solo una firma en un expediente más, únicamente demorada por algún burócrata enquistado. La lucha contra las corporaciones especuladoras tendría su final feliz simplemente con un ardoroso discurso presidencial. ¿Qué el final feliz solo podría venir con la lisa y llana expropiación de los expropiadores? El amigo “izquierdista” en el fondo de corazón no cree que haga falta; el clima de época, el deseo o el simple enunciado hará que la AEA y sus satélites firmen la rendición incondicional sin pelear; y si hiciese falta otra cosa ahí estarán sus imaginarias masas concientizadas que están en sus casas a la espera del llamamiento a la rebelión. Gran problema: la clase obrera –después de décadas de derrotas y colonizadas por el pensamiento del Amo- no solamente está a años luz de ser una clase para sí sino que ¡horror! está avergonzada de pertenecer a la misma; por eso es tan nefasto el apriorismo del concepto “pueblo”, presupone algo que no existe (hoy). La reconstrucción del campo popular -y de la clase-es una tarea larga, prolongada en el tiempo, paciente, intensa, de avances exasperantemente mínimos la mayoría de las veces; es ni más ni menos como bien comenta Eric Hobsbawn acerca del pensamiento de Gramsci:
Gran parte de la política de izquierdas incluso hoy en día -y quizá especialmente hoy- se basa así mismo y por razones similares no en la clase obrera real con su organización de masas, sino en una clase trabajadora nominal, en una especie de visión externa de la clase trabajadora o de cualquier grupo susceptible de ser movilizado. La originalidad de Gramsci es que él era un revolucionario que nunca sucumbió a esa tentación. La clase obrera organizada tal como es, y no como en teoría debería ser, fue la base de su análisis y estrategia (…) Se podría argüir que para Gramsci lo que constituye la base del socialismo no es la socialización en sentido económico -es decir, la economía socialmente poseída y planificada (aunque ésta es obviamente su base y su marco)- sino la socialización en sentido político y sociológico, es decir, lo que se ha denominado proceso de formación de hábitos en el hombre colectivo, que hará que el comportamiento social sea automático y eliminará la necesidad de un aparato externo que imponga normas (…)
Lo nuevo en Gramsci es la observación de que incluso la hegemonía burguesa no es automática sino lograda a través de la acción y organización política conscientes (…) Una clase ha de trascender lo que Gramsci denomina organización «económico-corporativa» para llegar a ser políticamente hegemónica; y esta es, a propósito, la razón por la que incluso el sindicalismo más militante sigue siendo una parte secundaria de la sociedad capitalista. De ello se desprende que la distinción entre clases «dominantes» o «hegemónicas» y «secundarias» es fundamental. Porque el principal problema de la revolución es cómo convertir en hegemónica una clase hasta entonces secundaria, que crea en sí misma como una potencial clase dirigente y sea creíble como tal para las demás clases.
Pero como todo esto es mucho trabajo y exige grandes dosis de entrega se deposita en otros la tarea; y esos otros clara y explícitamente no quieren hacer la revolución socialista. Entonces, surge primero la duda, luego el desencanto -pariente también directo de cierto espíritu mágico religioso, nadie se desencanta de algo concreto y palpable- y por último la crítica agria y el pase a la espera del siguiente Mesías. Lo siento señor@s: Para (hoy) aplicar ciertos cambios de fondo e inmediatos en nuestro país haría falta una Revolución, y sangrienta ¿Están dispuestos? ¿Creen que “las masas” saldrán en tropel a apoyar? ¿Creen que la oligarquía y el imperialismo no van a reaccionar? ¿Desdeñan tanto al enemigo? ¿Son un tigre de papel? ¿Sobrevaloran tanto las propias fuerzas?. Y lo peor de todo no es lo estrambótico y criminal de la “guerra” sin medir correlaciones de clases y de fuerzas sino que los amigos se ponen insistentemente por fuera de la misma, como observadores críticos, reservándose el papel de sumos sacerdotes de la pureza de lo accionado. Es más, como ya se mencionó anteriormente ni creen que eso sería un escenario más que probable, con llevar la petición prolijamente escrita al Ministerio de Interior alcanzaría.
Propongamos un programa de mínima, simplemente recurriendo a nuestra rica historia; esto lo firmaríamos todos, son los diez puntos del programa de Huerta Grande de junio de 1962:
  1. Nacionalizar los bancos y establecer un sistema bancario estatal y centralizado.
  2. Implantar el control estatal sobre el comercio exterior.
  3. Nacionalizar los sector claves de la economía: siderurgia, electricidad, petróleo y frigoríficas.
  4. Prohibir toda exportación directa e indirecta de capitales.
  5. Desconocer los compromisos financieros del país, firmados a espaldas del pueblo.
  6. Prohibir toda exportación competitiva con nuestra producción.
  7. Expropiar a la oligarquía terrateniente sin ningún tipo de compensación.
  8. Implantar el control obrero sobre la producción.
  9. Abolir el secreto comercial y fiscalizar rigurosamente las sociedades comerciales.
  10. Planificar el esfuerzo productivo en función de los intereses de la Nación y el Pueblo Argentino, fijando líneas de prioridades y estableciendo topes mínimos y máximos de producción.
¿Lindo, verdad? Bueno, HOY ese programa (que posibilitaría construir casas para todos, mantener a raya a los especuladores, recrear en serio el Estado de Bienestar, terminar con la sojización y la degradación del suelo, etc.) implica lo mencionado anteriormente, una guerra frontal y directa contra las clases dominantes y el extremo consenso ideológico logrado entre las clases medias y aún entre la clase obrera. Y no hay masa crítica para eso, lamento por el que cree que sí, obviando cualquier tipo de análisis más o menos serio. Y para finalizar con el realismo mágico tan argentino creen que aún así podrían seguir disfrutando de sus privilegios de clase.
Este gobierno con sus luces y sus inexplicables claroscuros de esconderse y ponerse a la defensiva –como ahora- solo quiso recrear el mito de la Comunidad Organizada, que únicamente pudo funcionar en un lejano contexto histórico de nuestra historia; el que quiso ver otra cosa estará condenado a ser esclavo de sus wishful thinking. Pero también vale la pena aclarar: Después de esto lo que viene es el revanchismo de clase, el desmonte otra vez, ladrillo a ladrillo sin pausa, de lo mínimamente conseguido; recreado el Capital asumirán sus mandos naturales, con lo que implica. No hay Palacio de Invierno a la vista ni se lo intuye disponible.
 
 

Engels, como Marx, defiende, desde el punto de vista del proletariado y de la revolución proletaria, el centralismo democrático, la república única e indivisa. Considera la república federativa, bien como excepción y como obstáculo para el desarrollo, o bien como transición de la monarquía a la república centralizada, como «un paso adelante» en determinadas circunstancias especiales. Y entre esas circunstancias especiales se destaca la cuestión nacional... Hasta en Inglaterra, donde las condiciones geográficas, la comunidad de idioma y la historia de muchos siglos parece que debían haber «liquidado» la cuestión nacional en las distintas pequeñas divisiones territoriales del país, incluso aquí tiene en cuenta Engels el hecho evidente de que la cuestión nacional no ha sido superada aún, razón por la cual reconoce que la república federativa representa «un paso adelante». Se sobreentiende que en esto no hay ni sombra de renuncia a la crítica de los defectos de la república federativa, ni a la propaganda, ni a la lucha más decididas en pro de una república unitaria, de una república democrática centralizada.

Lenin
El Estado y la Revolución

El «socialismo municipal» es un socialismo limitado a los problemas de la administración local. Lo que se sale del marco de los intereses locales, del marco de las funciones de la administración estatal, es decir, todo cuanto afecta a las fuentes principales de ingreso de las clases dirigentes y a los medios fundamentales de asegurar su dominio, todo cuanto afecta no a la administración del Estado, sino a la estructura del Estado, se sale, por lo mismo, de la esfera del «socialismo municipal» (…) La municipalización no amplía ni agudiza la lucha de clases, sino que, por el contrario, la amortigua. La amortigua porque admite el democratismo local paralelamente a un democratismo incompleto del centro. La amortigua también con la idea del «socialismo municipal», pues éste sólo es concebible en la sociedad burguesa al margen del camino real de la lucha, sólo en los asuntos menudos, locales, sin importancia, en los que hasta la burguesía puede ceder, puede transigir, sin perder la posibilidad de conservar su dominación como clase.

Lenin
El programa agrario de la socialdemocracia en la primera revolución rusa de 1905-1907

El narcotráfico es un problema del Estado Nacional, porque por sus rutas se transportan las sustancias prohibidas por las autoridades sanitarias, dijo no hace mucho un triste y solitario posible candidato a presidente por un partido que en clave de broma o sorna se autodenomina socialista, sacándose de encima la responsabilidad.

El gobierno de la ciudad que nunca debió ser autónoma ideó un sistema de inscripción para las escuelas públicas que está dejando sin vacantes a miles de pibes; no fue incompetencia sino un plan perfectamente ideado para que esos molestos se pasen de una vez a la escuela-negocio privada y no jodan el presupuesto.

En ex participante del golpe de estado policial contra Ricardo Obregón Cano, hoy reconvertido en gobernador de una provincia que supo ser cuna del clasismo, agita la bandera del “cordobesismo”, como si se refiriese a una república autónoma que solo con fastidio y a regañadientes forma parte de la Argentina.

Otros colegas feudales, en la misma sintonía, agitan sus derechos exclusivos sobre la riqueza del subsuelo e inflamados de la falsaria y decimonónica verba rojo punzó firman acuerdos con multinacionales que los quintuplican en poder y lobby pero ante el menor problema le tiran encima sus cuitas al poder central. No cobran tributos al Capital –lo que es decir a su clase- total siempre se tiene a mano el comodín de “la injusta distribución de la coparticipación federal”.

La “gente”, que proclama diálogo pero adora a los gobiernos fuertes siempre que sean W.A.S.P. (¿qué otra cosa fue el gobierno peronista de Carlos Menem?) pasa por alto minucias como diputados truchos o el remate a precio vil de las joyas de la abuela siempre y cuando defiendan sus valores devaluados pero con las eses bien pronunciadas; el constitucionalismo de la conveniencia, siempre clasista.

Si todo es responsabilidad del poder central mejor empezar a hablar de ciertas cosas.

Yo recuerdo exactamente cuando comencé a convertirme en un revolucionario. Fue un día de invierno muy frío, en que un compañero de la escuela primaria se cayó casi congelado en la puerta del edificio donde estaban las aulas. Yo tendría 8 ó 9 años. Vi que ese chico tenía solo el guardapolvo escolar encima de una camisa rotosa. De pronto sentí una profunda vergüenza por mis ropas abrigadas, por mis zapatos y medias de lana. Sentí como si yo le hubiese quitado la ropa a ese chico. Su frío fue para mí un sufrimiento concreto. Sus manos y su cara morada y sus articulaciones rígidas me espantaron como la misma muerte. “Todos somos iguales ante la ley”, decía la maestra. Recuerdo que por esa fecha me empezó a parecer estúpido ser iguales para la ley, y no estar igualmente abrigados para aguantar el frío que era un problema mucho más inmediato y concreto. “Los argentinos somos ricos porque la Argentina es un país riquísimo” seguía diciendo la maestra y citaba largas listas de producción de trigo, carne, azúcar y ventajosas ubicaciones en los rankings de producción en los países del mundo. Sin embargo yo conocía compañeros que no comían nada antes de caminar los cinco kilómetros que los separaban de la escuela, y que aguantaban el hambre hasta la tarde con una batata asada que les daban sus padres al salir de su casa. Esos padres trabajaban cultivando enormes trigales y cuidando centenares de vacas y no tenían más que una batata para darle a sus hijos. La riqueza estaba allí, sin ninguna duda, pero los que la creaban con su trabajo no eran tan ricos como decía la maestra.

Juan Julio “Iván” Roqué
fragmento de una carta a sus hijos

Juan Julio Roqué (uno de los cuadros político-militares más destacados de Montoneros), nacido en Córdoba,  escribió esta carta a sus hijos el día que tuvo que pasar a la clandestinidad y pidió que les sea leída en caso que muriese en combate, como efectivamente sucedió. Docente secundario, Licenciado en Ciencias de la Comunicación y rector de un colegio de enseñanza media, describe al inicio del fragmento que se reproduce más arriba una escena impensada en la Argentina de hoy: Un niño de buena familia, con todos los cuidados y posibilidades en la vida descubre (en un colegio del Estado) que tiene compañeros que no son como él. Puede ver al Otro, palpar su sufrimiento, reconocerlo, sentirlo brutalmente en esa escena primigenia del chico desmayado de frío y hambre ante sus ojos.

La Grieta: Hoy esa escena sería impensada; hoy un Juan Julio Roqué asistiría a una escuela privada y costosa donde se preparan los triunfadores del mañana, sus compañeros vendrían del mismo tipo de familia que la suya e irían a los mismos lugares y compartirían todas las costumbres propias de su clase sin rozarse jamás con el Otro, el escaso de ropas y mal comido; a ese la vida le tiene destinado –en el mejor de los casos- una escuela pública devaluada y careciente de todo en la periferia de la urbe, donde los maestros son a su vez cocineros, asistentes sociales y contenedores de los más diversos dramas: Padres ausentes o alcohólicos, violencia familiar, etc.

Esta formación actual en clave de gens es el verdadero origen de la mentada grieta; cuando no se conocen otros realidades el Otro es el enemigo, el que viene a alterar con su malestar mi bienestar, el destinado entonces a los bastones de la policía (o a ser su ente recaudador vía robos hasta que “quemados” y sin más nada que dar un oportuno “enfrentamiento” silenciará para siempre), al infierno carcelario, a los barrios de la periferia que cada vez son más bantustanes segregados que lugares para vivir, donde el narco recluta su mano de obra barata a falta de otras opciones.

Toda masacre –de alta o baja intensidad- empieza indefectiblemente por la estigmatización: “cucarachas tutsis” en Ruanda, “judíos usureros” en el Tercer Reich, “negros planeros y faloperos” acá; se amplifica en forma agobiante en todos los medios, se agita con todos los prejuicios disponibles a mano (reales o no) y tendrá servido a la mesa el mejor cóctel para saborear la muerte del que ya no es humano, apenas un término despectivo, una molestia a barrer lo más pronto posible, si total ya antes fue barrido de toda condición humana.

Pier Paolo Pasolini, -genial cineasta, marxista, gay- publicó en los inicios de la década del ‘70 dos inquietantes artículos en Il Corriere de la Sera (Dos modestas proposiciones para eliminar la criminalidad en Italia y Mis proposiciones sobre la escuela y la televisión) antes de su muerte que de alguna manera anticiparon y explicaron su asesinato a manos del adolescente marginal Giuseppe Pelosi (nota personal del autor de este blog: cuanto imbécil hoy la juega de “rupturista” por postear algo políticamente incorrecto en Twitter teniendo a este gigante que sí fue un auténtico revulsivo); transcribimos algunos párrafos, donde dice Italia o italianos ponga Argentina o argentinos:

“¿Qué es lo que transformó a los proletarios y subproletarios italianos substancialmente en pequeño burgueses, devorados además por las ganas de serlo también económicamente? ¿Qué es lo que transformó las “masas” de jóvenes en “masas” de criminaloides? Lo he dicho y repetido más de una decena de veces: una “segunda” revolución industrial, que en Italia es la “primera”; el consumismo, que ha destruido cínicamente un mundo “real”, transformándolo en una irrealidad total, en la que ya no hay elección posible entre el bien y el mal. De ahí la ambigüedad que caracteriza a los criminales, así como su ferocidad, producto de la falta absoluta de cualquier tipo de conflicto interior tradicional. Para ellos no hay elección entre el bien y el mal; aunque de todos modos ha habido una elección: se ha optado por el endurecimiento, por la ausencia total de piedad.

En Italia se lamenta la falta de una eficacia policiaca moderna contra la delincuencia. Lo que yo lamentaría, sobre todo, es la falta de una consciencia informada acerca de todo esto y la supervivencia de una retórica progresista que ya no tiene nada que ver con la realidad. Hoy hay que ser progresistas de otro modo, inventar una nueva manera de ser libres: sobre todo al juzgar, precisamente, a quienes han optado por no tener piedad. Hay que aceptar de una vez para siempre el fracaso de la tolerancia, que ha sido, por supuesto, una falsa tolerancia, y una de las causas más importantes de la degeneración de las masas de jóvenes. En definitiva, a la hora de juzgar hay que comportarse en consecuencia y no a priori -ese a priori progresista válido hasta hace unos diez años-.

(…) La escuela obligatoria es una escuela de iniciación a la calidad de vida burguesa: se enseñan cosas inútiles, estúpidas, falsas, moralistas, incluso en el mejor de los casos –es decir, cuando se invita aduladoramente a aplicar la falsa democraticidad de la autogestión, de la descentralización, etcétera: un lío enorme-. Además, una noción sólo es dinámica si incorpora su propio despliegue y profundización: aprender un poco de historia tiene sentido sólo si se proyecta hacia el futuro la posibilidad de una cultura histórica real. De lo contrario las nociones se marchitan, al carecer de futuro nacen muertas, y su función no es otra, pues, que la de crear, en su conjunto, un pequeño burgués esclavo en lugar de un proletario o subproletario libre –es decir, perteneciente a otra cultura que le deja virgen para entender ocasionalmente nuevas cosas reales, mientras está muy claro que el que ha pasado por la escuela obligatoria está prisionero de su ínfimo círculo de saber y se escandaliza ante cualquier novedad-.

(…) En cuanto a la televisión, no quiero añadir más: lo que acabo de decir sobre la escuela obligatoria se multiplica infinitamente con la televisión, puesto que no se trata de una enseñanza sino de un “ejemplo”. Es decir: la televisión no propone “modelos” sino que los representa. Y si los modelos son esos, ¿cómo se puede pretender que la juventud más expuesta e indefensa no sea criminaloide o criminal? Ha sido la televisión la que prácticamente –no es más que un medio-, ha puesto fin a la era de la piedad y ha empezado la era del hedonismo. Una era en la que unos jóvenes a la vez presuntuosos y frustrados a causa de la estupidez y la inalcanzabilidad de los modelos que les proponen la escuela y la televisión tienden inexorablemente a ser agresivos hasta la delincuencia o pasivos hasta la infelicidad –que no es una culpa menor-“.

Notas:

1- Para conocer más acerca de la vida de Juan Julio Roqué recomiendo ver el documental realizado por su hija María Inés, Papá Iván.

2- Para acercarse  a la obra de Pier Paolo Pasolini ir a este enlace

 

- ¿Qué pensó Marx sobre el problema nacional?

La posición histórica del marxismo no ha sido unívoca ni uniforme. En sus primeros escritos Marx y Engels tenían, junto a su humanismo universalista y al internacionalismo, un punto de vista cosmopolita, sintetizado en la expresión “los trabajadores no tienen patria” del Manifiesto comunista (1848). Ese mismo año Engels escribía: “En América hemos presenciado la conquista de México la que nos ha complacido. Constituye un progreso, también, que un país ocupado hasta el presente exclusivamente de sí mismo, desgarrado por perpetuas guerras civiles e impedido de todo desarrollo, un país que en el mejor de los casos estaba a punto de caer en el vasallaje industrial de Inglaterra, que un país semejante sea lanzado por la violencia al movimiento histórico. Es en interés de su propio desarrollo que México estará en el futuro bajo la tutela de los Estados Unidos” (1848). Apenas un año después Engels se pregunta: “¿O acaso es una desgracia que la magnífica California haya sido arrancada a los perezosos mexicanos, que no sabían qué hacer con ella?” (1849). En sus artículos sobre “La dominación británica en la India” (1853) Marx justifica la penetración del colonialismo inglés en el oriente en nombre del “progreso histórico” (aún cuando se queja en el terreno ético de los métodos salvajes de los británicos). En ese horizonte Engels hacía suya la concepción de Hegel sobre los “Pueblos sin historia”, naciones periféricas condenadas, supuestamente, a no tener un estado propio. El triste y erróneo artículo de Marx sobre Simón Bolívar (enero de 1858) constituye probablemente la última prolongación de ese paradigma eurocéntrico, moderno, cosmopolita y progresista del Manifiesto comunista. A partir de allí Marx y Engels revisan su propia teoría, amplían notablemente su mirada del mundo (empiezan a hacerlo estudiando el comercio exterior de Inglaterra y sus colonias), comienzan a simpatizar con las rebeldías del mundo periférico, colonial y dependiente y reflexionan agudamente sobre el problema nacional desde un ángulo completamente distinto. Desde fines de la década de 1850 y sobre todo en las de 1860 y 1870, abandonan el cosmopolitismo, conservando el internacionalismo, pero articulado ahora con una mayor comprensión del problema nacional. En su trayectoria teórica y científica se produce una fuerte discontinuidad y un viraje donde radicalizan su crítica del capital europeo occidental y su expansión “progresista” que aplasta los pueblos y somete las naciones de la periferia colonial o dependiente. Irrumpen entonces en su producción teórica India, China, Birmania, Rusia, Persia, islas Jónicas, América Latina, África e incluso en el interior de Europa las “atrasadas” Irlanda, Polonia y España.

- ¿A qué conclusión política llegan Marx y Engels a partir de ese viraje teórico?

Estudiando en 1854 la revolución española Marx lee una frase programática y emblemática que lo deslumbra, pronunciada en 1810 por el indio americano Dionisio Inca Yupanqui en las cortes de Cádiz: “Un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre” (Yupanqui se refiere a la opresión del pueblo español sobre los pueblos indígenas y mestizos de Nuestra América). Marx la hace suya y la aplicará en 1869 cuando se ocupe de Irlanda, reformulando la expresión de Yupanqui para el caso del proletariado inglés y el pueblo de su colonia Irlanda (Lenin utilizará reiteradamente la expresión que Marx adopta del indígena Yupanqui en sus escritos sobre la cuestión nacional, lo cual demuestra que los americanos hemos contribuido también a la gestación del marxismo, incluso del marxismo clásico europeo).

El proletariado inglés —supuestamente depositario de “la misión civilizadora del progreso”— no liberará las colonias; son las colonias las que se liberarán a sí mismas, posibilitando la emancipación del proletariado metropolitano. Una inversión completa del eurocentrismo colonial y del cosmopolitismo “progresista”.
Esa crítica ácida contra el eurocentrismo y el euro occidentalismo desarrollada en sus escritos sobre China de 1853 y en los Grundrisse [primeros borradores de 1857-58 de El Capital] se profundizará aún más en la carta de Marx de 1877 a la redacción del periódico ruso Anales de la patria y en los extensos borradores de su correspondencia de 1881 con Vera Zasulich, así como también en sus Apuntes etnológicos de 1880-1882. En todos esos materiales de madurez Marx ubica en el centro de sus reflexiones teóricas a la periferia del sistema mundial capitalista, al mundo colonial y dependiente, sometiendo a crítica la mirada cosmopolita, ingenuamente apologista del “progreso”. Abandona terminantemente el cosmopolitismo y defiende con entusiasmo las causas nacionales de Irlanda, Polonia y otros países sometidos que luchan por su liberación nacional. Incluso en esa época, según revela su correspondencia, simpatiza abiertamente con los métodos de lucha armada de los irlandeses y los populistas rusos que realizan atentados contra el zar. En su corpus teórico de madurez el eje se desplazó del centro europeo a las periferias coloniales y dependientes. Marx no duda en apoyar la lucha armada de estos pueblos rebeldes.
¡Cuánto desconocimiento y cuanta ignorancia sobre Marx tienen los supuestos “eruditos” académicos del marxismo que utilizan frases sueltas y descontextualizadas de este genio del pensamiento para desconocer el papel del imperialismo contemporáneo, apoyando bochornosamente con jerga “de izquierda” y poses supuestamente “internacionalistas” los bombardeos neocoloniales del Pentágono y la OTAN en Libia, las guerras de saqueo en Afganistán e Irak, las intervenciones norteamericanas en Siria y Venezuela y muchas otras hazañas “humanitarias” del imperialismo! Desde ese ángulo, pretendidamente cosmopolita y eurocéntrico, han llegado a apoyar a Margaret Thatcher y su aventura neocolonial en nuestras islas Malvinas, donde la OTAN construyó una base militar nuclear.

- ¿Cuáles han sido los debates históricos en el marxismo posterior a Marx en torno a la cuestión nacional?

Después de Marx lamentablemente la Segunda Internacional desconoce el viraje teórico del maestro, retrocede y vuelve a incurrir en el peor eurocentrismo. Para la socialdemocracia el socialismo es cuestión de gente blanca, urbana y europea. Así pensaban H. van Kol, Emilio Vandervelde y muchos otros reformistas. En el congreso de la II Internacional de 1907, en Stuttgart, las posiciones que declaraban “no repudiar ni en principio ni para siempre toda forma de colonialismo, el cual, bajo un sistema socialista, podría cumplir una misión civilizadora” ganaron la adhesión de casi la mitad de la Internacional. Patético. Sólo Lenin y Rosa Luxemburg (aún discrepando entre sí sobre Polonia) se animaron a arremeter contra semejante engendro eurocéntrico. Lenin fue el más radical planteando como programa político estratégico la doctrina de la autodeterminación de las naciones, sin vasallaje imperial o colonial de ningún tipo, ni “humanitario”, ni “civilizado” ni “socialista”.

De este modo Lenin abre el comunismo e incorpora en la revolución mundial a todas las culturas y naciones del Tercer Mundo. Ho Chi Minh recuerda en sus memorias cómo se puso a llorar de emoción cuando leyó a Lenin, pues hasta ese momento la Internacional era cosa de “blancos europeos y civilizados”. Los amarillos, los negros, los indígenas, los mestizos y todo el mundo colonial, semicolonial y dependiente no entraban en “el colonialismo socialista” de la Segunda Internacional. Pero la apertura y el brillo de Lenin duraron poco. Tras su muerte, Stalin sacrifica el internacionalismo alcanzado subordinándolo a la razón de Estado y al interés estatal de Rusia con su doctrina del “socialismo en un solo país” que no sólo no resolvió el problema nacional sino que multiplicó una serie infinita de discordias y odios nacionales en los pueblos y culturas a los que se les negó la autodeterminación y se les impuso el idioma ruso por la fuerza.
En términos generales, en todos esos casos—desde el eurocentrismo occidentalista hasta la posición leninista de la autodeterminación de las naciones— la disyuntiva giraba en torno a naciones ya constituidas oprimidas por grandes potencias.
En nuestra América Mariátegui aborda el problema desde un nuevo ángulo, ya que en nuestro continente las naciones no están plenamente constituidas. Las repúblicas heredadas de las primeras guerras de independencia (donde Bolívar y San Martín triunfan sobre el colonialismo europeo) son repúblicas bananeras hegemonizadas por las mezquinas y miopes clases dominantes criollas, patrias chicas y retazos fragmentados de la Patria Grande bolivariana. De la gran nación unificada a escala continental con la que soñaba Bolívar pasamos —gracias a la mano pérfida de Inglaterra y Estados Unidos— a más de 20 republiquetas, enemistadas entre sí (a tal punto que en Centro América hubo guerras hasta por el fútbol), que además oprimen a los pueblos originarios con una institucionalidad burguesa y oligárquica. Por eso Mariátegui reformula “la cuestión nacional” de los clásicos del marxismo europeo desde un ángulo muy novedoso. A partir de la revolución cubana y el auge de la insurgencia continental de los 60 y 70, comienzan a reivindicarse las primeras guerras de independencia de la Patria Grande como parte constitutiva del proyecto socialista y comunista contemporáneo.

- ¿Cómo pensás que pueden articularse las luchas de liberación nacional o las reivindicaciones identitarias particulares, con la lucha anticapitalista y por el socialismo que es profundamente internacionalista?

La fórmula clásica según la cual la revolución socialista es “internacional por el contenido, nacional por la forma” me resulta hoy un poco esquemática. No creo que la identidad nacional latinoamericana sea simplemente un problema de “forma”, una presentación “folclórica”, externa y decorativa de algo que ya está completamente masticado y acabado. No existe un modelo universal (extraído de Europa occidental) que “se aplica” mecánicamente país por país, según las variaciones idiosincráticas del folclore local. La historia nacional está presente también en el contenido de las revoluciones de liberación nacional y social. Ejemplo: para la revolución cubana la herencia de Martí no es un adorno decorativo externo sino parte de su misma conformación y gestación histórica.
Por otro lado, no pondría en el mismo plano las luchas de liberación nacional a escala continental —sobre todo en perspectiva bolivariana, a escala de la Patria Grande— y los conflictos de dominación clasista —la lucha de clases— junto con los problemas de reivindicaciones identitarias, como la cuestión de género y las múltiples opciones de diversidad sexual, la cuestión del racismo u otras análogas. Todas esas perspectivas de análisis son legítimas y validas ya que abordan distintos tipos de opresión bajo el capitalismo pero se desarrollan y despliegan en planos diferentes de la lucha, no siempre equivalentes ni simétricos. ¿Dónde estaría la diferencia específica entre estas problemáticas? En su capacidad de aglutinar, convocar y articular rebeldías diversas contra el sistema capitalista. La Academia norteamericana y la francesa han elaborado y difundido una cantidad abrumadora de literatura teórica y política destinada a convencer al movimiento popular de que el mejor de los mundos posibles gira en torno a las luchas de gueto, a las reformas institucionales puntuales, a los juegos de lenguajes recíprocamente ajenos, intraducibles e inconmensurables de cada movimiento social. Esas academias y el pensamiento posmoderno han insistido durante 30 años que cualquier articulación totalizante que reúna las múltiples rebeldías en un frente común contra el capitalismo y el imperialismo es… “opresiva”, “sustitucionista” y en última instancia “totalitaria”. Curiosamente para ser libertario y políticamente “radical”… hay que conformarse con reformas institucionales que den cuenta de identidades particulares (por ejemplo, leyes antirracistas que protejan al pueblo judío de la marginación, ley del matrimonio igualitario para el movimiento gay, programas de discriminación positiva para los negros y negras afrodescendientes, etc.). Reformas institucionales en defensa de “la diversidad” plenamente compatibles con el sistema capitalista. No casualmente en EEUU, la potencia imperialista más opresiva, vigilante y represora del mundo (como reconocen el más teórico Noam Chomsky o el más práctico Snowden), hay generales gays, un presidente negro, ministros de origen judío y torturadoras mujeres. Un gran respeto por “la diversidad”… siempre dentro del capitalismo y el imperialismo, por supuesto.
A contramano de posmodernos y multiculturalistas, el gran desafío del marxismo revolucionario latinoamericano consiste en poder articular todas las rebeldías multicolores en un proyecto colectivo de hegemonía socialista apuntando a construir a escala de la Patria Grande ese sueño inacabado e inconcluso de Simón Bolívar cuando dijo “Para nosotros la patria es América”, así como para Martí “Patria es humanidad”. El socialismo y el comunismo internacionalistas no son grises, tienen múltiples colores. El rojo, si quiere triunfar sobre el capitalismo y el imperialismo, tiene que ser la síntesis integradora y aglutinadora de ese arco iris multicolor donde no pueden estar ausentes la identidad cultural de nuestros pueblos y la emancipación nacional de la Patria Grande, proyecto todavía inconcluso de nuestros primeros libertadores y libertadoras.

- ¿Cómo se ha pensado la cuestión nacional desde el guevarismo? ¿Cómo la abordó el PRT de Argentina?

El Che Guevara no es una estrella solitaria, sino uno de los máximos exponentes de la revolución cubana y latinoamericana. Esa revolución se inspira, ya desde el asalto al cuartel Moncada de 1953, en el programa de José Martí. Más tarde, habiendo triunfado sobre el enemigo imperialista y la burguesía lumpen, mafiosa y prostituída de la isla, la revolución cubana sintetiza su mirada del problema nacional en la Segunda Declaración de La Habana, combinando tareas nacionales-antimperialistas con las específicamente socialistas. Hijo de ese horizonte, el Che comunista e internacionalista, recupera al mismo tiempo a San Martín (discurso del 25 de mayo de 1962 en La Habana), a Bolívar (en sus Cuadernos de lectura de Bolivia) y a Martí (en “Notas para el estudio de la ideología de la revolución cubana”). Según Pombo, sobreviviente de la guerrilla de Bolivia, el Che compartía con sus compañeros las lecturas sobre Juana Azurduy y la guerra de guerrillas de las republiquetas del Alto Perú contra el colonialismo español. Aprendiendo del Che, diversos exponentes del guevarismo latinoamericano se esforzaron por sintetizar el método, la concepción del mundo y de la vida y la ideología marxista con las tradiciones nacionales indo-latino-nuestroamericanas. Desde Carlos Fonseca a Miguel Enríquez, desde Raúl Sendic a Roque Dalton, desde Camilo Torres a Manuel Marulanda Velez, incluyendo en esa familia continental al argentino Mario Roberto Santucho.
No casualmente el PRT [Partido Revolucionario de los Trabajadores] elige la bandera latinoamericana (no sólo argentina) del ejército de los Andes de San Martín para identificar sus emblemas en la fundación del ERP [Ejército Revolucionario del Pueblo]. Plantear que “no hay nada que reivindicar de la lucha independentista del siglo 19 porque allí no había obreros” me parece expresión de una aguda ignorancia e incomprensión del marxismo y de su metodología histórica. Ese internacionalismo abstracto, pretendidamente cosmopolita e ignorante de nuestra historia en nombre del “clasismo”, está más cerca del tímido reformista Juan B. Justo (que nunca entendió ni al colonialismo ni al imperialismo) que del Che Guevara, Lenin y sobre todo del propio Marx.

- ¿En qué sentido pensás que los sentidos atribuidos y asignados a la noción de patria, a los símbolos nacionales, forman parte de la disputa ideológica?

Julio Antonio Mella solía repetir que la palabra “patria” en manos de la burguesía es como un tambor, suena muy fuerte pero está vacía. En cambio cuando son los sectores populares los que apelan a la tradición patriótica y nacional, el concepto de “patria” adquiere un sentido completamente distinto. Fundamentalmente en países como los nuestros, donde la dependencia jamás desapareció (incluso se profundizó), aunque la palabra “dependencia” haya circulado menos en la academia de los últimos 30 años. Que se utilice menos la palabra no significa que haya desaparecido la realidad que ese término designa. Lejos estamos del giro lingüístico donde todo queda prisionero del lenguaje y se evapora la realidad social. Más allá de los discursos y las palabras hay un mundo. En ese mundo social existe lucha de clases. En el ámbito de la cultura y la reproducción cotidiana del orden social, nada queda al margen de esa lucha de clases. Incluyendo la historia nacional y sus símbolos patrios. El San Martín de Videla (supuestamente un general blanquito y europeo, enemigo de Bolívar) y el de Robi Santucho o Rodolfo Walsh (concebido como un patriota latinoamericano, defensor de la Patria Grande, amigo y compañero de Bolívar) no sólo son distintos sino opuestos y antagónicos. El mismo año (1970) en que el genocida y torturador ejército argentino financiaba y producía la película El Santo de la Espada sobre San Martín, el ERP adoptaba su bandera como símbolo revolucionario. Quien controle el pasado, manejará el presente escribía George Orwell. Emancipar el pasado para liberar el futuro es la tarea del momento. La disputa del año 2010 por el Bicentenario de la independencia lo ha demostrado de manera muy clara.

- ¿Qué baches encontraste en la historia oficial cuando estudiaste los procesos de revoluciones de independencia en América latina y en el Río de la Plata?

En primer lugar, el eurocentrismo, que sigue gozando de prestigio hoy en día, bajo diversos ropajes. “Nuestra América se liberó… gracias a la invasión napoleónica de España. Napoleón es un derivado de la revolución francesa. Por lo tanto, sin revolución francesa, no existiría la independencia de Nuestra América”. Un relato sesgado, unilateral, deformado, que desconoce 500 años de resistencia continental y el ciclo que inician Tupac Amaru en 1780 y Haití una década después y que sólo concluye en 1824 con la batalla de Ayacucho. El historiador francés Pierre Chaunu —repetido en las academias hasta el cansancio— lo sintetizó diciendo que los latinoamericanos no nos independizamos, recibimos (como un regalo) la independencia. Falso, miserable, altanero y petulante.
En segundo lugar, la construcción de mitos, falsas dicotomías y panteones de la escuela del general Bartolomé Mitre, continuados por Sarmiento y Levene, a quienes se agregaron la Academia Argentina de la Historia (núcleo del gorilaje académico) y el Instituto Nacional Sanmartiniano (fundado por el ultracatólico José Pacífico Otero en el Círculo Militar). Esta corriente opone San Martín contra Bolívar, pretende desconocer el Plan revolucionario de operaciones de Mariano Moreno y condensa un elitismo insoportable. Eso en cuanto a la historia oficial, de factura liberal-conservadora y brutalmente eurocéntrica.

Por oposición a ella, el revisionismo rosista y católico, invirtió la ecuación liberal dejando intactos los términos. San Martín se convierte en un represor, la mazorca rosista en un modelo a imitar y así de seguido.
La historiografía mitrista liberal fue luego reemplazada en la historia oficial y en la Academia por el relato posmoderno según el cual rastrear las raíces de las luchas independentistas es incurrir en un supuesto “mito del origen”, una impugnación que apunta a deslegitimar todo lo que contribuya a fortalecer la memoria histórica y la autoestima popular, dimensiones fundamentales de cualquier resistencia y proyecto revolucionario. Para el posmodernismo todo es “mito” menos… el mercado, la republica parlamentaria y el capitalismo.
Finalmente me encontré con la producción historiográfica de gente bien intencionada, con voluntad de fidelidad a Marx (en general al Marx cosmopolita previo a su viraje sobre el problema colonial y nacional), pero que seguía presa de modelos eurocéntricos y tipos ideales extraídos de la revolución industrial inglesa y la revolución política francesa. Una metodología que les impedía, a pesar de sus buenas intenciones, ajustar cuentas y hacer un beneficio de inventario con la historia apologética y oficial de la burguesía argentina. Para esta corriente, Sarmiento es un ídolo (tanto en el caso de la historiografía del stalinismo como en la del trotskismo), Bolívar un populista bonapartista y la clave de nuestra historia está en…. “el desarrollo de las fuerzas productivas”. Por lo tanto, la mayor parte de las resistencias frente al colonialismo europeo terminan condenadas “porque no tenían un programa para desarrollar las fuerzas productivas”. En nombre de Marx, se termina coincidiendo con el aplauso apologético a los vencedores y la condena a los que resistieron. En algunos casos extremos se termina insultando a Bolívar para aplaudir a Bernardino Rivadavia (su gran enemigo argentino, paralelo a su enemigo colombiano Santander) o incluso se festeja la feroz y mugrienta guerra al Paraguay porque supuestamente…. “desarrolló las fuerzas productivas”.
Frente a tantos equívocos historiográficos defendemos la pertinencia de una nueva mirada de nuestra historia, desde abajo y desde un ángulo marxista latinoamericano y descolonizador. Una nueva mirada de nuestras guerras de independencia y de nuestra lucha de clases, que reivindique con orgullo y con honor a nuestros miles y miles de masacradas y asesinados mientras resistían y luchaban heroicamente contra el colonialismo, hayan tenido o no un programa completo y explicitado hasta el más mínimo detalle para desarrollar las fuerzas productivas.

- ¿Por qué y qué reivindicar de la figura de Bolívar?

De Bolívar reivindicamos su proyecto de liberación continental (independencia de España pero también integración regional y unidad continental), la conjugación de la lucha nacional y social (liberación de la esclavitud 50 años antes que EEUU y emancipación de la servidumbre de los pueblos originarios), su antimperialismo (identifica estratégicamente a EEUU como enemigo histórico de Nuestra América) y su doctrina político militar revolucionaria del pueblo en armas, condición de su triunfo sobre el colonialismo europeo luego de varias derrotas.
Bolívar constituye hoy un símbolo de rebeldía continental, como el Che Guevara quien, dicho sea de paso, era un convencido bolivariano (en su mochila guerrillera de Bolivia Guevara tenía reproducido el poema de Neruda en homenaje a Bolívar donde éste declara “despierto cada 100 años cuando despierta el pueblo”). Su visionario proyecto de Patria Grande, todavía inconcluso y pendiente, se ha tornado más actual que nunca en tiempos de globalización. La Patria Grande soñada por Bolívar (compartida por Miranda, San Martín, Mariano Moreno, Artigas y tantos otros y otras) nace en sus escritos en la Carta de Jamaica de 1815 y en el Congreso de Panamá de 1826 enfrentando la doctrina Monroe de 1823 cuyo lema “América para los americanos” condensa el proyecto geoestratégico del imperialismo norteamericano. No es casual que los documentos de Santa Fe IV, elaborados por los estrategas político-militares del Pentágono, identifiquen a Simón Bolívar (junto con la teología de la liberación y Antonio Gramsci) como uno de los principales enemigos actuales de Estados Unidos.

(Entrevista a Néstor Kohan para el periódico «LA LLAMARADA»)

Con delay: Living Colour en el Gran Rex, 12/09/2013

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Por motivos de tiempo no pude escribir esta pequeña crónica en su momento pero bien vale la pena hacerlo ahora porque quiero rescatar cosas que los periodistas especializados suelen pasar por alto y que para mí, por diversos motivos, son importantes. Es sabido que por razones de costos los músicos de afuera suelen llegar a estas costas si tienen alguna fecha programada en otro país, especialmente Brasil y así fue en esta ocasión, donde al día siguiente del show en Buenos Aires se presentaron en el Rock in Río.

El motivo-excusa del show fue festejar los 25 años de la salida del (genial) primer CD de la banda, Vivid (1988), plagado de futuros hits como Cult of Personality, Open Letter (to a Landlord), Glamour Boys y What’s Your Favorite Colour?. Tocaron el disco entero –por eso quedó afuera del set list un temazo como Solace of You (de Time’s Up, 1990)- y para los bises hicieron Should I Stay or Should I Go de los Clash y Sunshine of Your Love de Cream, donde invitaron a cantar a Tarja Turunen (ex Nightwish), quién vive en nuestro país; no hace falta decir que Tarja es una cantante de la ostia pero para ser sincero en verdad su estilo de canto operístico -para mi gusto- no pegó demasiado con el tema ni el estilo de la banda. Si bien la carrera de los Living Colour no es muy prolífica en cuánto a discos editados se puede afirmar sin ninguna duda que a influenciado a un montón de bandas; calificados alguna vez como los únicos negros que pueden tocar heavy metal su estilo es único. Sí, hacen heavy metal (Cult of Personality quizás el el ejemplo más claro) pero es solo una parte, todo va mixturado con hip-hop, soul, funk y hasta se le animan al straight ahead.

El show: Potentísimo, caliente, con los músicos dando lo mejor de sí; impresionante la base formada por Doug Wimbish (bajo) y Will Calhoun (batería), con toda la técnica, el ardor y el groove que necesita un cuasi power trio, no pifiaron una. Vernon Reid (guitarra), un monstruo, no solo los punteos incendiarios y a toda velocidad que le son conocidos también sabe manejar sutiles arpegios y arreglos y párrafo aparte para Corey Glover (voz), 49 años y con las cuerdas vocales intactas; obvio que ya no puede usar las calzas de su juventud pero mantuvo la voz durante todo el show (y hay que estar casi todo el tiempo cantando bien arriba). Todos hiperprofesionales sin perder la frescura.

Lo mejor: La hermosa sensación de músicos que rondan todos los 50 años y que se mantengan tan en forma sin robar con un pasado de gloria. Muy buena también la duración, 1h 40’ contando los bises, será que ya estoy viejo pero los shows kilométricos suelen ser aburridos, sobre todo cuando se rellenan con esas partecitas de egos personales prescindibles llamadas solos. Teatro lleno, con entradas a $400 y un jueves, tremenda la crisis en Argentina.

Sonido: Muy bueno, salvo pequeños desfasajes (como en el solo de batería de Calhoun). Otra certeza: No hay nada como ir a ver un show a un teatro, por acústica y porque tenes a los músicos cerca sin boludos saltando al lado tuyo y coreando sobre los riffs, como suele suceder en los estadios. Muchachos, el único coreo digno es el que hacen en Simphony of Destruction (Megadeth, aguante Megadeth…), vayan a la cancha a cantar, yo quiero escuchar a los músicos, no a ustedes. Hubo algún intento de cantito futbolero pero no pasó de ahí.

Lo peor: La infaltable demagogia de la bandera argentina, algún productor debería decirles a los músicos que siempre es un detalle de mal gusto; el sonido en los bises (¿para que subirlo a 110db de presión sonora?), el atraso en el inicio del show (40’ de demora), el solo de batería (Calhoun, sos capo, no hacía falta ni nadie se pone en éxtasis por la oscuridad y los palillos con leds). Todas cosas mínimas comparadas con el resto.

Calificación: 5 Gramscis – Excelente

 

Open Letter to a Landlord by Living Colour on Grooveshark

El Trotskismo al servicio del Imperialismo

En la imagen: arriba marcha en Argentina de Izquierda Socialista, integrante de unión transitoria de empresas autodenominada Frente de Izquierda y de los Trabajadores,  los mismos que agitaron con entusiasmo las banderas rojas en los actos de la oligarquía durante el intento de golpe agro-patronal del 2008; debajo, banner del sitio de la Corriente Roja de España, afiliado a la Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional

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No hay ninguna duda de que Siria es ahora el principal lugar de expansión imperialista. Estados Unidos dice abiertamente que está apoyando, financiando, armando la oposición. No tienen nada de rebeldes, de disidentes, de demócratas, son bandas de terroristas que operan con el respaldo imperial que son un conglomerado de liberales, asaltantes, terroristas, fundamentalistas. No hay nada democrático, no hay nada nacionalista, no hay nada en este conglomerado que pudiéramos decir que representa la voluntad del pueblo sirio. El pueblo sirio tal vez tiene sus críticas a Al Assad, tal vez quiera cambios, pero no a partir de la intervención imperialista, son ellos que quieren decidir su futuro democrático, pacífico e independiente. No quieren pasar del gobierno de Al Assad a un dominio imperialista. Eso es muy claro y debemos respetarlo y poner mucha distancia de las bandas trotskistas que han apoyado esta intervención imperialista llamándola revolución democrática. Otra vez tenemos un ejemplo de este fallo de los trotskistas que confunden sus ilusiones con las realidades en el mundo.

James Petras

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Los “combatientes de la libertad” trotskistas, curiosamente fanáticos religiosos wahabistas que quieren terminar con el último estado laico de Medio Oriente, ejecutando soldados del ejército sirio:

Otro “compañero revolucionario”, que para llevar la luz de la revolución socialista pura e inmaculada se come el corazón de un soldado sirio muerto:

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No hay sorpresas, ya lo dijo Fidel hace muchos años atrás: El trotskismo, instrumento vulgar del imperialismo y la reacción

Ahora, en cualquier parte del Conurbano profundo

Donde lo nuevo es lo viejo y viceversa

Tropa PJ de Elite de Karl Albert en Vimeo.

Decíamos que decíamos hace un tiempo, antes de las PASO…

Lo escribíamos también, allá por febrero: El Plan está

Panic Show

pánico, ca.

(Del lat. panĭcus, y este del gr. Πανικός).

1. adj. Referente al dios Pan.

2. adj. Se dice del miedo extremado o del terror producido por la amenaza de un peligro inminente, y que con frecuencia es colectivo y contagioso. Usado también como sustantivo masculino.

tener pánico a alguien o algo.

1. loc. verb. Tener temor.

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Quedándote o yéndote by Luis Alberto Spinetta on Grooveshark

Jean-Loup Amselle
P- ¿Cree usted que asistimos a un aumento de las reivindicaciones identitarias?

R - Yo creo que asistimos a un doble fenómeno de reivindicación identitaria. Como muestro en mi libro, vemos reivindicaciones simétricas; por una parte, crecen las reivindicaciones minoritarias por parte de los grupos que se sienten discriminados, oprimidos, marginados: los “negros”, los “mestizos”, pero igualmente toda la movida LGBT, e incluso, ahora, los disminuidos con necesidades especiales. En conjunto, asistimos a un fenómeno de captación de esas reivindicaciones por los que yo llamo “empresarios de etnicidad y de memoria”. Hablan en nombre de esos grupos, constituidos por ellos mismos y de los que se proclaman portavoces, a fin de monopolizar en beneficio propio unas reivindicaciones inicialmente poco articuladas y muy dispersas. En efecto, ya se trate de categorías étnicas o de fenómenos de “género”, los “miembros” de esos grupos no se proclaman permanentemente como parte de ellos. Un “negro” o un “mestizo” no se define constantemente como tal. La identidad es múltiple, está en función del contexto de interlocución, de tal o cual persona con la que dialogas. A la inversa, las reivindicaciones monopolizadas por esos empresarios de etnicidad y de memoria encierran a los actores sociales en mono identidades (…) el discurso público está literalmente infestado por el culturalismo, con una tendencia al a distribución identitaria que me parece muy dañina.

P - ¿Por qué se han multiplicado estas reivindicaciones minoritarias en estos últimos tiempos?

R - Esto va ligado al declive de lo social. Ese declive junto con el del universalismo es continuo desde 1968. Es un fenómeno lento, que procede también de la descalificación del prisma analítico del marxismo, habida cuenta de la difamación sufrida por el marxismo como intrínsecamente vinculado al totalitarismo. Esa difamación del marxismo ha facilitado, en la coyuntura postsesantaiochesca, postmoderna, postcolonial, la substitución de un análisis en términos horizontales y de clases por una manera de cortar la sociedad en capas y rebanadas fragmentarias, lo que yo llamo las “entalladuras verticales”. Esta temática de los “fragmentos”, de la multitud, ha sido notoriamente formalizada por Toni Negri, pero también por toda la corriente conocida internacionalmente como French Theory. Esas identidades verticales (negro, mestizo, LGTB) se ven como más “glamorosas” que las identidades horizontales de clase. Esa izquierda gafa pasta, “etno eco bobalicona” preferirá, pues, las capas urbanas, los jóvenes, las minorías, etc.

P - A pesar de todo, esos “empresarios de etnicidad y de memoria” a que usted se refiere, ¿no tienen su utilidad? Las discriminaciones existen, y de qué manera...

R - Desde luego. A menudo se me contesta con este argumento. Pero yo no niego eso, en absoluto. ¡Claro que existen las discriminaciones! ¿Pero qué hay que poner en el primer plano? ¿Esas discriminaciones o la cuestión social? En lo que a mí hace, creo que la “discriminación positiva” esa incierta traducción de la affirmative action norteamericana es una tontería. Lo fundamental, a escala mundial, y particularmente en los países desarrollados, es el crecimiento de las desigualdades. Las discriminaciones distan por mucho de ser un fenómeno irrelevante, pero yo las veo como un fenómeno en segundo plano, al que se pone en primer plano para enmascarar las crecientes desigualdades de ingresos en los países desarrollados. La discriminación positiva, que buscar mitigar esas discriminaciones, resulta, por lo demás, perfectamente compatible con la economía liberal. Por otra parte, todo eso va de la mano del auge de fenómenos de marketing étnico. Ya se sabe, el mercado no se dirige a individuos atomizados, sino a categorías de clientelas. Las empresas saben muy bien que hay que segmentar el mercado. Así han logrado crear un mercado de cosméticos para negros, un mercado hallal para los musulmanes, un mercado dirigido a los gays, etc.

P - ¿De verdad cree usted que eliminando las desigualdades económicas desaparecerían las discriminaciones?

R - No. Yo no he dicho tal cosa. Lo repito: el racismo y las discriminaciones existen. Los negros y los mestizos tienen prohibida la entrada en ciertas salas de fiestas, nadie lo niega... Simplemente, lo que hay que hacer es luchar contra el racismo, contra quienes discriminan. Y eso no se hace buscando promover la supuesta “identidad” de los “grupos” constituidos.

P - ¿Qué replica usted a quienes consideran que el racismo vendría de arriba, que sería insuflado en el pueblo por las elites?

R - No estoy en absoluto de acuerdo con eso. ¿De qué elites estamos hablando? Si se habla de la elite política, se puede, en efecto, constatar la radicalización de la derecha, notoriamente con Nicolas Sarkozy. Pero esa derechización ha sido posible por varios factores. Por lo pronto, por el alejamiento del recuerdo de la II Guerra Mundial y el hecho de que el gaullismo haya dejado de existir. Luego, porque el descrédito lanzado sobre el comunismo y el marxismo ha privado a
la izquierda de su papel de verdadero contramodelo. En lo que hace a la izquierda multicultural y postcolonial, hay que decir que alimenta el fenómeno (…) Lo que una vez más demuestra la urgencia de alejarse de los planteamientos “societales” y regresar a lo social. Es preciso adaptarlo, pero hay que rehabilitar el marxismo. Eso, por una parte. Por otra, hay que recuperar el hilo republicano universalista.


Un extracto de “Hay que alejarse de planteamientos etnicistas y volver a la lucha de clases”
Entrevista a Jean-Loup Amselle, antropólogo africanista marxista

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