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Últimamente han crecido como hongos en terreno húmedo los desencantados del “kirchnerismo”; los hay de varios tipos: Desde los más previsibles, como todo el peronismo oficial peronista de Perón pura sangre 100% –es decir la derecha peronista- que solo se bancaron a regañadientes a la sucia montonería gobernante porque no había otro paraguas donde acovacharse pero ahora que huelen calas retoman sus viejas obsesiones macartistas pasando por supuestos izquierdistas que, imposibilitados por pereza intelectual y falta de voluntad de construir algo por si mismos, depositaron en el Movimiento sus sueños de revolución sin pensar que el PJ jamás se propuso tamaña empresa, siguiendo por arribistas de toda laya que su máxima aspiración detrás de la verborrea refundante solo fue escalar en la nomenklatura a título personal (cuyo símbolo mas acabado es un triste borrachín de módica escritura que no dejó programa de radio y tv afín al gobierno sin recorrer y ahora es un patético opositor con delirios místicos a la espera del contrato salvador en los medios de la AEA) y terminando por los integrantes de lo que genéricamente podríamos denominar la izquierda peronista que no terminan de digerir (o esconden en el fondo del alma) que pertenecen a un partido que pasó por la experiencia neo-con Menem, con el apoyo entusiasta de los más y el silencio –cómplice- de los menos. Viene a cuenta rememorar esto último porque no existe en la historia mundial un partido político que pase por una experiencia así sin cambiar sus postulados para siempre; de la justicia social a la destrucción del Estado de Bienestar, de la soberanía política al alineamiento sin fisuras con el Imperio, de la independencia económica a entregarla a los pies del FMI y el Banco Mundial. El PRI mexicano –primo hermano del PJ- es un buen ejemplo de lo mencionado, desde el pionero Salinas de Gortari hasta acá. Como lo de la derecha peronista era bien predecible –sólo una gran cuota religiosa y anti-cartesiana pudo generar alucinaciones como llamar “compañeros” a Hugo Moyano e Hijos SA- me detendré en el resto.
Los “izquierdistas” viven pasando por distintas experiencias políticas a la espera del milagro pero sin pringarse con las contradicciones del poder y la gestión; soñadores eternos de un país imaginario no aceptan que a la guerra no se puede ir con un cuchillo de palo. Así todo pasaría por una cuestión de voluntad: La nacionalización de la banca y el comercio exterior o la recreación de la Junta Nacional de Granos es solo una firma en un expediente más, únicamente demorada por algún burócrata enquistado. La lucha contra las corporaciones especuladoras tendría su final feliz simplemente con un ardoroso discurso presidencial. ¿Qué el final feliz solo podría venir con la lisa y llana expropiación de los expropiadores? El amigo “izquierdista” en el fondo de corazón no cree que haga falta; el clima de época, el deseo o el simple enunciado hará que la AEA y sus satélites firmen la rendición incondicional sin pelear; y si hiciese falta otra cosa ahí estarán sus imaginarias masas concientizadas que están en sus casas a la espera del llamamiento a la rebelión. Gran problema: la clase obrera –después de décadas de derrotas y colonizadas por el pensamiento del Amo- no solamente está a años luz de ser una clase para sí sino que ¡horror! está avergonzada de pertenecer a la misma; por eso es tan nefasto el apriorismo del concepto “pueblo”, presupone algo que no existe (hoy). La reconstrucción del campo popular -y de la clase-es una tarea larga, prolongada en el tiempo, paciente, intensa, de avances exasperantemente mínimos la mayoría de las veces; es ni más ni menos como bien comenta Eric Hobsbawn acerca del pensamiento de Gramsci:
Gran parte de la política de izquierdas incluso hoy en día -y quizá especialmente hoy- se basa así mismo y por razones similares no en la clase obrera real con su organización de masas, sino en una clase trabajadora nominal, en una especie de visión externa de la clase trabajadora o de cualquier grupo susceptible de ser movilizado. La originalidad de Gramsci es que él era un revolucionario que nunca sucumbió a esa tentación. La clase obrera organizada tal como es, y no como en teoría debería ser, fue la base de su análisis y estrategia (…) Se podría argüir que para Gramsci lo que constituye la base del socialismo no es la socialización en sentido económico -es decir, la economía socialmente poseída y planificada (aunque ésta es obviamente su base y su marco)- sino la socialización en sentido político y sociológico, es decir, lo que se ha denominado proceso de formación de hábitos en el hombre colectivo, que hará que el comportamiento social sea automático y eliminará la necesidad de un aparato externo que imponga normas (…)
Lo nuevo en Gramsci es la observación de que incluso la hegemonía burguesa no es automática sino lograda a través de la acción y organización política conscientes (…) Una clase ha de trascender lo que Gramsci denomina organización «económico-corporativa» para llegar a ser políticamente hegemónica; y esta es, a propósito, la razón por la que incluso el sindicalismo más militante sigue siendo una parte secundaria de la sociedad capitalista. De ello se desprende que la distinción entre clases «dominantes» o «hegemónicas» y «secundarias» es fundamental. Porque el principal problema de la revolución es cómo convertir en hegemónica una clase hasta entonces secundaria, que crea en sí misma como una potencial clase dirigente y sea creíble como tal para las demás clases.
Pero como todo esto es mucho trabajo y exige grandes dosis de entrega se deposita en otros la tarea; y esos otros clara y explícitamente no quieren hacer la revolución socialista. Entonces, surge primero la duda, luego el desencanto -pariente también directo de cierto espíritu mágico religioso, nadie se desencanta de algo concreto y palpable- y por último la crítica agria y el pase a la espera del siguiente Mesías. Lo siento señor@s: Para (hoy) aplicar ciertos cambios de fondo e inmediatos en nuestro país haría falta una Revolución, y sangrienta ¿Están dispuestos? ¿Creen que “las masas” saldrán en tropel a apoyar? ¿Creen que la oligarquía y el imperialismo no van a reaccionar? ¿Desdeñan tanto al enemigo? ¿Son un tigre de papel? ¿Sobrevaloran tanto las propias fuerzas?. Y lo peor de todo no es lo estrambótico y criminal de la “guerra” sin medir correlaciones de clases y de fuerzas sino que los amigos se ponen insistentemente por fuera de la misma, como observadores críticos, reservándose el papel de sumos sacerdotes de la pureza de lo accionado. Es más, como ya se mencionó anteriormente ni creen que eso sería un escenario más que probable, con llevar la petición prolijamente escrita al Ministerio de Interior alcanzaría.
Propongamos un programa de mínima, simplemente recurriendo a nuestra rica historia; esto lo firmaríamos todos, son los diez puntos del programa de Huerta Grande de junio de 1962:
  1. Nacionalizar los bancos y establecer un sistema bancario estatal y centralizado.
  2. Implantar el control estatal sobre el comercio exterior.
  3. Nacionalizar los sector claves de la economía: siderurgia, electricidad, petróleo y frigoríficas.
  4. Prohibir toda exportación directa e indirecta de capitales.
  5. Desconocer los compromisos financieros del país, firmados a espaldas del pueblo.
  6. Prohibir toda exportación competitiva con nuestra producción.
  7. Expropiar a la oligarquía terrateniente sin ningún tipo de compensación.
  8. Implantar el control obrero sobre la producción.
  9. Abolir el secreto comercial y fiscalizar rigurosamente las sociedades comerciales.
  10. Planificar el esfuerzo productivo en función de los intereses de la Nación y el Pueblo Argentino, fijando líneas de prioridades y estableciendo topes mínimos y máximos de producción.
¿Lindo, verdad? Bueno, HOY ese programa (que posibilitaría construir casas para todos, mantener a raya a los especuladores, recrear en serio el Estado de Bienestar, terminar con la sojización y la degradación del suelo, etc.) implica lo mencionado anteriormente, una guerra frontal y directa contra las clases dominantes y el extremo consenso ideológico logrado entre las clases medias y aún entre la clase obrera. Y no hay masa crítica para eso, lamento por el que cree que sí, obviando cualquier tipo de análisis más o menos serio. Y para finalizar con el realismo mágico tan argentino creen que aún así podrían seguir disfrutando de sus privilegios de clase.
Este gobierno con sus luces y sus inexplicables claroscuros de esconderse y ponerse a la defensiva –como ahora- solo quiso recrear el mito de la Comunidad Organizada, que únicamente pudo funcionar en un lejano contexto histórico de nuestra historia; el que quiso ver otra cosa estará condenado a ser esclavo de sus wishful thinking. Pero también vale la pena aclarar: Después de esto lo que viene es el revanchismo de clase, el desmonte otra vez, ladrillo a ladrillo sin pausa, de lo mínimamente conseguido; recreado el Capital asumirán sus mandos naturales, con lo que implica. No hay Palacio de Invierno a la vista ni se lo intuye disponible.
 
 

Una reescritura de la historia en clave de olvido

-Bordenave es una cobra con cédula –comenta Lomuto en su infatigable asociación libre- pero dice cosas muy ciertas. Esperá, no tomes este que esta muy lavado… –y se agacha para recoger yerba y arreglar el mate-. Es un escéptico profesional y por eso mismo la pega. Como cuando dice que quienes de verdad ganaron esta guerra fueron las Academias Pitman con sus “triunfadores del mañana”. Cuándo dice –se ríe y escupe la primera chupada del nuevo mate- que hay una subcultura exitista que es la contracara de la derrota y esa subcultura ha inficionado a la izquierda, al peronismo, a los tipos que antes predicaban la guerra popular y ahora le chupan los huevos a los radicales, ¿Eh? Subcultura clasemediera, claro, pero eficaz; la que te venden con celofán los Predicadores del Arrepentimiento. O sea: el Che fue un boludo porque lo mataron. Como si no lo hubieran cagado a San Martín, a Bolívar, a tantos.... –Se detiene, otea el horizonte casero, parece olfatear mas que escuchar- Pará que no lo oigo… ¿Que decís, vieja…? Sí, Sergio se queda a comer. ¿Cómo? Sí, ahora me visto y voy (…) –le sonríe a Sergio- Viste como rompe las bolas, ¿no? Mi vieja no es posmodernista. El pueblo es conservador mi estimado, pero por eso rompe todo cuándo no hay mas remedio y deja atrás a los mas bravos (de boquilla) de la zurda. Pero ese es el tema que hay que masticar mi estimado, el tema de la derrota. ¡Qué digerido, ni siquiera lo tenemos masticado!

Sentado en su silla de paja, alargando la mano hacia el mate caliente que le acerca el Pelado Lomuto, Sergio escucha la perorata del amigo y trata inútilmente de meter la cuchara, para acercarlo al tema que le interesa:

-Por eso yo quiero…

Lomuto no lo escucha. Se rasca una picadura de mosquito en el tobillo y sigue hablando:

-Es que todos estos hijos de puta tienen una visión pigmea de la historia. Una visión acorde con sus pequeñas vidas personales. Esos boludos sólo saben interpretar la historia de cámara, no la historia sinfónica, ¿Me seguís? Son cortoplacistas. Y la historia es en cómodas cuotas. Por eso pueden estar con Pol Pot o con Reagan, porque Pol Pot y Reagan son las dos caras de la medalla del pequeño burgués. Y muchos de esos turros que gritaban “liberación” hace diez años, ahora gritan “democracia”, porque en el medio estuvo la derrota del campo popular, que no es su derrota. Porque, mirá bien lo que te digo: Toda esa clase media radicalizada de los sesenta y setentas quería estar en la cresta de la ola y ahora también. Cambiaron de verso, no de posición. La posición es la misma, encaramarse. Así que yo no les admito a ellos que hablen de derrota. La derrota es nuestra, del pueblo y de nuestros muertos. No de los maricones que siempre le sacan el culo a la jeringa, ¿Me explico?.

(Un pasaje de la novela de Miguel Bonasso La memoria en donde ardía – El Juglar Editores, 1990, ISBN 950-9852-31-8, páginas 58, 59 y 60)

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José Natanson debe ser uno de los periodistas mas alabados en la blogósfera nac & pop ecuánime. Es más, insospechadamente, hasta algunos blogs de la derecha peronista que tratan malamente de disimular su anti-kirchnerismo militante –originado a mi juicio en viejos rencores no suturados de aquellos años de intensas pasiones en que la Tendencia desafió casi hasta hacer temblar el hegemonismo de la Burocracia- lo rescatan para contraponerlo a la figura de Horacio Verbitsky, que no les cae en gracia –no precisamente porque escriba mal o tire data errónea- porque representa aquello tan odiado. En lo personal, suelo leer con interés sus notas, aunque siempre me hace algo de ruido esa postura constante que asume de equilibrio y distanciamiento, casi hasta el borde de la impostación.

En estos días estuve releyendo una nota dedicada con motivo del primer aniversario del fallecimiento del ex presidente Raúl Alfonsín, donde escribió lo siguiente casi como una separata de la nota principal y que me gustaría desmenuzar un poco. Leemos:

“(…) la reescritura de la historia es un recurso válido y hasta legítimo para defender las posiciones del presente. El kirchnerismo, de hecho, lo hace permanentemente: buena parte de su discurso descansa en la idea de su gestión como una reforma –incluso una gesta– reparadora de los puntos oscuros del pasado, desde los crímenes de la dictadura hasta la entrega neoliberal de los ’90 (en este sentido es interesante poner en cuestión –habrá que hacerlo con más calma en otro momento– el discurso oficial que equipara neoliberalismo con dictadura, cuando en verdad el gobierno autoritario sólo dio los primeros pasos de una reforma neoliberal que se procesó de manera perfectamente democrática; en Argentina, como en todos los países latinoamericanos salvo Chile, el neoliberalismo fue un movimiento popular y no una imposición de los militares)”.

Es un párrafo de extraordinario valor para entender como cierto escamoteo histórico de nuestro pasado reciente prefigura y conceptualiza el presente, descontextualizándolo de su necesario continuum. Es verdad que el gobierno autoritario sólo dio los primeros pasos de una reforma neoliberal si lo pensamos únicamente desde el punto de vista técnico; no haber privatizado las empresas estatales -medida estrella que figura en el ABC del manual del credo- es una muestra. Pero lo que se omite –y no por error- es que la reforma conservadora de los ‘90 no hubiese sido posible sin el cambio radical vía terror y masacre que la dictadura operó sobre la concepción ideológica de la sociedad argentina y su estructura de clases. No fue “un primer paso”, como inocentemente se plantea; por el contrario, podríamos decir sin exageraciones que fue el ground zero sobre el que se reconstituyeron todas las variables políticas y sociales.

Desde el golpe de la Fusiladora del ‘55, el establishment intentó vanamente durante los 18 años de proscripción de las mayorías populares imponer su modelo de país; la tenaz resistencia de los sectores obreros, potenciados a partir de la segunda mitad de la década del 60 al sumárseles amplios sectores radicalizados de la clase media –que hasta allí habían fungido como custodios y propagandistas del santo grial conservador- hizo imposible tamaña misión, no solo porque intentaba atacar una sólida y disciplinada estructura de sindicatos y asociaciones populares que imaginativamente implementaron diversos medios de lucha, sino porque también arremetía contra valores fuertemente instalados en el imaginario colectivo.

El peronismo fundacional –le guste a quien le guste- estableció valores que durante muchos años pasaron a formar parte del imaginario colectivo: Jubilaciones, paritarias, salud pública, pleno empleo, movilidad social y –muy especialmente- educación pública de calidad y al alcance de todos, valor sobre el que muy probablemente se recostaran el resto de las variables. No esta demás recordar que el nombre original de la actual Universidad Tecnológica Nacional era Universidad Obrera, orientada a que justamente los hijos del naciente proletariado industrial recibieran formación técnica profesional y -en el país de entonces con fuerte acento en la industria- de esta manera cumplir el sueño inmigrante, aquello de m’hijo el dotor. Es mas, para garantizar que fuese usada verdaderamente por sectores obreros, no existía el turno mañana y cada alumno debía presentar un certificado donde acreditase que trabajaba en algún lado. Y todo ese imaginario fue necesario destrozarlo a sangre y fuego para que dejase de serlo.

Natanson recurre a la década del ‘90 y al menemismo –verdad que votado masivamente- para asegurar aquello de “en Argentina, como en todos los países latinoamericanos salvo Chile, el neoliberalismo fue un movimiento popular y no una imposición de los militares”; y es un dato innegable de la realidad que fue votado por amplias mayorías, ese curioso maridaje no del todo estudiado entre clases dominantes y sectores pauperizados. Pero ese “movimiento popular” no fue algo espontáneo ni descontextualizado del pasado de terror sobre el que se asentó la recuperación democrática de 1983. No fue impuesto y desarrollado por algún hombre de jinetas, pero estos sí establecieron los límites al que cualquier gobierno democrático desde entonces se tenia que ceñir.

Uno de los debes que se deberían anotar en la cuentas de los organismos de derechos humanos es haber escamoteado lo que había detrás de cada desaparecido o asesinado, en especial –a contrapelo de lo que el común de la gente piensa- que el 60 por ciento de aquellos pertenecieron a la clase obrera –y no a una clase obrera en sí, sino para sí- y no a sectores universitarios y/o de clase media. Comisiones Internas clasistas de grandes fábricas arrasadas por la represión cortaron de raíz toda posibilidad de pensar un modelo de país que excediese el marco de lo meramente reivindicativo, situación que entroncaba perfectamente –y fue funcional a- con la estrategia de la burocracia sindical y sus prebendas. Este faltante de cuadros con conciencia de clase posibilitó en buena manera la mansa entrega de las organizaciones sindicales manejadas por la Burocracia a los designios de sus históricos enemigos, mas allá de resistencias aisladas que no por valiosas se demostraron absolutamente inútiles para detener el vendaval neo-conservador. Para entenderlo mejor, citamos un profético texto de Rodolfo Walsh:

"Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores, la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas."

Por eso todo el razonamiento de Natanson –al que adhiere buena parte del kirchnerismo cool de la blogósfera y de ahí su “error”- parte de negar que la masacre y sus huellas tanto reales como psicológicas hayan tenido algo que ver con la conformación de la Plaza del Sí y la adopción del credo liberal. Algunos inclusive van mas allá y señalan que el menemismo simplemente acompañó los nuevos vientos de la historia, como si esta no fuese algo dinámico y con actores de carne y hueso que pudiesen torcerla para un lado u otro. Un pueblo exhausto por las híper-inflaciones de fines de los ‘80 y principios del ‘90, formateado en el terror de no cruzar ciertos límites porque el golpe podía estar a la vuelta de la esquina –alimentado por ese tan desgraciado Alfonsín del Felices Pascuas- y, como se dijo a lo largo de este post, con la ausencia forzada de cuadros que dirigieran las luchas contra la restauración de la Argentina primarizada fueron el campo fértil sobre el que se pudo desarrollar ese mal llamado “liberalismo de masas”, es decir, su condición necesaria y excluyente.

Para quien esto escribe, no existen decisiones electorales que sean químicamente puras o que nazcan de un sesudo análisis de pros y contras. Si fuese así, las clases dominadas jamás podrían votar a sus verdugos y daríamos por cierto que existe eso que los horroriza tanto –o lo consideran demodé- llamado conciencia de clase. Y no es el caso.

Un muro lleno de silencios

Será la cercanías de las elecciones, será la percepción de un clima adverso, será que la realidad se pone esquiva como tantas otras veces, pero se nota en este pequeño mundillo de los blogs y Twitter una actitud cada vez mas cerrada, incomprensiblemente cerrada entre gente que supuestamente debería pertenecer a un mismo espacio, pero sin necesidad de compartir la misma cama; por lo menos, para quién esto escribe, no es necesario hoy.

Leo y releo a ese extraordinario dirigente gremial y revolucionario que fue el Gringo Tosco: “unidad en la acción”, y su gremio Luz y Fuerza era un ejemplo de eso, donde convivían marxistas de todos los pelajes, peronistas, erpianos, algunos otros solamente “tosquistas”; leo la consigna de la CGT de los Argentinos, dicha por el peronista Raimundo Ongaro: “Unirse desde abajo, organizarse combatiendo”. Nos cuenta Horacio Verbitsky en su libro “Hemisferio Derecho”, acerca de esta experiencia y del semanario que creó Rodolfo Wash y dónde él tenía a cargo la columna de la semana política:

“En la CGT de los Argentinos confluyeron experiencias históricas, clases sociales, ideologías y tradiciones culturales distintas (…). Fue el primer lugar en el que pudieron coexistir sin subordinaciones jerárquicas católicos y marxistas, obreros y estudiantes, peronistas y radicales. Discutían hasta caerse de cansancio, porque además cada uno militaba en un sindicato, un partido o un grupúsculo, una proto orga, un barrio o una agrupación, pero se respetaban porque tenían una tarea compartida

(las negritas son mías, NdA)

Y uno (iluso) cree que eso no perdió valor, al contrario, que por ahí pasa la cosa en la reconstrucción del campo popular en esta circunstancia de la historia, que ya llegará el momento de confluir orgánicamente en un nuevo partido de masas que sintetice lo mejor de cada experiencia. Pero no, leyendo lo que leo, la consigna del momento es estar adentro (del FPV) tragando cualquier batracio o terribles incongruencias porque “no hay que dividir frente al enemigo” y el que critica fraternalmente o no forma parte del mismo se lo trata de “funcional a la derecha”.

“Ladri-progresista”, “no meten los pies en el barro”, “currador de bancas ajenas”, “revolucionario de café”, “trosco trasnochado”, “izquierda de zapatitos blancos”…podría llenar una carilla entera con la creatividad de los muchachos a la hora de descalificar a los compañeros de ruta. Y no importa que hayas estado en la Plaza defendiendo la 125, un error gravísimo del gobierno pero que bancaste sabiendo quienes estaban enfrente, no importa que des la batalla de las ideas defendiendo las cosas buenas de esta administración, que te hayas peleado con medio mundo en agrias discusiones, que te tomes el laburo de contestar uno por uno y con largas explicaciones esos mails abominablemente racistas y facciosos que te mandan en cadena, que algunos amigos que aun te tienen aprecio te miren extrañados y te digan: “Che, ¿pero vos no sos marxista? ¿Qué haces defendiendo a este gobierno plagado de Reutemanns, Sciolis y Urtubeys?

Y uno esta ahí, en el medio, tratando de hacer la síntesis entre sus convicciones, que dentro del sistema capitalista no hay solución posible para la clase trabajadora (y aquí se incluye a los que quisieran ser trabajadores y no pueden, como los compañeros de los movimientos sociales) y entendiendo a su vez que esta etapa es de lucha y acumulación de fuerzas, por el ensanchamiento de las libertades democráticas y por la inclusión social, cuidándote muy bien de no transformarte en una patrulla perdida que plantee cosas descolgadas del nivel de conciencia de las masas, sin por eso hacer seguidismo pavote, aquello de el pueblo nunca se equivoca.

Pero parece todo inútil, que ese espacio no puede existir; es extraño que se ataque con munición pesada a los que a veces disentimos y se trate con mano de seda o se ignore piadosamente al enemigo propio. ¿Quién le hace mas daño al gobierno? ¿Carta Abierta, un grupo de intelectuales que pudiendo muy bien callarse la boca y ser invitados a cuánto vernissage se haga de gente como uno salió de la torre de marfil para dar testimonio de su época que hicieron una crítica quizás en forma y lugar inadecuados pero que bancó la 125 y las medidas más significativas de la actual administración? ¿o el facho del “Momo” Venegas, secretario general de UATRE -y aunque les duela, con tantas credenciales peronistas como el más ferviente kirchnerista- que se puso del lado de los patrones durante el intento de golpe de estado de las patronales agrarias- y que ahora es el hombre en las sombras de Del Sel, Duhalde y toda esa runfla de mafiosos? ¿Carlos Heller o Ricardo Jaime, el pésimo e invisible ex Secretario de Transporte? ¿Sabbatella o De La Sota? ¿Marcelo Saín o Casal?.

Leo en uno de los blogs de mi blogroll un post durísimo contra una (improbable) próxima movilización de la CTA, pero no puedo leer una sola línea acerca de los Cavallieris o Rodríguez que pululan en la CGT; es mas, hasta se llega a plantear que la CTA y movilizarse para alertar que cualquier ajuste que haya que hacer no lo paguen los trabajadores es ¡haberse pasado al bando enemigo! ¿Cómo se puede decir esta enormidad tan impunemente? ¿Cómo se puede tratar de “electoralera” esta consigna cuándo no hay nada mas real y justo que los empresarios que en estos 5 años de crecimiento continuo se llenaron los bolsillos ahora les toque poner algo?. Que manera de desconocer groseramente a aquellos que en la tiniebla menemista hicieron la gloriosa marcha blanca, mientras ciertos gordos asistían impávidos a la destrucción de sus propias organizaciones, cuando no directamente canjeaban desocupación por negocios personales, como el asesino Pedraza. El gobierno anterior ha tenido uno sus aliados mas firmes en la CTA, sin embargo, Néstor Kirchner ni se dignó en hacer un acto de justicia reconociéndoles la personería gremial y, por lo que se puede observar hasta ahora, Cristina Fernández sigue el mismo camino. No solamente fue injusto sino hasta un grueso error político, permitiendo que salga a escena la izquierda vulgar dentro de la Central, encarnada en De Gennaro y el inefable Pablo Micheli. Me pregunto y les pregunto: ¿Esta es la forma de obtener aliados? (Subordinación y valor, nenito, algún día llegara, eso si, no te movilices, te ninguneo permanentemente pero chito, no le hagas el juego a la reacción)

Curiosamente, el verticalismo que se reclama a los demás no es practicado cuando les toca estar en otro ámbito: En un comentario de ese mismo post, alguien escribe este tipo de cosas: “Che... yo estoy en la CTA... me siento para la mierda. Con mi sector, vamos a ir a la primera parte, a putear a Macri a la Jefatura de gobierno. Y volvemos pa’ las casas cuando la marcha dé la vuelta pal congreso”. ¿Cómo? ¿Y la organicidad que se les reclama a los demás? ¿Cuándo vos criticas esta bien y cuando otros critican esta mal? Ya que decís que hay que dar la discusión ADENTRO y bancarte la resolución de la mayoría (por mas que el sándwich venga con un Barrionuevo adentro), ¿Por qué no das la discusión dentro de tu organización sindical y si perdes lo aceptas para “no dividir”?

Y uno calla, en nombre de su propia consigna “unidad en la acción” y entiende que hay contradicciones secundarias, que la principal es parar el avance a veces incontenible de la derecha que pareciera haber ganado las mentes de esta Argentina amnésica, que esto se puede hacer desde diversos ángulos, que no necesariamente tenemos que estar hoy en el mismo espacio político. Pero no, ahí te piden que te desnudes a ver si te descubren algún pelillo gorila, si te bañaste, si te pusiste desodorante, te hacen pelar la escritura de la lealtad, mientras por la otra puerta pasan todo tipo de tránsfugas con la única condición de declamarse “peronistas”. Y pasa por ejemplo el Duhalde conspirador, el que transformó junto a Menem al Gran Buenos Aires en un gigantesco Soweto y encima después se lo felicita por las “manzaneras”, que es como felicitar al piromaníaco por haber creado el cuerpo de bomberos; y en otros lados van mas lejos aún, se lo considera un estratega de fuste que es elogiado hasta por Lula y Chávez, al que la Presidenta Cristina Fernández deberían prestar atención. Y al que escribe estos delirios se lo llama “Maestro de Doctrina” en otros blogs.

Lamentablemente, creo que por ahí no va la cosa; y que se entienda bien, lo digo desde el dolor. Por eso es que ya no comento mas en ningún blog (ya se, no le importa a nadie) de los que considero mis compañeros de ruta; en el mejor de los casos, a pesar de opinar fraternalmente y con respeto, solo se obtiene el silencio. Igual, seguiré bancando las cosas positivas de este gobierno, al que critico por lo que no hace, no por lo contrario como hace la oposición gorila.

Que meterse en el barro de la política no es lo mismo que enterrarse en la mierda.

 

Imagen: Vivencias de lo agridulce

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