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Ese gran basurero llamado Rebelión.org

El portal Rebelion.org -al que algún desprevenido puede tomar como un sitio de “izquierda”- se ha transformado con el correr de los años de un sitio de opinión alternativa en un aguantadero puro y duro del trotskysmo al servicio del imperialismo y la reacción personificado en su responsable, Santiago Alba Rico. Miembro e impulsor de ese pastiche con destino de Alianza llamada Podemos en España (Pablo Iglesias no deja de mencionarlo en su cuenta de Twitter) ha escrito inolvidables textos apoyando todas las intervenciones imperialistas hasta la fecha, veamos un par de ejemplos:

“En Ucrania no ha habido un golpe de estado ultraderechista; hubo una rebelión, un movimiento muy amplio y espontáneo de los ciudadanos indignados (…) el Gobierno de Yakunovich ha caído por la espontánea, heroica y desesperada acción de miles de ucranianos”.

“EEUU nunca ha intervenido tan poco (…) lleva diez años sin intervenir militarmente en ningún sitio (…) no es la OTAN quien está bombardeando a los libios sino Gadafi (…) la intervención de la OTAN en Libia salvó vidas”.

De Ucrania ya sabemos que su “primavera” fue cuidadosamente orquestada por el Departamento de Estado del Imperio y hoy vemos ondear las banderas nazis en Kiev y la reivindicación de un colaboracionista de la Shoa como Stepan Bandera. Y Libia, con sus imaginarios rebeldes “izquierdistas” prácticamente desapareció como país, donde podemos contar hasta 3 gobiernos que funcionan simultáneamente: El establecido en Trípoli, otro en Tobruk y el tercero en lo que fue la ciudad natal de Gadafi, Sirte. Ni hablemos siquiera que un tercio de su población tuvo que emigrar y que el país entero quedó en ruinas, con la excepción lógica de los pozos de petróleo tan necesario para la culta Europa.

Como si fuese poco este pequeño gran canalla que presenta a su portal como “(...) dar cabida a todas las voces que honesta y sinceramente intentan aportar algo de lucidez y verdad en nombre de los pueblos y de los silenciados por los grandes medios. (...) Para los que sólo son la voz del poder, del dinero y del neoliberalismo, no hay lugar en Rebelión, ellos ya tienen la CNN” no duda en censurar notas de habituales colaboradores del sitio como Jorge Beinstein cuando las mismas contradicen al Amo y/o a la camarilla trotskysta que lo rodea, como bien se menciona en este blog. No solamente ha descendido la diversidad de las notas para hacerlas más homogéneas con la línea editorial pro-OTAN (pero desde la “izquierda”, faltaba más), sino que en este afán de secta hecha mano a ignotos articulistas sin el mínimo rigor, tanto en las fuentes de información que utilizan como en el estilo de escritura.

Hoy se publicó en Rebelión una nota corta de una ignota Marie Peltier, que se supone es una lectora (al menos no figura en el staff) del aún más ignoto portal de noticias Sept.info; veamos lo que nos dice Marie Peltier –retuiteadora compulsiva de todo social-imperialista que pulele en la red del pajarito- acerca de los refugiados y el conflicto en Siria:

Dos ideas ampliamente compartidas en estos momentos sobre la mal llamada “crisis emigratoria” participan de un relato mutilado acerca de los acontecimientos sirios:

No, los refugiados sirios no huyen únicamente de los “barbudos peligrosos” y del Estado Islámico. Los informes de las ONG internacionales destacan que desde principios del año 2015, cerca del 90 % de los civiles sirios asesinados murieron a manos del régimen establecido. Es por lo tanto bastante lógico pensar que la mayoría de los refugiados sirios escapan de los bombardeos y no de las decapitaciones (aunque también de estas últimas). Islamófobos de todo tipo, sabemos que es más fácil decir que los islamistas son los únicos malvados sobre la tierra, pero en Siria el terror es mayoritariamente “laico”. (Lo que no quiere decir que el Estado Islámico no siembre también el espanto, al contrario).

No, “la injerencia occidental” –Bush, Bernard-Henry Lévy y compañía- no fue lo que desencadenó el conflicto sirio. En marzo de 2011 fue Asad quien declaró una guerra contra sus ciudadanos y ciudadanas que se oponían a su régimen. Y si desde entonces, en efecto, se han ido acumulando múltiples injerencias en este conflicto, las más mortíferas son, de lejos, las que han permitido que Asad se mantenga en el poder y siga masacrando con total impunidad. El fallo de “nuestros” gobernantes es sobre todo haber dejado hacer, haber tergiversado, haber permitido que se instalara el caos. En resumen, no haber hecho nada en concreto para poner fin a la barbarie y no haberse involucrado (de verdad) en encontrar una solución a este conflicto.

Notas adjuntas:

Vayan y vean en qué estado se encuentra la rebelión siria y después vuelvan a hablar de ese “escandaloso apoyo” a la misma. ¿Podemos volver dos segundos a los hechos?

El Estado Islámico, creación de la OTAN, de los sionistas y de EE.UU., sería también algo muy simple, pero eso comienza a oler “un poco” a la "dieudonnisation" de los espíritus (en referencia al humorista francés Dieudonné). También ahí, aparte de los videos sobre las “cinco verdades que se les ocultan”, ¿alguien tiene la más mínima noción del comienzo de un truco basado en la realidad?

No, no todo era “mucho mejor” en los días de Gadafi. Por el hecho de que la situación actual sea un desastre no nos vamos a sentir obligados a convertirnos en los tontos útiles (póstumos o no) de todos los dictadores sanguinarios de la tierra (y, aprovechando la ocasión, subir estúpidos fotomontajes a las redes sociales).

(las negritas son mías; el original en francés aquí)

Ahí tenemos la grandiosa fuente de información y autoridad de la señora Peltier y publicada así nomás sin el mínimo rigor por Rebelión: Los informes de las ONG internacionales. Y se acabó, no hay nada más que hablar ¿Quiénes serán estas ONG? ¿Human Rights Watch, por ejemplo, que todavía hoy sostiene que el atentado con armas químicas en el mercado de Guta - Damasco fue producto del gobierno de Bashar al-Assad, cuando ni la propia comisión de expertos de la ONU –con muy pocas simpatías por el actual gobierno sirio, por cierto- pudo establecerlo?. Ya sabemos la actuación que les cabe a estas ONG “imparciales” promovidas y financiadas por los poderes imperiales, como nuestra inefable Poder Ciudadano de donde es originaria la diputada buitre Laura Alonso. Y el párrafo final directamente es de un cinismo atroz: No importa que la situación actual sea un desastre, lo importante es que no defendimos a Gadafi, hicimos lo correcto.

No señora Peltier, no señor Santiago Alba Rico; lo que se suben no son estúpidos fotomontajes, son la realidad que ustedes tratan de tapar con su verborrea falsamente libertaria de “izquierda”:

Libia_antes_y_despues

Asco.


Últimamente han crecido como hongos en terreno húmedo los desencantados del “kirchnerismo”; los hay de varios tipos: Desde los más previsibles, como todo el peronismo oficial peronista de Perón pura sangre 100% –es decir la derecha peronista- que solo se bancaron a regañadientes a la sucia montonería gobernante porque no había otro paraguas donde acovacharse pero ahora que huelen calas retoman sus viejas obsesiones macartistas pasando por supuestos izquierdistas que, imposibilitados por pereza intelectual y falta de voluntad de construir algo por si mismos, depositaron en el Movimiento sus sueños de revolución sin pensar que el PJ jamás se propuso tamaña empresa, siguiendo por arribistas de toda laya que su máxima aspiración detrás de la verborrea refundante solo fue escalar en la nomenklatura a título personal (cuyo símbolo mas acabado es un triste borrachín de módica escritura que no dejó programa de radio y tv afín al gobierno sin recorrer y ahora es un patético opositor con delirios místicos a la espera del contrato salvador en los medios de la AEA) y terminando por los integrantes de lo que genéricamente podríamos denominar la izquierda peronista que no terminan de digerir (o esconden en el fondo del alma) que pertenecen a un partido que pasó por la experiencia neo-con Menem, con el apoyo entusiasta de los más y el silencio –cómplice- de los menos. Viene a cuenta rememorar esto último porque no existe en la historia mundial un partido político que pase por una experiencia así sin cambiar sus postulados para siempre; de la justicia social a la destrucción del Estado de Bienestar, de la soberanía política al alineamiento sin fisuras con el Imperio, de la independencia económica a entregarla a los pies del FMI y el Banco Mundial. El PRI mexicano –primo hermano del PJ- es un buen ejemplo de lo mencionado, desde el pionero Salinas de Gortari hasta acá. Como lo de la derecha peronista era bien predecible –sólo una gran cuota religiosa y anti-cartesiana pudo generar alucinaciones como llamar “compañeros” a Hugo Moyano e Hijos SA- me detendré en el resto.
Los “izquierdistas” viven pasando por distintas experiencias políticas a la espera del milagro pero sin pringarse con las contradicciones del poder y la gestión; soñadores eternos de un país imaginario no aceptan que a la guerra no se puede ir con un cuchillo de palo. Así todo pasaría por una cuestión de voluntad: La nacionalización de la banca y el comercio exterior o la recreación de la Junta Nacional de Granos es solo una firma en un expediente más, únicamente demorada por algún burócrata enquistado. La lucha contra las corporaciones especuladoras tendría su final feliz simplemente con un ardoroso discurso presidencial. ¿Qué el final feliz solo podría venir con la lisa y llana expropiación de los expropiadores? El amigo “izquierdista” en el fondo de corazón no cree que haga falta; el clima de época, el deseo o el simple enunciado hará que la AEA y sus satélites firmen la rendición incondicional sin pelear; y si hiciese falta otra cosa ahí estarán sus imaginarias masas concientizadas que están en sus casas a la espera del llamamiento a la rebelión. Gran problema: la clase obrera –después de décadas de derrotas y colonizadas por el pensamiento del Amo- no solamente está a años luz de ser una clase para sí sino que ¡horror! está avergonzada de pertenecer a la misma; por eso es tan nefasto el apriorismo del concepto “pueblo”, presupone algo que no existe (hoy). La reconstrucción del campo popular -y de la clase-es una tarea larga, prolongada en el tiempo, paciente, intensa, de avances exasperantemente mínimos la mayoría de las veces; es ni más ni menos como bien comenta Eric Hobsbawn acerca del pensamiento de Gramsci:
Gran parte de la política de izquierdas incluso hoy en día -y quizá especialmente hoy- se basa así mismo y por razones similares no en la clase obrera real con su organización de masas, sino en una clase trabajadora nominal, en una especie de visión externa de la clase trabajadora o de cualquier grupo susceptible de ser movilizado. La originalidad de Gramsci es que él era un revolucionario que nunca sucumbió a esa tentación. La clase obrera organizada tal como es, y no como en teoría debería ser, fue la base de su análisis y estrategia (…) Se podría argüir que para Gramsci lo que constituye la base del socialismo no es la socialización en sentido económico -es decir, la economía socialmente poseída y planificada (aunque ésta es obviamente su base y su marco)- sino la socialización en sentido político y sociológico, es decir, lo que se ha denominado proceso de formación de hábitos en el hombre colectivo, que hará que el comportamiento social sea automático y eliminará la necesidad de un aparato externo que imponga normas (…)
Lo nuevo en Gramsci es la observación de que incluso la hegemonía burguesa no es automática sino lograda a través de la acción y organización política conscientes (…) Una clase ha de trascender lo que Gramsci denomina organización «económico-corporativa» para llegar a ser políticamente hegemónica; y esta es, a propósito, la razón por la que incluso el sindicalismo más militante sigue siendo una parte secundaria de la sociedad capitalista. De ello se desprende que la distinción entre clases «dominantes» o «hegemónicas» y «secundarias» es fundamental. Porque el principal problema de la revolución es cómo convertir en hegemónica una clase hasta entonces secundaria, que crea en sí misma como una potencial clase dirigente y sea creíble como tal para las demás clases.
Pero como todo esto es mucho trabajo y exige grandes dosis de entrega se deposita en otros la tarea; y esos otros clara y explícitamente no quieren hacer la revolución socialista. Entonces, surge primero la duda, luego el desencanto -pariente también directo de cierto espíritu mágico religioso, nadie se desencanta de algo concreto y palpable- y por último la crítica agria y el pase a la espera del siguiente Mesías. Lo siento señor@s: Para (hoy) aplicar ciertos cambios de fondo e inmediatos en nuestro país haría falta una Revolución, y sangrienta ¿Están dispuestos? ¿Creen que “las masas” saldrán en tropel a apoyar? ¿Creen que la oligarquía y el imperialismo no van a reaccionar? ¿Desdeñan tanto al enemigo? ¿Son un tigre de papel? ¿Sobrevaloran tanto las propias fuerzas?. Y lo peor de todo no es lo estrambótico y criminal de la “guerra” sin medir correlaciones de clases y de fuerzas sino que los amigos se ponen insistentemente por fuera de la misma, como observadores críticos, reservándose el papel de sumos sacerdotes de la pureza de lo accionado. Es más, como ya se mencionó anteriormente ni creen que eso sería un escenario más que probable, con llevar la petición prolijamente escrita al Ministerio de Interior alcanzaría.
Propongamos un programa de mínima, simplemente recurriendo a nuestra rica historia; esto lo firmaríamos todos, son los diez puntos del programa de Huerta Grande de junio de 1962:
  1. Nacionalizar los bancos y establecer un sistema bancario estatal y centralizado.
  2. Implantar el control estatal sobre el comercio exterior.
  3. Nacionalizar los sector claves de la economía: siderurgia, electricidad, petróleo y frigoríficas.
  4. Prohibir toda exportación directa e indirecta de capitales.
  5. Desconocer los compromisos financieros del país, firmados a espaldas del pueblo.
  6. Prohibir toda exportación competitiva con nuestra producción.
  7. Expropiar a la oligarquía terrateniente sin ningún tipo de compensación.
  8. Implantar el control obrero sobre la producción.
  9. Abolir el secreto comercial y fiscalizar rigurosamente las sociedades comerciales.
  10. Planificar el esfuerzo productivo en función de los intereses de la Nación y el Pueblo Argentino, fijando líneas de prioridades y estableciendo topes mínimos y máximos de producción.
¿Lindo, verdad? Bueno, HOY ese programa (que posibilitaría construir casas para todos, mantener a raya a los especuladores, recrear en serio el Estado de Bienestar, terminar con la sojización y la degradación del suelo, etc.) implica lo mencionado anteriormente, una guerra frontal y directa contra las clases dominantes y el extremo consenso ideológico logrado entre las clases medias y aún entre la clase obrera. Y no hay masa crítica para eso, lamento por el que cree que sí, obviando cualquier tipo de análisis más o menos serio. Y para finalizar con el realismo mágico tan argentino creen que aún así podrían seguir disfrutando de sus privilegios de clase.
Este gobierno con sus luces y sus inexplicables claroscuros de esconderse y ponerse a la defensiva –como ahora- solo quiso recrear el mito de la Comunidad Organizada, que únicamente pudo funcionar en un lejano contexto histórico de nuestra historia; el que quiso ver otra cosa estará condenado a ser esclavo de sus wishful thinking. Pero también vale la pena aclarar: Después de esto lo que viene es el revanchismo de clase, el desmonte otra vez, ladrillo a ladrillo sin pausa, de lo mínimamente conseguido; recreado el Capital asumirán sus mandos naturales, con lo que implica. No hay Palacio de Invierno a la vista ni se lo intuye disponible.
 
 

El Trotskismo al servicio del Imperialismo

En la imagen: arriba marcha en Argentina de Izquierda Socialista, integrante de unión transitoria de empresas autodenominada Frente de Izquierda y de los Trabajadores,  los mismos que agitaron con entusiasmo las banderas rojas en los actos de la oligarquía durante el intento de golpe agro-patronal del 2008; debajo, banner del sitio de la Corriente Roja de España, afiliado a la Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional

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No hay ninguna duda de que Siria es ahora el principal lugar de expansión imperialista. Estados Unidos dice abiertamente que está apoyando, financiando, armando la oposición. No tienen nada de rebeldes, de disidentes, de demócratas, son bandas de terroristas que operan con el respaldo imperial que son un conglomerado de liberales, asaltantes, terroristas, fundamentalistas. No hay nada democrático, no hay nada nacionalista, no hay nada en este conglomerado que pudiéramos decir que representa la voluntad del pueblo sirio. El pueblo sirio tal vez tiene sus críticas a Al Assad, tal vez quiera cambios, pero no a partir de la intervención imperialista, son ellos que quieren decidir su futuro democrático, pacífico e independiente. No quieren pasar del gobierno de Al Assad a un dominio imperialista. Eso es muy claro y debemos respetarlo y poner mucha distancia de las bandas trotskistas que han apoyado esta intervención imperialista llamándola revolución democrática. Otra vez tenemos un ejemplo de este fallo de los trotskistas que confunden sus ilusiones con las realidades en el mundo.

James Petras

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Los “combatientes de la libertad” trotskistas, curiosamente fanáticos religiosos wahabistas que quieren terminar con el último estado laico de Medio Oriente, ejecutando soldados del ejército sirio:

Otro “compañero revolucionario”, que para llevar la luz de la revolución socialista pura e inmaculada se come el corazón de un soldado sirio muerto:

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No hay sorpresas, ya lo dijo Fidel hace muchos años atrás: El trotskismo, instrumento vulgar del imperialismo y la reacción

Sobre el mal uso del concepto “Bonapartismo”

Por Olmedo Beluche,  publicado por Aporrea el 10/12/2007

“Bonapartismo” es una categoría política que heredamos de Carlos Marx cuando, en El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte describió un tipo de régimen burgués que por sus actos se ubica, en apariencia, por encima de todas las clases, dice actuar en nombre de todas ellas, pero que “no puede dar nada a una sin quitárselo a otra”. En una frase: “Es bajo el segundo Bonaparte cuando el Estado parece haber adquirido una completa autonomía”. Y con mayor precisión agrega:

“Bonaparte, como poder ejecutivo convertido en fuerza independiente, se cree llamado a garantizare el "orden burgués". Pero la fuerza de este orden burgués está en la clase media. Se cree, por tanto, representante de la clase media y promulga decretos en este sentido. Pero si algo es, es gracias a haber roto y romper de nuevo y diariamente la fuerza política de esta clase media (…). Esta misión contradictoria del hombre explica las contradicciones de su Gobierno, el confuso tantear aquí y allá, que procura tan pronto atraerse como humillar, unas veces a esta y otras veces a aquella clase, poniéndolas a todas por igual en contra suya, y cuya inseguridad práctica forma un contraste altamente cómico con el estilo imperioso y categórico de sus actos de gobierno, estilo imitado sumisamente del tío”.

De allí  el concepto ha venido a describir un tipo de régimen (burgués) dictatorial o “fuerte”, con un recorte más o menos amplio de las libertades democráticas. Bonapartismo ha venido a constituirse, en el lenguaje marxista, en un sinónimo de lo que, en lenguaje común, se llama dictadura. Dictadura que trabaja para la burguesía, sin que ella haga parte directa del gobierno. Tomado de esta manera es como lo han utilizado los trotskistas del ahora famoso pacto del Hotel Bauen aplicándolo a Chávez. Por mera derivación lógica, tanto el gobierno venezolano, como su reforma constitucional, constituyen una dictadura (bonapartista) que se acentúa. Hay un pequeño paso, de ahí a la conclusión de que el eje de la política de los compañeros, pase a ser el combate a las reformas constitucionales chavistas votando “No” en el referéndum. En esa perspectiva, el régimen de Chávez es el enemigo número uno a combatir, y la oposición burguesa, liderada por Rosales, en todo caso es un enemigo secundario, y aliado “democrático burgués” circunstancial en el marco del referéndum. Por arte de magia, el líder populista, y claramente antiimperialista, Hugo Chávez, llevado al poder y ratificado reiteradamente por su pueblo en diversos comicios electorales, pasa a ser una especie de “dictador”, y la corrupta oposición oligárquica y pro imperialista, es “democrática”. Por otro camino más sofisticado, y supuestamente marxista, se cae a las mismas caracterizaciones que el imperialismo y sus medios de comunicación.

Esta manera de proceder de los compañeros de la LIT es inaudita e imperdonable. Trotsky señaló que en los países semicoloniales (dependientes) el imperialismo producía una serie de deformaciones que conferían a los regímenes bonapartistas un carácter inusual (sui generis). Y que lo que daba el marco para la actuación revolucionaria en ellos, no era la dicotomía democracia/fascismo, sino la dicotomía imperialismo/nación oprimida.  Trotsky agregó que, en los países oprimidos por el imperialismo, se daban dos tipos de regímenes bonapartistas sui generis: uno reaccionario, que se apoya en el imperialismo para reprimir a las masas; y otro progresivo, que se apoya en el movimiento de masas para confrontar al imperialismo. Por supuesto, la existencia de uno u otro da el tono de la política de los revolucionarios, no pudiendo tomarse como iguales, ni traslaparse uno por el otro.

“...El régimen interno de los países coloniales y semicoloniales tiene un carácter predominantemente burgués. Pero la presión del imperialismo extranjero altera y distorsiona tanto la estructura económica y política de esos países que la burguesía nacional (aun en los países políticamente independientes de Sudamérica) no alcanza más que parcialmente el nivel de clase dominante. La presión del imperialismo en los países atrasados no cambia, es verdad, su carácter social básico, ya que opresor y oprimido no representan más que diferentes grados de desarrollo de una misma sociedad burguesa. Sin embargo, la diferencia entre Inglaterra y la India, Japón y China, los Estados Unidos y Méjico es tan grande que tenemos que diferenciar estrictamente entre países burgueses opresores y oprimidos, y consideramos que es nuestro deber apoyar a los segundos contra los primeros. La burguesía de los países coloniales y semicoloniales es una clase semioprimida, semidominante...” (pp 43-44).

“En los países industrialmente atrasados, el capital extranjero juega un rol decisivo. De aquí la debilidad relativa de la burguesía "nacional" respecto del proletariado "nacional". Esto da origen a condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el doméstico, entre la débil burguesía nacional y el proletariado relativamente poderoso. Esto confiere al gobierno un carácter bonapartista "sui generis", un carácter distintivo. Se eleva, por así decir, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar ya convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y aherrojando al proletariado con las cadenas de una dictadura policial o bien maniobrando con el proletariado y hasta llegando a hacerle concesiones, obteniendo así la posibilidad de cierta independencia respecto de los capitalistas extranjeros. La política actual está en la segunda etapa; sus más grandes conquistas son las expropiaciones de los ferrocarriles y de las industrias petroleras.

“Estas medidas permanecen enteramente dentro del dominio del capitalismo de Estado. Sin embargo, en un país semicolonial, el capitalismo de Estado se halla bajo la fuerte presión del capital extranjero privado y de sus gobiernos y no puede mantenerse sin el apoyo activo de los obreros. Por esto intenta, sin dejar que el poder real escape de sus manos, colocar sobre la organización obrera a una parte considerable de la responsabilidad por la marcha de la producción en las ramas nacionalizadas de la industria” (pp 61-62).

León Trotsky, Sobre la liberación nacional. Ed. Pluma. Bogotá. 1980

Suponiendo que Chávez encarne un régimen bonapartista sui generis, los compañeros de la LIT tienen la obligación de responder a las preguntas: ¿A cuál de los dos tipos pertenece? ¿La diferencia marca una política distinta para cada uno? ¿Sí o no?. Yo digo sin ambages, de caracterizarse al régimen de Chávez como bonapartista sui generis (¡¡no olvidar el apellido!!), con toda claridad pertenece a la segunda categoría. Y, si así es, ¿tiene esto consecuencias políticas para los revolucionarios? Sí, y muy grandes. Veamos lo que Trotsky decía respecto al gobierno de Lázaro Cárdenas (un Chávez de los años 30) y su medida de nacionalización del petróleo, respondiendo a una campaña que lo hacía (a Trotsky) responsable por la medida:

“Para desacreditar la expropiación a los ojos de la opinión pública burguesa, se la presenta como una medida “comunista”. La ignorancia histórica se combina aquí con la mentira consciente. El Méjico semicolonial lucha por su independencia nacional política y económica. Tal es, en su estado “actual”, el contenido fundamental de la revolución mejicana... En estas condiciones, la expropiación es el único medio serio de salvaguardar la independencia nacional y las condiciones elementales de democracia.

(…) El general Cárdenas pertenece a la serie de hombres de Estado de su país que han cumplido y cumplen la obra de Washington, de Jefferson, de Abraham Lincoln y del General Grant (…) yo consideraría como un honor el tener aunque no fuera más que una parte de responsabilidad por la medida osada y progresiva del gobierno mejicano. Pero no tengo la menor razón para hacerlo. Fue en los diarios que leí por primera vez el decreto (…) La expropiación del petróleo no es ni comunismo ni socialismo: es una medida profundamente progresiva de autodefensa nacional”.

“Marx no consideraba en modo alguno comunista a Abraham Lincoln. Esto no impidió a Marx, sin embargo, manifestar su profunda simpatía por la lucha que Lincoln dirigía. La Primera Internacional envió al presidente de la guerra civil una nota de salutación y Lincoln, en su respuesta, aprecia calurosamente este sostén moral. El proletariado internacional no necesita identificar su programa con el del gobierno mejicano. Para nada sirve a los revolucionarios disfrazar, falsificar, ni mentir... Sin abandonar su propia fisonomía, toda organización obrera del mundo entero, y ante todo de Gran Bretaña, tiene la obligación de atacar implacablemente a los bandidos imperialistas, su diplomacia, su prensa y sus lacayos fascistas. La causa de Méjico es la causa de toda la clase obrera del mundo”. (Ibíd., pp 55-60).

Está claro, para Trotsky, el elemento central a tomar en cuenta para formular la política de los revolucionarios es en dónde se encuentran los intereses del imperialismo, su prensa y sus lacayos. Pregunto: ¿En el referéndum del 2 de diciembre en Venezuela, dónde estaban los intereses del imperialismo y sus lacayos? ¿Del lado del “Sí’ o del lado del “No”?. Los compañeros de la LIT, que han llamado al voto “No”, pasan por alto este elemento central del quehacer político en cualquier país semicolonial: el imperialismo y sus intereses (!!).  Se han metido a hacer un análisis acerca del contenido bonapartista de la reforma propuesta por Chávez, abstrayendo el problema principal: el imperialismo y su política para Venezuela. Con lo cual, pudiendo tener razón formal, en la práctica le han hecho el juego al imperialismo y la reacción venezolana.

Por supuesto, a partir de lo anterior, “manteniendo su propia fisonomía política” los revolucionarios no tienen que presentar como “comunista” aquello que no lo es, y pueden señalar las críticas o los emplazamientos que sean necesarios, a Cárdenas o a Chávez. Pero ubicándose con claridad del lado contrario al imperialismo y sus lacayos. Una cosa es criticar la reforma desde el lado que está confrontado con el imperialismo, y que a todas luces encabeza el presidente Chávez, y otra muy distinta es hacerlo desde le bando pro imperialista. Por si persistieran dudas, leemos otro artículo de Trotsky (citado en el mismo libro) titulado "Combatir al imperialismo para combatir al fascismo” (21/9/1938):

“Lo más importante y lo más difícil en política es, en mi opinión, por una parte definir las leyes generales que determinan la lucha de vida o muerte de todos los países del mundo moderno; por otra descubrir las especial combinación de esas leyes que se da en cada país. La humanidad moderna, sin excepciones, ..., vive bajo el yugo del imperialismo. No hay que olvidarlo ni por un instante. Pero esto no significa para nada que el imperialismo se manifiesta del mismo modo en todos los países. No. Algunos países son los que dirigen el imperialismo, otros sus víctimas. Esta es la principal línea divisoria entre los Estados y naciones modernos. El urgente problema del fascismo y la democracia debe encararse únicamente desde este punto de vista” (Pág. 67).

Y agrega:

“Para Méjico, por ejemplo, democracia significa el deseo de un país semicolonial de escapar a los lazos de la dependencia, de dar la tierra a los campesinos, de elevar el nivel cultural de los indios y demás. En otras palabras, los problemas democráticos de Méjico tienen un carácter progresivo y revolucionario (…). Los países coloniales y semicoloniales deben combatir en primer lugar al país imperialista que los oprime directamente, sin tener en cuenta si usa la máscara del fascismo o de la democracia” (Ibíd..).

La forma como los compañeros de la LIT, y otros como Altamira (PO), cargan las tintas contra Chávez, da la impresión de que lo catalogan como un bonapartista reaccionario y no progresivo (como Trotsky caracterizaba a Cárdenas), pasando por alto no sólo su clara política antiimperialista, sino también sus medidas sociales internas (por más limitadas que sean) y hasta su propia propaganda por el socialismo (así sea la versión reformista del “socialismo del siglo XXI”). Caracterización completamente errónea y ciega a la realidad pero que, incluso, para el caso de un bonapartista reaccionario (fascista), que no es para nada el caso de Chávez, que se confronta con el imperialismo Trotsky señala una política completamente clara y distinta a la de la LIT:

“En Brasil existe hoy un régimen semifascista que ningún revolucionario puede ver sino con odio. Supongamos, sin embargo, que mañana Inglaterra entra en un conflicto militar con Brasil. Yo le pregunto, ¿de qué lado del conflicto estará la clase obrera? Le diré qué contestaría yo: en este caso yo estaré de parte del Brasil “fascista” contra la Inglaterra “democrática”. ¿Por qué? Porque el conflicto entre esos dos países no será una cuestión de democracia o fascismo. Si Inglaterra triunfara pondría otro fascista en Río de Janeiro y duplicaría las cadenas de Brasil... Bajo cualquier máscara hay que aprender a distinguir a los explotadores, esclavistas y ladrones!”

León Trotsky La lucha antiimperialista es la clave de la liberación, entrevista con Mateo Fossa

En su alocada carrera sectaria, los compañeros de la LIT, UIT y demás, han olvidado hasta su propio maestro Nahuel Moreno. Para no abrumar más con citas que podrían llenar un libro, hago la última:

“Trotsky no se cansó de señalar que todos los gobiernos burgueses no son iguales. Que hay que saber distinguir cuidadosamente los distintos tipos que existen y establecer si hay luchas entre bandos de la burguesía. Insistió en que, cuando hay síntomas de avance fascista se debe señalar a los trabajadores que la tarea más urgente es combatirlo a muerte, por todos los medios. Para ello, es necesario medir conscientemente si hay fuerzas suficientes para voltear al gobierno burgués de turno y tomar el poder, o si, en cambio, hay que unir a los trabajadores en luchas defensivas contra el fascismo”.

Nahuel Moreno El partido y la revolución. Ediciones Antídoto. Buenos Aires. 1989.

Al margen de si existe la intención de un golpe de estado reaccionario, que el gobierno de Chávez ha denunciado, y que hay que discutir, y que podría venir disfrazado por la vía Constitucional (léase referéndum revocatorio): ¿Quién representa el sector burgués reaccionario y pro imperialista hoy en Venezuela, Chávez o Rosales? ¿O, compañeros de la LIT, da lo mismo uno que otro?. En Panamá podemos hablar con propiedad de estas desviaciones sectarias que “olvidan” al imperialismo como piedra de toque para que los revolucionarios hagan política. Porque aquí fuimos víctimas directas de esos análisis sacados de contexto concreto y de la política sectaria y ultraizquierdista de la LIT.  Uno de esos “errores” fue el ridículo del periódico del PST panameño, que en 1981 sostuvo que el general Omar Torrijos no pudo ser víctima de un atentado de la CIA porque, como era un gobernante “burgués”, trabajaba para el imperialismo y así para qué lo iban a querer matar. ¡Qué lógica de mierda, como diría Chávez!

Esta desviación condujo al PST panameño a otro error y crisis cuando, en 1987, el imperialismo y la burguesía “nacional” crearon la Cruzada Civilista en su enfrentamiento con el general Noriega. Recuerdo una agria discusión con un compañero de la dirección del PST que insistía en que debíamos presentarnos a una marcha de la Cruzada cuyo lema central era: “La empresa privada es libertad”. El paroxismo del simplismo lógico del trotsquismo ultraizquierdista llegó cuando en la última revista de la LIT, un par de semanas antes de la invasión norteamericana a Panamá, en diciembre de 1989, se editorializaba que Estados Unidos nunca invadiría el país. Con vergüenza recuerdo que, para poder repartir la revista, en enero de 1990, tuvimos que arrancarle la página editorial.

Hasta el día de hoy no he visto nunca una autocrítica de esos mismos compañeros que ahora sostienen errores semejantes para Venezuela, en circunstancias que se parecen mucho a lo que ya vivimos en Panamá. Ojo Chirino [1], aprende de la experiencia ajena. No hay peor secta que la que no quiere dejar de serlo.

Notas:

[1] Orlando Chirino, candidato a presidente en las últimas elecciones venezolanas por el partido Socialismo y Libertad y  apoyado por otras sectas de la izquierda vulgar (inclusive el PTS de la Argentina).  Obtuvo la friolera del 0,02% del total de votos

 

 

Lecturas: La obsesión por el traidor

 

Releyendo viejos mails me encontré con uno del 2007 a raiz de la huelga del sindicado de trabajadores de la educación de Neuquén (ATEN), escrito dos semanas después del asesinato de Carlos Fuentealba, que contiene una vigorosa y vigente crítica a los comportamientos de las sectas afiliadas a las diversas Cuartas Internacionales. Su autor es Bruno Galli, profesor de Historia y miembro de ATEN. Respetando el concepto global transcribo algunos párrafos:

La obsesión por el traidor (Patología del trotskismo y otras vanguardias afines)

A diferencia de muchos, nosotros no creemos ni en los burócratas ni en los traidores, aunque sí en las brujas. Y que en Aten las hay, las hay. Por eso no da para que en cada lucha tengamos que escuchar 10 acusaciones de traición por segundo, como si el gremio fuese un criadero de vampiros que engordan merced a las escuálidas ubres de las maestras. ¿Qué mal les aqueja a los “compañeros” de los partidos de izquierda y otras agrupaciones? ¿Podrán revisar ciertos prejuicios sin incurrir en pecado de revisionismo? ¿Asumirán una crítica sin vivirla como un trauma similar al que supone una conversión religiosa? No somos optimistas. Con ellos es difícil debatir en serio: discutir, incorporar, refutar, aprendiendo del otro e intercambiando opiniones divergentes sin necesidad de tildar al otro de “reformista” o “forro de la burocracia”. Igual esperamos se inicie una reflexión con el fin de abandonar ciertas prácticas que conspiran contra sus intereses, que en algunos casos son también los nuestros. Pero si ello no fuera posible, y si acaso primase la esterilidad, queda el testimonio de que un sector, compuesto por dos militantes, por lo menos se lo hizo saber.

Tener la conducción de un sindicato puede ser un buen negocio muy rentable. De hecho, la gran parte de ellos son organismos putrefactos, que sólo sirven para enriquecer a sus dirigentes o son usados como trampolín político para algún futuro puesto político que los una. En la mayoría de ellos no hay oradores, ni asambleas, ni distintas listas, ni seccionales de ideologías diversas, ni críticas a la conducción, ni dirigentes que luego de cumplir su mandato vuelvan a laburar. Y ni siquiera se vota un plan de lucha porque rara vez lo hay. Si de casualidad hay paro, lo decreta el dirigente por celular, lo anuncia por los medios de comunicación, lo garantizan sus matones, y al que no le gusta palo y a la bolsa. La huelga se termina cuando el capo mafia arregla con la patronal en cuestión. Y después todos callados a laburar como si nada hubiera pasado. En estos sindicatos la izquierda no suele tener cabida, y si de ojete tiene a un militante infiltrado, éste suele ocultar su filiación política por temor al inmediato despido o las trompadas, más veloces aún que cualquier telegrama. Si bien es cierto que en Aten se incurre en algunas detestables maniobras (sobre todo a la hora de presentar las mociones y en el recuento de los votos) que éstos y otros eventuales gestos burocráticos existan no nos habilita a hacer extensiva la calificación a todo el gremio ni a su conducción, mucho menos si se los compara con el resto de las burocracias sindicales que hemos descrito más arriba. De hecho no existe organización puramente democrática. Y es por eso que un balance debe ser ecuánime, tomando la totalidad de los elementos y no juzgando jamás en abstracto. Y prueba de en Aten la cosa no es tan grave es el hecho de que buena parte del progresismo y la izquierda vernácula terminen, de una u otra manera, participando allí. Sí, en Aten se puede participar.

Tan es así que podemos enumerar ciertos rasgos que son propios de este sindicato, como su predisposición a la lucha, sus vínculos con organizaciones hermanas, la permanente combatividad de su militancia, su nutrido activismo con recambio generacional, su democracia interna o su constante oposición a los gobiernos de turno. Y a pesar de esas infundadas acusaciones de corporativismo (¿qué gremio no es corporativo?) también es cierto que Aten no se preocupa únicamente por las cuestiones salariales y económicas sino que es un sindicato con marcado carácter político: abarca las cuestiones educativas generales pero también interviene en otros campos (2302, derechos humanos o reforma constitucional, por citar algunos ejemplos). Pero si es extensa la lista con las virtudes atenienses, hoy sin embargo queremos destacar otra cosa que también define al sindicato, y es que Aten posee una gran base de maestras y profesores que, afiliados o no, se sienten representados por su organización. Y tan representados se sienten que participan en ella, que son la organización. Pues si hay algo que el gobierno, los medios de comunicación y la sociedad neuquina finalmente admitieron es que, en este punto, el gremio docente es distinto a los otros sindicatos burocráticos que pululan por ahí.

Lo entendieron todos, todos menos la izquierda. Y es que la diestra no ve que cuando se habla de ATEN se hace alusión a todos los docentes, o por lo menos a gran parte de ellos. Cuando se oye que ATEN corta las rutas o que ATEN llama al paro se está haciendo mención a los docentes en general. Tan es así que gran parte de la sociedad neuquina repudia a los docentes en su conjunto y no únicamente a sus gremialistas. En el imaginario social son todos los docentes los que son vagos, faltadores, usadores compulsivos de licencias, zurdos y que más encima cobran bien. Y en algunos casos tienen razón. Ladran Sancho, señal que traicionamos. Un fantasma recorre Neuquén, es el fantasma de la traición. ¿A qué se debe esta histeria colectiva que amedrenta a buena parte del activismo neuquino? Varias son las razones. Desmenucemos sólo algunas:

1) En la lógica binaria de la izquierda, todo aquel que no siga la política x del partido revolucionario x está boicoteando, frenando o traicionando la lucha. Esto sucede porque ellos (el partido x) se ven a sí mismos como los únicos que encarnan la verdadera política revolucionaria. Ellos son la revolución. El resto de la sociedad se divide entre dos clases de enemigos: burgueses y burócratas, ambos en constante contubernio para engañar y frenar el empuje emancipatorio de la sociedad. Reza la sentencia: “La sociedad quiere pelear, el tema es que tiene direcciones traidoras que la frenan”.

Y fíjese usted cómo funciona la misma lógica pero en el caso contrario: Cuando efectivamente las bases luchan al ritmo de las conducciones son éstas últimas las que son arrastradas por el deseo irrefrenable de aquellas. Las bases les arrancan el paro a las dirigencias, las obligan a luchar, pero nunca jamás es al contrario, nunca son las dirigencias las que movilizan a las bases, pues admitir ello implicaría aceptar que puedan haber direcciones realmente combativas por fuera de su organización. Y eso, para la izquierda, es inadmisible. Por ello es que siempre piensan que los dirigentes de Aten traicionan a las bases aunque la realidad desmienta tal postulado: en Aten son las direcciones combativas y el gran activismo que se nuclea en torno a ellas las que movilizan al conjunto de los docentes. Rara vez es a la inversa.

Pero no, no hay caso. De hecho, la izquierda tiene preparadas las acusaciones de traición, incluso antes de que aparezcan las traiciones. Es que si hay algo que le sirve a la izquierda ése algo son los traidores. Sin traidores se queda sin razón de ser, desaparece, no puede intervenir políticamente. ¿Por qué? Porque si no hay traidores no hay motivo que explique que las masas no salgan a luchar. Si no hay traidores tampoco hay excusa para que las masas no se sumen a sus partidos. El traidor cumple así una doble función: por un lado los consuela de la efectiva apatía de la sociedad, por el otro, les oculta sus propias impotencias y fracasos ante ella. Por supuesto que en esta lógica jamás cabe pensar que la gente no quiera luchar permanentemente, que no quiera la revolución que ellos quieren y que no los quiere a ellos tampoco. ¿Por qué?

2) Porque en este enfoque simplista y cargado de voluntarismo, la izquierda cree que las bases son natural y ontológicamente revolucionarias. Nacieron para luchar contra el sistema y la burguesía, pero algo se los impide: la burocracia, el estalinismo y los socialdemócratas, en suma, los traidores. Esa es la única razón que explica que una maestra no quiera voltear a Sobisch para imponer las demandas de toda la clase trabajadora. De esta manera, falsean la realidad cuando le adjudican deseos e intenciones políticas a unas bases que no las tienen: los docentes quieren aumento salarial, además quieren voltear a Sobisch, e inconscientemente quieren el socialismo, lo que sucede es que al no saberlo, son las propias conducciones burocráticas las que obturan ese deseo, retrasan la toma de conciencia y frenan cualquier acción tendiente a ese fin. Jamás verá la izquierda que a veces son las propias bases las que no quieren pelear, o que no quieren ir tan al “fondo”.Y menos podrá entender que amplios sectores del activismo, la militancia o la vanguardia tampoco quieran ir más allá (ese destino que, ellos dicen, objetivamente las circunstancias demandan). Cuando eso sucede, y las bases o el activismo se “frena”, o se cansa, o simplemente no quiere, entonces hay traición o capitulación. Hasta tirar a Sobisch no paramos, y el que no nos sigue nos traiciona.

Pero dadas así las cosas, el reconocer que las bases no son ontológicamente revolucionarias y que la culpa no es exclusiva de las direcciones, implicaría asumir además otra situación profundamente desmoralizante para el militante: conllevaría aceptar que hay razones más profundas que explican esta situación pasiva de la sociedad que no quiere tirar a Sobisch y que éste no es tan débil como parece, y que entonces la solución a ello supone políticas más complejas (quizás a largo plazo) que las simples arengas para luchar en el momento. Admitir esto también conllevaría renegar de esa abstracción típica de la izquierda que dice que el problema de la revolución es puramente subjetivo, o que es, para decirlo en su jerga, la crisis de su dirección revolucionaria. Implicaría, por ejemplo, responderse por qué siempre las bases docentes aceptan “sumisamente” las políticas moderadas de las conducciones o por qué tienen esas conducciones traidoras y no intentan sacárselas de encima siendo que constantemente van en contra de su espíritu de lucha. O por qué se burocratizan las organizaciones o qué mecanismos genera la sociedad para favorecer y alentar el surgimiento de las burocracias. Concretamente, por qué la sociedad neuquina “tolera” al MPN desde hace más de 40 años. En fin, desterrar ciertos dogmas nos enfrenta al problema de resolver problemas para los que no tenemos respuestas rápidas, y mucho menos acciones.

3) Una cosa más. Para que dejen de tratarnos como boludos no está de más recordar que es esta misma lógica la que subestima la capacidad de reflexión de las bases toda vez que siempre se dejan frenar, engañar y traicionar por los burócratas sindicales que las conducen. ¿Quién quiere gente así, tan sumisa y obediente, que al primer grito o maniobra de un burócrata abandona la lucha y se va a dormir a su casa? Sucede que en el fondo, las organizaciones de izquierda sostienen la misma concepción de las masas que tiene la burguesía: la de que el pueblo es un rebaño de ovejas, y debe seguir siéndolo. En el sistema capitalista, es rebaño para su propia explotación. En una situación revolucionaria, para su liberación. Pero siempre dirigida, guiada previamente desde afuera, nunca reconociendo que una emancipación debe ser obra de los mismos sometidos. ¿Y esa concepción que subestima a las bases acaso no es el germen de la burocracia? Sí también es burocracia. Paradojas: El fantasma del traidor se alimenta más cuando la política de esos partidos y agrupaciones no tiene aceptación en las bases. Y resulta claro que más fácil es adjudicarle el fracaso a un tercero que asumir la esterilidad de las políticas propias.

4) Otro axioma que atraviesa todas las acusaciones de traición: la asimetría real que existe entre los intereses de un sindicato y los de un partido revolucionario. Llega un momento en donde profundizar la lucha para un gremio significa cosas distintas que para una organización revolucionaria. Los gremios (y sus afiliados) pueden no querer voltear al gobierno e instaurar una asamblea constituyente, sino conseguir mejoras parciales (económicas y políticas). Los gremios, en este sentido, siempre serán vistos por la izquierda como organizaciones reformistas, corporativas, transitorias, limitadas, que quedan truncas a la hora de los bifes. Pero esto se debe a que la izquierda misma concibe a los sindicatos únicamente como medios para conseguir sus fines superiores, fines que sólo pueden ser verdaderamente alcanzados a través del propio partido. Exacerbado narcisismo. Deseos y objetivos diferentes definitivamente no podrán ser armonizados. Entonces debiéramos reconocer que la izquierda puede luchar mancomunadamente con los sindicatos, pero sólo hasta un cierto punto. Tarde o temprano llegará la inevitable bifurcación: luego el partido será sacralizado arguyendo de que es el único que aspira a la política grande. Así fue escrito, así será. ¿Y por casa cómo andamos?

Dejemos de lado el problema de la propia burocratización de los partidos de izquierda que siempre tienen a los mismos dirigentes y que sus bases acatan la política como si de mandamientos se tratara. Obviemos este detalle y preguntémonos: ¿Por qué la figura del burócrata se troca tan rápidamente por la del traidor? Porque el traidor opera como el referente negativo que todo militante de izquierda requiere para su conformación como tal. A la izquierda le urge la figura del traidor incluso más que la del chancho burgués. En el traidor se depositan los odios y la causa de todos los fracasos. Él es el responsable de todos los males. Y esta imperiosa presencia se evidencia en el hecho de que resulte tan caro hablar de esto con los compañeros, justamente porque repensar la figura del burócrata o del traidor hace entrar en crisis toda una construcción (intelectual y emotiva) que buena parte de la militancia sostiene férreamente. El traidor es el combustible que nos permite seguir actuando, y a la vez oficia como un velo que oculta nuestra impotencia.

Así, es Aten (traidor y burócrata) el que no quiso tirar a Sobisch, y para nada se interpela por la responsabilidad de la sociedad entera, que nuevamente ocupará el sitio de engañada y frenada en sus deseos, siempre revolucionaria por naturaleza, pero nuevamente traicionada. “¡Ahí está Aten, nuevamente traicionando, negociando con la sangre del compañero!” Con argumentos morales y emotivos, la izquierda hace lo que ni el propio gobierno se atrevió a hacer: Cargar el muerto sobre la espalda del sindicato. La lógica del traidor sigue vigente. Y por supuesto que la traición y los traidores ya habían sido denunciados previamente. Y esa suprema claridad sirve como argumento adicional para sumar militantes. “¡Viste que era verdad que había traidores! ¡Ya te lo habíamos avisado y vos no me querías creer!” Desde el principio habían estado esperando que la burocracia asomara, cuando por fin aparece y una vez que la ven actuando, entre la bronca y el regocijo, se preparan para el gran momento: se confirman los pronósticos, ha llegado el momento del combate, para eso estuvimos preparándonos, es hora de salir a diferenciarnos y jugar el rol histórico para el que hemos sido llamados. Esos son los momentos críticos en los que peligra el sindicato. Mire cómo son las cosas. Tan entusiasmados estaban con la huelga general y tanto odian a la burocracia de ATEN, sin embargo durante esta larga huelga a ninguno de ellos se les ocurrió probar con un sencillo experimento: ir a volantear a las petroleras, a los taxistas, a las obras en construcción, a los empleados de comercio, a los barrios del Oeste. Pero volantear en serio, quedándose a charlar, insistiendo, explicando pacientemente a los trabajadores que había que echar a Sobisch para imponer nuestras demandas, y todo eso. Si la dirigencia de Aten no quería hacerlo, tendrían que haber sido ellos los encargados de hacer el llamamiento popular a la insurrección. ¿Por qué no lo hicieron? ¿Qué hubiera sucedido? Nada. O mucho. Primero habrían conocido a la verdadera burocracia sindical, y en más de algún lugar los hubieran corrido a patadas. Segundo, habrían corroborado la apatía del movimiento obrero, y habrían tomado conciencia de que las masas no querían tirar a Sobisch, que muchos trabajadores cobran un buen salario y que con eso les alcanza. Y por último, como frutilla del postre, se habrían desayunado que buena parte de la gente tampoco simpatiza con la causa docente.

Resumen: Habrían cotejado lo lejos que está la población de algo así como una huelga general o una pueblada, certificando la eficacia del neoliberalismo y de 40 años de MPN, de redes de punteros y subsidios, medios de comunicación, etc., etc. ¿Será por todo esto que no fueron? ¿Será por eso que prefieren descargar sus impotencias sobre la “burocracia” de Aten?

La Gallina de los ovarios de oro

Lamentablemente este discurso de la burocracia y los traidores ha prendido en buena parte de la militancia y de los docentes en general. Incluso en los compañeros de la llamada “base”. Este discurso lleva inevitablemente al debilitamiento del gremio. Y uno les dice a los compañeros que un gremio débil y dividido no le conviene a nadie. Pero últimamente también hay que poner en duda eso. Y es que justamente por esta misma lógica sectaria, narcisista y antidemocrática, a la izquierda, a veces, le resulta indiferente el resultado final de un conflicto, o que el gremio docente reviente en mil pedazos. Siempre que a cambio de esto integren unos cuantos militantes a sus filas, grupo al cual ya habrán santificado con el rótulo de lo mejor de la vanguardia docente. A pesar de una derrota y un gremio desmovilizado, desde esta óptica, si lo mejor de la vanguardia se integra al partido, resulta de ello que el proceso revolucionario general habrá sido positivo, ya que ellos son y serán el motor del proceso revolucionario. Importa poco que sea a costas de fracasos, rupturas, desmovilización o bolsillos vacíos. Lo importante es el partido.

Pero para nosotros, que también somos militantes, el resultado de este conflicto no nos es indiferente. A nosotros sí nos sale caro que ellos crean que son la encarnación viviente de la emancipación de toda la especie, un anticipo de ella, su fuerza motora y los portavoces de un destino necesario. A nosotros sí nos sale caro, y tenemos que evitarlo a toda costa. Porque nosotros sí sabemos del rol absolutamente progresivo que juegan los gremios como Aten, que a pesar de no ser “revolucionarios” no por ello son burocráticos. Para nosotros Aten no es la fuente de todos los males ni el segundo enemigo después del enemigo. Tenemos entonces que reflexionar. Porque la izquierda no valora en su justa medida el gremio docente neuquino. No ve que es uno de los sectores más combativos del país, que es vanguardia de luchas políticas, económicas e ideológicas. Que fomenta la conciencia de clase en sus afiliados, que también es un gremio de izquierda, pero sumamente vital, en donde conviven distintas tendencias y que es gracias a las luchas docentes que la izquierda alcanza un mínimo protagonismo. Y por supuesto, también pensar que si acaso el gremio tiene estos rasgos algo también se deberá a sus conducciones “traidoras” y “reformistas”.

Aten es uno de los núcleos de la lucha neuquina y fue vanguardia política en infinidad de oportunidades. Durante mucho tiempo fue un oasis en el desierto neoliberal. Su aporte a la cultura de la izquierda argentina todavía no ha sido estudiado en profundidad. Poco falta para que sea valorado en su justa medida. Pero la ceguera y el narcisismo, las frustraciones trasladadas en el otro y el sectarismo patológico de algunos pueden llegar a generar un efecto contrario al buscado. Por arrogarse el monopolio de la lucha, quizás el peor mal que pueda cometer la izquierda es constituirse en un freno para ésta. De seguir así terminará dilapidando una gran fuente de riquezas, de la que ni siquiera tiene noción. Si seguimos por este camino ya de nada servirán que en un futuro no muy lejano se oigan, como quejidos melancólicos, las tardías autocríticas de quienes juran y perjuran que no eran conscientes de estar asesinando a la gallina de los huevos de oro.

La secta es el opio de la ultra izquierda

Así como para los movimientos que constituyen los embriones de una nueva cultura política de izquierda el contenido es la forma y la forma es el contenido, otro tanto podemos decir de la izquierda tradicional. ¿Por qué este hincapié en la forma? Mi tesis es que no podemos entender cabalmente a la izquierda tradicional tal como ella se autorrepresenta en el discurso de sus proclamas, de sus programas o de sus estatutos partidarios (esto es, se necesita trascender la propia ideología a través de la cual la izquierda se piensa y se racionaliza) y atender a sus formas de organización reales, pues aquí también son estas formas de organización las que prefiguran el orden social que desean construir efectivamente. Nos topamos aquí con la paradoja de que los discursos más radicales, revolucionarios y emancipatorios pueden ser proclamados desde estructuras cerradas, verticales, autorreferenciales, autoritarias y conservadoras.

Para pensar estas formas, más útil que la sociología de los partidos políticos, resulta la sociología de las religiones, es más provechoso pensarlas desde Weber que desde Michels, desde René Loreau que desde Sartori. Me explico: las organizaciones de la izquierda argentina hace decenios que responden mejor a la tipología de la secta, dicho en el sentido sociológico del término, que a la del partido político. En los años 1930 ó 1940, estas formas eran era casi privativas del trotskismo y la extrema izquierda, cuya multiplicación frente a la unidad monolítica del comunismo internacional semejaba la proliferación de sectas protestantes frente a la unidad de la Iglesia Católica Romana. En efecto, el comunismo, aún con sus permanentes purgas, mantenía una férrea organización internacional, jerárquica y centralizada, que administraba el canon de lectura ortodoxo de los textos sagrados de los padres fundadores. Los trotskismos, en cambio, proponían otras claves de lectura, heterodoxas en relación la ortodoxia comunista, pero con un afán de ortodoxia, de lectura correcta: su lectura quería ser canónica, porque la secta quiere devenir Iglesia. Volveré en seguida sobre esto, pero partiendo de esta premisa: en la primera década del siglo XXI ya no hay centros políticos internacionales legítimos, lecturas canónicas que sigan millones de fieles ni iglesias políticas monolíticas: todo el movimiento de las izquierdas ha estallado en una pluralidad de sectas –socialistas, comunistas, trotskistas, maoístas, guevaristas, nacionalistas revolucionarias…– que ya no son patrimonio del trotskismo.

Mi disparador para pensar el problema en estos términos fue una frase de una carta de Karl Marx a Schweitzer, un dirigente alemán de la corriente lassalleana (Marx diría la “secta lassalleana”). Marx dice allí: “Toda secta es, en realidad, religiosa” (Marx a Schweitzer, 13/10/1868). Esto quiere decir que, a pesar de sus manifestaciones exteriores, políticas, racionales y laicas, la secta extrae su unidad, su cohesión y su fuerza de un imaginario religioso que opera de modo inconsciente para sus miembros. A pesar de que en el nivel de lo manifiesto un grupo se llame a sí mismo “partido”, “liga” o “movimiento”, se adhiera a un credo laico y racionalista y se ufane del carácter voluntario, libre y racional de sus posturas o de sus tomas de decisión políticas, puede funcionar y autorreproducirse según el patrón de la secta política, permaneciendo atrapado por un imaginario que es el que otorga efectiva identidad y cohesión al grupo y dentro del cual juegan un rol decisivo los rituales y las ceremonias, la disolución del individuo en el todo grupal, la separación rígida entre el “adentro” y el “afuera”, entre el saber profano y el sagrado, el esotérico y el exotérico, la estratificación interna, el culto sacralizado del líder, la esperanza mesiánica, las figuras del heterodoxo, el desertor y el traidor. Detengámonos brevemente en cada una de estas categorías. En primer lugar, la identidad. Es característico de la secta política su identidad rígida, cerrada, exclusiva. La vida política moderna es rica en ejemplos de interminables querellas de identidad entre sectas que provienen de un mismo tronco, donde el mayor grado de parentesco y proximidad es motivo de mayor agresividad en la disputa por la legitimidad. Las querellas entre hermanos/ rivales suelen alcanzar un tenor no sólo agresivo sino sofisticado, ante las cuales los observadores externos asisten como si se tratase de una pelea de familia, con sus esotéricas referencias a hechos y figuras del linaje familiar. Freud podría haber explicado estas disputas en términos del “narcisismo de las pequeñas diferencias”.

La paradoja de la identidad secta es su aparente fortaleza, que suele legitimarse a través de un complejo sistema doctrinario, pero la identidad de la secta no es fuerte, sino rígida: dentro del sistema de la secta, cualquier diferencia menor ingresa en una dinámica interna imparable, termina por abismarse y por generar un nuevo cisma. La secta racionaliza este proceso de debilitamiento periódico como una “purificación”: “la expulsión de los desviacionistas nos ha cohesionado y fortalecido”. En los discursos partidarios, son frecuentes las metáforas tomadas de la patología: “virus”, “pestes” que inficionan la organización, anticuerpos que reaccionan a tiempo para restablecer un “sano” cuerpo partidario. La nueva secta tomará sus fuerzas de la enorme cohesión que le dio esta lucha desigual y, si sobrevive, reproducirá el esquema al infinito; de donde se desprende que las identidades rígidas, tras su apariencia de fortaleza, esconden en verdad una enorme vulnerabilidad. La lucha a muerte por la legitimidad exige la más estricta disciplina y cohesión interna. La guerra externa se internaliza, pero a su turno se reproduce dentro: aun la más rígida de las estructuras no puede permanecer absolutamente ajena a presiones externas. El conspirador social deviene preferentemente un conspirador interno. En la secta, se vive en un clima de sospecha. La lucha hacia el “exterior” deviene lucha hacia el interior y las querellas intestinas terminan por monopolizar todas las energías de la secta.

La identidad ideal que se forja la secta política implica la cuasi disolución del individuo en el todo grupal. El militante vive su incorporación al grupo como un corte radical en su historia personal: antes y después de haber visto la luz, de haber encontrado un sentido a su vida. Pero lo que desde afuera puede entenderse como alienación del sujeto, como pérdida de su autonomía, para la vivencia del sectario (entendido como el integrante de la secta) esa renuncia es el costo de un acceso a su plenitud total. Los problemas de su identidad como sujetos individuales se suturan en esta identificación absoluta con el todo (conflictos sexuales, afectivos, familiares, dificultades de inserción laboral o profesional, miedos, fobias, etcétera, quedan suspendidos o desplazados gracias a esta posibilidad vivencialmente intensa de proyectarse en esta identidad colectiva ideal: todos aquellos conflictos aparecen al sectario como menores, mezquinos, “pequeñoburgueses”). En suma, se sacrifica la vida privada, pero para vivir intensamente esta hermandad absoluta, que además se ramifica por el mundo. No hay en la secta lugar para el temperamento individual, salvo, claro, para el líder. El líder es el único que puede (parcialmente) descentrarse de ciertos lugares, violar ciertas reglas, reinterpretar sorpresivamente los textos sagrados, cultivar un cierto temperamento individual. La minimización de la propia vida privada queda compensada por la contemplación de la vida del líder, el espejo en que se proyectan los miembros de la secta.

En segundo lugar, la sacralización del saber. Para las sectas de izquierda, el marxismo –esto es, su doctrina– es definido a priori como un saber verdadero opuesto al falso: una verdad que ya es, a la que en lo fundamental hay que interpretar correctamente y que sólo falta llevar a la práctica. No hay lugar para la creación, la recreación, la revisión, la innovación, la crítica en el sentido fuerte del término. La secta es, por definición, conservadora y, en el plano de la doctrina, es inflexible. Todo el marxismo de las sectas se reduce a pura hermenéutica. Lo que en la secta se llama “crítica” no es más que la reacción conservadora del saber consagrado frente a los intentos de “revisión”. La argumentación es escasa y se limita a contrastar las frases de los textos profanos con las frases de los textos sagrados. En estas guerras de citas, no hay diferencia alguna entre las querellas bíblicas de las sectas protestantes sobre la verdadera palabra de Dios y los debates entre grupúsculos de izquierda sobre lo que “verdaderamente dijo” Marx, Trotsky, Mao Tse Tung o el Che Guevara. La secta política tiene una dirección (“histórica”) que, a la manera de una casta sacerdotal, administra este saber y establece una clara línea demarcatoria entre los textos sagrados y los profanos. Cada secta construye su genealogía de textos sagrados, partiendo siempre del mito de los orígenes: las líneas pueden ser Marx/Engels/Lenin/Trotsky, Marx/Engels/Lenin/Mao o Marx/Engels/Lenin/Castro, poco importa. Los miembros de la secta política, del mismo modo que las sectas clásicas, comparten entre sí una serie de códigos, tics, gustos comunes, claves y contraseñas, que también escapan al profano. El saber sagrado es, por definición, conservador. Aunque la secta sea el resultado de una herejía, sólo es heterodoxa en relación con la organización madre (Iglesia) de la que rompe. La secta política se vive a sí misma no sólo como ortodoxa, sino inclusive define su misión como de restauración de la ortodoxia perdida o traicionada. Es así como, a pesar de los contenidos radicalizados, revolucionarios o subversivos de su discurso, la “estructura de sentimiento” de la secta es profundamente conservadora, hostil a lo nuevo, restauracionista.

En tercer lugar, los rituales y las ceremonias. Es indudable que los rituales y las ceremonias practicadas por las sectas políticas tienen mayor funcionalidad y menor solemnidad que el de las sectas religiosas clásicas o que las sectas político-religiosas de la primera mitad del siglo XIX. No obstante, tienen un peso imaginario fundamental. Por ejemplo, la asistencia a reuniones periódicas excede su mera funcionalidad: más allá de lo que haya de debatir o resolver, la reunión de “célula” o “equipo” debe realizarse de todos modos periódicamente, pues tiene un valor imaginario en sí misma (estimula la regularidad, reafirma en la fe, cohesiona al grupo, permite su control periódico, etcétera). A medida que las sectas se tornan más burocráticas, los congresos van dejando de ser espacios de deliberación y decisión democrática para devenir momentos de legitimación colectiva de decisiones previamente tomadas por la dirección. Esta, más que elegida y renovada, es plebiscitada. El congreso/ debate deviene congreso/espectáculo. Pero, con todo, para el militante es un momento fuertemente emotivo de reencuentro colectivo, bajo símbolos comunes (banderas rojas, imágenes de los padres fundadores o de la hoz y el martillo), donde puede tener a dirigentes habitualmente poco visibles a un cierto alcance, donde se entonan los himnos que facilitan la identificación colectiva (como “La Internacional”), donde se renueva el juramento en nombre de los compañeros caídos. Un ritual clave sigue siendo en la secta política el de la iniciación. Para un grupo donde la delimitación entre el adentro y el afuera es fundamental, la decisión de la membresía merece definiciones y debates programáticos y estatutarios, un tratamiento deliberativo en cada caso concreto, la puesta a prueba del iniciado, la apelación a un cierto ceremonial, una cierta celebración donde se comienza a convocar al nuevo miembro a las actividades de la vida social de la secta, etcétera El mito iniciático clásico de la renuncia a la familia o a la religión previa sobrevive persistentemente bajo otros modos menos formales pero no menos imperativos: cualquier iniciado no tarda en advertir que el modelo ideal del militante de la secta es el de la renuncia total a su vida anterior y presente, el de la entrega y la disponibilidad total a la organización.

En cuarto lugar, la estratificación interna y el culto sagrado del líder. Aunque su discurso se identifique con la democracia más plebeya o radical, con el socialismo o el comunismo, toda secta es, por definición, elitista y jerárquica. La dirección está desde el momento fundacional en la cima de la pirámide; los militantes ascienden a través de una serie de pruebas de eficacia y lealtad (a menudo, a la hora de decidir una promoción, la lealtad predomina sobre la eficacia). Por definición, hay promociones periódicas que estimulan a los militantes a esforzarse en cumplir sus tareas, pero ningún “advenedizo” ascenderá tan alto como para estar a la altura de la dirección “histórica”, originaria. En la secta política, la excomunión funciona como forma de cohesión. Reaparecen las figuras del heterodoxo (aquí bajo la forma del “revisionista”), del desertor (ahora el “fundido”) y el traidor (el “delator”, el “provocador”, el “agente policial”). Reaparece, concomitantemente, la figura del castigo ejemplar. El análisis de Weber sobre las sectas que “han ido tan lejos que han llegado a prohibir toda relación física, tanto sexual como económica, con los situados fuera de su círculo” es habitual en la secta política: todo contacto estrecho (por ejemplo, matrimonial) con alguien que no sea miembro, es sospechoso y directamente desaconsejable para con miembros de otras sectas. Pero el contacto está explícitamente vedado con “revisionistas” y “fundidos”. Estos requieren de un tratamiento especial, llevado a cabo por personal fiable y calificado, que evalúe si son “recuperables”. La secta despliega una enorme capacidad para “trabajar la culpa” de los ex militantes, condenándolos transitoriamente a una suerte de purgatorio, del que o “los recuperamos” o “se pierden”.

En último lugar, la esperanza mesiánica. En la secta política izquierdista, sobreviven en forma secularizada los rasgos centrales del milenarismo: el clima de excitación orgiástica ante la inminencia de la revolución, la vivencia del “presente absoluto”, el “aquí y ahora” total, la inmediatez más radical, la expectativa tensa ante el momento propicio, la revolución como acontecimiento absoluto, el líder como profeta, etcétera Estas figuras reaparecen en un marxismo transfigurado, convertido ahora en una doctrina a partir de la cual el profeta puede descifrar los signos de la revolución inminente y anunciarla. Es un marxismo leído en clave catastrofista: el capitalismo es una suerte de encarnación absoluta del Mal y está condenado. El Mal absolutamente desencadenado es ingobernable para sí mismo y sucumbirá como resultado de sus propias crisis. Como en las sectas milenaristas (y más tarde en las protestantes), fatalismo y voluntarismo se articulan en una misma doctrina: el advenimiento del Milenio es inevitable, pero al mismo tiempo hay que estar preparado para ese momento. La vida de la secta no es otra cosa que la espera, en ese clima de “expectativa tensa”, del Momento de la Redención. El llamado “Argentinazo” de 2001 no escapó a este fárrago de interpretaciones, donde las sectas izquierdistas apelaban a sus conceptos fetiche y discutían si se había abierto una “situación prerrevolucionaria” o abiertamente “revolucionaria”. Atrapadas en el imaginario soviético de 1917, debatían febrilmente, en su lenguaje esotérico inaccesible al vulgo, si estábamos ante un “Febrero” o un “Octubre”, si Duhalde era un “Kerensky” o Menem un “Kornilov”. Es que el anuncio profético del Ultimo Día (el “derrumbe” del capitalismo) es siempre relanzado: poco importa la realidad (en todo caso, si la revolución no llega... peor para la realidad). Más tarde o más temprano, la profecía se cumplirá.

Todas las energías prácticas están puestas en seguir el curso de la coyuntura, buscando el momento propicio. Todas las energías intelectuales están puestas en justificar la distancia entre la profecía y la realidad, esto es, en sostener la fe en la espera de un Milenio que tarda en llegar. Practicismo político de un lado, bizantinismo intelectual del otro, la secta política es una gran consumidora de energías. Los resultados del crecimiento no son tangibles, el desarrollo personal está bloqueado, pero la urgencia de las tareas inmediatas no deja tiempo ni espacio para la reflexión sobre la propia situación, sobre el encierro de la secta que se comienza a vivir como asfixiante. Compartir con otros camaradas las dudas puede ser riesgoso, engendra culpas y temores (¿cómo romper el juramento iniciático?). Además, ¿cómo retornar a una vida social con la que se han cortado amarras hace mucho tiempo? Este sujetamiento imaginario lleva al militante de la secta a permanecer un sobretiempo como militante en crisis (inconfesada) y luego otro lapso más, en el purgatorio de los ex militantes. Sólo en este marco puede comprenderse el pasaje de miles (o cientos de miles) de jóvenes por las sectas, su seducción por lo distinto, su fascinación por la disciplina, su esperanza mesiánica, su abnegada disposición militante, su cansancio o su asfixia posterior, su alejamiento de la secta y su retorno a la vida en sociedad. El ex militante suele internalizar el discurso de la secta y vive culposamente su alejamiento: no fui capaz de aceptar la disciplina, no tuve la fe suficiente, no fui de los mejores. Sólo permanecen en la secta la dirección y algunos elegidos: la base y los sectores medios fluyen incesantemente, como el río de Heráclito.

Pero volvamos a la relación entre la secta y los movimientos sociales, que definí desde un principio como una relación de exterioridad. La secta aspira a romper su pequeño círculo y devenir partido, liderando el movimiento de masas. Pero esta aspiración explícita a dejar de ser un pequeño grupo choca con el imaginario que la lleva a perpetuarse como grupo separado y calificado. Esta situación es más controlable en un grupo pequeño o mediano. De ahí la identificación, en el sentido común, de la secta con un grupo pequeño. En verdad, hasta cierto nivel, la secta puede crecer cuantitativamente manteniendo la misma estructura, pero un proceso de crecimiento repentino constituye una amenaza para la preservación de la secta como grupo distinto, cohesionado, singular, y un riesgo de pérdida de control por parte de la dirección. Llegado este punto, sólo caben dos posibilidades: o la presión social, a través de los nuevos miembros, modifica la estructura de secta, pudiendo devenir, por ejemplo, partido o movimiento político, o la estructura de secta es tan fuerte y tan férreamente defendida por los viejos miembros, que la contradicción se resuelve en una crisis aguda, que trae consigo el abandono por parte de los recién llegados y/o nuevas subdivisiones. El cisma, la vuelta al grupo chico, controlable, es el triunfo de la lógica burocrático-religiosa de la secta sobre la lógica de la política. Marx lo señaló admirablemente en la carta que cité anteriormente: “La secta ve la justificación de su existencia y su ‘punto de honor’, no en lo que tiene en común con el movimiento de clase, sino en el peculiar sésamo que la distingue de él”, le escribe a Schweitzer. En una nueva etapa de desarrollo del movimiento de masas, la secta podría quizá integrarse en el “movimiento general como elemento que lo enriqueciese”; sin embargo, la secta lassalleana “exigió del movimiento de clase que se subordinase al movimiento de una secta particular. Quienes no son amigos de usted —remata Marx— han concluido de esto que, pase lo que pase, usted quiere conservar su propio movimiento obrero”. El subrayado es de Marx: la secta fue incapaz de contribuir a la (auto)constitución del movimiento obrero alemán; antes bien, quiso preservarse como tal y conservar “su propio movimiento obrero”. El paralelo con las sectas políticas argentinas y su afán por conservar, aun al riesgo de la fragmentación y el debilitamiento del movimiento en su conjunto, su propio movimiento piquetero, es flagrante. Creo que no requiere de comentarios adicionales.

Mi conclusión es que las sectas de la izquierda argentina han podido crecer cuantitativamente, pero siempre dentro de su lógica y dentro de su territorio, que funciona como una suerte de enclave. La secta no crece contribuyendo a construir el movimiento social, en una dialéctica donde esa construcción del movimiento se decanta casi naturalmente en un crecimiento de sus filas: la secta crece a expensas del movimiento social, intenta capturar a sus dirigentes naturales, quiere imponerle su programa, su lógica política y, sobre todo, su forma.

Horacio Tarcus

La lenta agonía de la vieja izquierda y el prolongado parto de una nueva cultura emancipatoria
2005 -
Inprecor

El mito de convencer a todos



"La victoria sobre el elemento reaccionario está asegurada si se toman
las cosas por la raíz, si se es consciente de su proceso contradictorio.
Si se procede de otra manera, se aboca ineluctablemente a las posiciones
mecanicistas, economicistas y metafísicas;dicho de otro modo, al desastre".

Wilhelm Reich - La psicología de masas del fascismo


La escena es repetida: cualquiera que trabaje en una empresa o sector de la misma donde predominan los wannabe de clase alta, es decir los clase media que sueñan y sueñan con lo que nunca serán, lo sufre todos los días laborales. Es ese sector irreductiblemente inmune a cualquier medida que tome el actual Gobierno Nacional, así sea en su propio beneficio; comentarios racistas ("le van a dar LCD's a los negros"), burlas generales a la Presidente, de todo tipo ("ja, ¿viste como la gastó Obama en la última cumbre del G-20?, la boluda se creyó que era en serio"), comentarios apocalípticos sin ningún argumento anclado en la realidad ("esto se va todo a la mierda") y una larga lista de etcéteras.

Se torna prácticamente imposible entablar un diálogo medianamente coherente, ni aún con paciencia y buena voluntad, mostrando cifras como la relación entre deuda y PBI por citar una sola. Ávidos lectores de tapas de diarios y solapas de libros, creen poseer un saber superior que uno, pobre tonto en el mejor de los casos o sospechoso de recibir alguna prebenda oficial en el peor, no podrá jamás alcanzar. Preocupadísimos por la falta en el mercado de teléfonos móviles BlackBerry, generan escenas dignas de una película de Buñuel como la que me tocó presenciar dias pasados: Una compañera se compró un móvil Samsung de los que se están ensamblando en Tierra del Fuego y al segundo día de uso no le andaba la radio; el muchachito que hace como que se encarga del mantenimiento de la red en la empresa, después de mirarlo y toquetearlo un poco le dijo sonriendo irónicamente "Vas a tener que llevarlo al service, es un teléfono trucho de estos que hace Cristina, ja" (sic). Y no era ningún problema para service: Está programado en Java, así que reseteando la aplicación todo volvió a la normalidad en segundos (lo mismo puede pasar con un móvil fabricado en Holanda, EEUU, Corea o Marte). Hablados por los grandes medios de la derecha, estos aldoriquistas de nuevo cuño han desterrado para siempre la palabra duda de su diccionario personal.

Sin embargo en cierto sector del universo nac & pop, seguidista hasta la exasperación, ha prendido el concepto contrafáctico -nunca refrendado por la historia- de que por alguna magia extraña es posible convencer a todos de ir en determinada dirección, por lo que no habría que "confrontar" desestimando insensatamente de un plumazo que en toda sociedad capitalista las tensiones y confrontaciones son parte constitutiva de la misma. En la misma linea podríamos citar el risible "todos tenemos que ser de clase media" como he leído de cierto reputado bloguero, como si en una sociedad de clases eso fuese posible. Hay un porcentaje no desdeñable de nuestra sociedad -de cualquier sociedad- que jamás verá con buenos ojos o al menos con cierta indulgencia todo proceso que conlleve mejoras para los más desposeídos y esto llega al paroxismo hasta de criticar beneficios para si mismos, como el subsidio al transporte público que utilizan o a los servicios de luz y gas. Irónicamente serán los primeros en protestar e insultar si el Gobierno Nacional decidiera quitarlos. En este sentido y paradójicamente creen, al igual que los trotskistas, que el economicismo rige de forma inexorable y determinante los comportamientos de cada ser humano.

Argentina jamás tendrá una "Comunidad Organizada". El propio Perón lo pudo experimentar en carne propia una vez que la reacción pudo organizarse para sacarse a la negrada de encima. Y con un país que tenía por entonces los más altos índices de ocupación, bienestar general, seguridad y movilidad social.


La izquierda vulgar se define a si misma

Mientras que por estas pampas cierto sector de la nueva izquierda estudiantil de la CABA -el cuasi fenecido Proyecto Sur y ex aliados, que hoy están con el Comandante Binner, mañana con quién les asegure la beca parlamentaria- ensalza a Rafael Correa, Hugo Chávez y Fidel como auténticos lideres revolucionarios en contraposición a este gobierno entreguista –y lo son (Fidel), están camino de serlo (Chávez) o van hacia una democracia avanzada (Correa), sólo que los muchachos construyen un relato angelical y perfecto de lo que pasa en esas naciones hermanas nada más que para “correr” y desinformar-, allá en la galaxia de la izquierda kafkiana se dicen otras cosas:

“(hay construir una clara alternativa contra los nuevos gobiernos latinoamericanos) que tienen un discurso con frases robadas a la izquierda, que hablan de socialismo, de revolución, que reivindican al Che, pero que reprimen a los trabajadores, como Chávez acaba de hacer en Venezuela y en cuyos países la situación de los trabajadores es cada día peor”.
Daniel Campos, líder de Izquierda De Los Trabajadores - Argentina

“Cada vez más los trabajadores, campesinos y estudiantes van entendiendo, con fuertes golpes, que Alianza País no es su gobierno. (…) Para ello es fundamental plantear planes de lucha unitarios de todas las organizaciones sindicales y organizaciones de base, exigiendo a la burocracia sindical y a los partidos de izquierda tradicionales que rompan sus pactos con el gobierno. También es necesario coordinar las luchas con los campesinos y estudiantes. Debemos parar el diálogo improductivo y conciliador. En esta lucha los trabajadores tienen que recuperar la independencia de clase para poder enfrentar al gobierno de Correa y derrotar los planes patronales”.
Movimiento Al SocialismoEcuador

Convocamos a un Levantamiento Plurinacional en el Ecuador, en articulación con los distintos sectores sociales, precedido de acciones y movilizaciones concretas, en contra de las políticas neoliberales y extractivistas aplicadas por el Gobierno de Rafael Correa”.
Gobierno de las Nacionalidades y Pueblos del Ecuador Conaie- Ecuarunari- Confeniae- ConaiceEcuador

Hay una división de aguas en la izquierda latinoamericana (hay que) explicar pacientemente a las masas latinoamericanas que Chávez no tiene nada que ver con el socialismo”.
Liga Internacional de los Trabajadores (LIT) / Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU)Brasil

“Esta nueva dirección contrarrevolucionaria, apañada y financiada por Fidel Castro y los partidos Socialdemócratas Europeos, está encabezada por Hugo Chávez, ante el cual se arrodillaron muchos de los que hasta hace poco se declaraban socialistas consecuentes".
Juan Carlos Beica, Convergencia SocialistaArgentina

“(Acerca de la Revolución Bolivariana) No confiamos en una revolución desde arriba, con rangos militares, que ordena a sus seguidores en “batallones” partidarios, que sueña con la utopía de una integración de los capitales multinacionales y venezolanos para industrializar al país y promover la justicia social”.
Rodolfo Baltierra, Izquierda Punto InfoArgentina

“La abrumadora maquinaria de propaganda y publicidad del gobierno se encarga de vender como “revolucionarias” y hasta “socialistas” sus políticas, afirmando en ese sentido que su gestión de la crisis económica es “obrerista” y “en defensa de los más pobres”. Sin embargo, un breve examen de la realidad permite ver la completa falsedad de estas afirmaciones”.
Liga de los Trabajadores por el SocialismoVenezuela

“Respecto a la soberanía los temas fundamentales son: la política sobre los recursos naturales como el petróleo, la minería y la telefonía móvil y el pago de la deuda externa. En estos aspectos no existe un cambio sino una continuidad que se expresa en hechos como los siguientes: se sigue pagando puntualmente la deuda externa”.
Movimiento al SocialismoEcuador

(acerca de Hugo Chávez) “El líder “bolivariano” ha demostrado con creces ser un dirigente burgués de un sector de los capitalistas venezolanos que se enriquecen de las rentas del petróleo y de todo tipo de negociados con el Estado. No es un líder socialista. Es el líder de la llamada “boliburguesía”. Por su carácter burgués nunca podrá ser un antiimperialista consecuente y, a pesar de su retórica y de ciertos roces con el imperialismo, seguirá manteniendo a Venezuela en la condición de país semicolonial”.
Partido de los Trabajadores - Paraguay

“El discurso del “golpe de estado” generó una falsa polarización a nivel nacional, pero sobre todo a nivel internacional (…) Es así como el aparato gobiernista busca movilizar a las masas en respaldo a Correa para justificar y hacer aceptable para ellas el carácter bonapartista y totalitario del gobierno en la aprobación de las leyes. Gran parte de la izquierda mundial se ha sumado al apoyo al gobierno dejándose llevar por el discurso del presidente y sus acólitos”.
MAS - Sección ecuatoriana de la Liga Internacional de los Trabajadores - Ecuador

 

Imagen: Público.es

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