Gramsci, por Eric Hobsbawm (II)

El pensamiento estratégico de Gramsci no solo está, como siempre, lleno de introspecciones históricas brillantes, sino que tiene gran importancia practica. No es que Gramsci optase por una estrategia de guerra prolongada o posicional en Occidente, en oposición a lo que él denominaba ataque frontal o guerra de maniobras, sino cómo analizó estas opciones. Sabiendo de sobra que ni en Italia ni en gran parte de Europa iba a producirse ninguna revolución de octubre a partir de comienzos de la década de 1920 -ni había perspectivas realistas de que surgiese ninguna-, obviamente tuvo que considerar una estrategia de largo recorrido. Pero no se comprometió en principio con ningún resultado concreto de la prolongada “guerra de posición” que predijo y recomendó. Esta podría conducir directamente a una transición al socialismo o a otra fase de la guerra de maniobras y ataque o a alguna otra fase estratégica. No obstante, consideró una posibilidad que pocos marxistas han abordado con claridad, es decir, que el fracaso de la revolución en Occidente podría producir a largo plazo un debilitamiento mucho más peligroso de las fuerzas del progreso a través de lo que él denominó una “revolución pasiva”. Por otro lado, la clase dirigente podría conceder ciertas exigencias para prevenir y evitar la revolución y por el otro el movimiento revolucionario podría encontrarse en la práctica (aunque no necesariamente en teoría) aceptando su impotencia y quedando desgastado y políticamente integrado al sistema. En resumen, la “guerra de posición” tenia que estar sistemáticamente concebida como una estrategia de lucha más que simplemente como algo que los revolucionarios tenían que hacer cuando no había perspectivas de construcción de barricadas. Gramsci evidentemente había aprendido por la experiencia de la socialdemocracia anterior a 1914 que el marxismo no era un determinismo histórico. No bastaba con esperar que la historia condujese de alguna manera a los trabajadores al poder automáticamente.

Gramsci insiste en que la lucha para convertir a la clase obrera en una potencial clase dirigente, la lucha por la hegemonía, se tiene que librar antes de la transición al poder´, así como durante y después de acceder a él. Pero esta lucha no es simplemente un aspecto de la “guerra de posición”, es un aspecto crucial de la estrategia de los revolucionarios en todas las circunstancias. Naturalmente la consecución de la hegemonía, en la medida de lo posible, antes de la transferencia del poder es especialmente importante en países en los que el núcleo de la clase dirigente descansa en la subordinación de las masas en lugar de hacerlo en la coacción. Este es el caso  de la mayoría de los países “occidentales”, diga lo que diga la ultraizquierda y por más que no se ponga en duda el hecho de que en el último análisis la coacción está ahí para ser usada. El problema básico de la hegemonía, considerado estratégicamente, no es cómo acceden al poder los revolucionarios, aunque esta es una cuestión muy importante. Se trata de cómo consiguen ser aceptados, no sólo como gobernantes políticos existentes e inevitables, sino como guías y lideres. Hay obviamente dos aspectos: cómo conseguir el consentimiento y si los revolucionarios están preparados para ejercer el liderazgo. Está también la situación política concreta, tanto nacional como internacional, que puede hacer que sus esfuerzos sean más efectivos o más difíciles. Los socialdemócratas alemanes de 1918 probablemente habrían sido aceptados como fuerza hegemónica pero no quisieron actuar como tal. En ello radica la tragedia de la revolución alemana. Los comunistas checos podrían haber sido aceptados como fuerza hegemónica tanto en 1945 como en 1968 y estaban dispuestos a desempeñar ese papel, pero fueron incapaces de hacerlo. La lucha por la hegemonía antes, durante y después de la transición (sea cual fuere su naturaleza y velocidad) es crucial.

La estrategia de Gramsci tiene como núcleo un movimiento de clase permanente y organizado. En ese sentido, su idea de “partido” vuelve a la concepción del propio Marx -por lo menos en la etapa posterior de su vida- del partido como, digámoslo así, clase organizada, aunque él mismo dedicó más atención que Marx y Engels -e incluso que Lenin- no tanto a la organización formal como a las formas de liderazgo y estructura política y a la naturaleza de lo que él denominó la relación “orgánica” entre clase y partido. Ahora bien, en la época de la revolución de Octubre la mayoría de los partidos de masas de la clase obrera eran socialdemócratas. Gran parte de los teóricos revolucionarios, entre ellos los bolcheviques antes de 1917, estaban obligados a pensar sólo en términos de partidos o grupos de cuadros de activistas movilizando el descontento de las masas como y cuando podían, porque los movimientos de masas o bien no estaban permitidos o eran, a menudo, reformistas. Todavía no podían pensar en términos de movimientos obreros de masas permanentes y arraigados pero al mismo tiempo revolucionarios que desempeñasen un importante papel en la escena política de sus países. La experiencia histórica italiana le había familiarizado con minorías revolucionarias que no tenían esa relación “orgánica”, sino que eran grupos de “voluntarios”  movilizando como y cuando podían “en absoluto a partidos de masas… sino el equivalente político de bandas de gitanos o nómades” [Cuadernos de la cárcel]. Gran parte de la política de izquierdas incluso hoy en día -y quizá especialmente hoy- se basa asimismo y por razones similares no en la clase obrera real con su organización de masas, sino en una clase trabajadora nominal, en una especie de visión externa de la clase trabajadora o de cualquier grupo susceptible de ser movilizado. La originalidad de Gramsci es que él era un revolucionario que nunca sucumbió a esa tentación. La clase obrera organizada tal como es, y no como en teoría debería ser, fue la base de su análisis y estrategia.

El pensamiento político de Gramsci no era solamente estratégico, instrumental u operativo. Su objetivo no era simplemente la victoria, después de la cual comienza un orden y un tipo de análisis diferente. De vez en cuando toma algún problema o incidente histórico como punto de partida y a continuación generaliza a partir del mismo, no solamente sobre la política de la clase dirigente o de algunas situaciones similares , sino sobre toda la política en general. Esto es así porque es consciente en todo momento de que hay algo en común entre las relaciones políticas de los hombres en todas las sociedades o por lo menos en una gama históricamente muy amplia de sociedades; por ejemplo, como le gustaba recordar, la diferencia entre dirigentes y dirigidos. Nunca olvidó que las sociedades son más que estructuras de dominio económico y de poder político, que tienen una cierta cohesión incluso cuando están desgarradas por las luchas de clases (un concepto que ya apuntó Engels mucho antes), y que la liberación de la explotación proporciona la posibilidad de constituirlas en verdaderas comunidades de hombres libres. Nunca olvidó que responsabilizarse de una sociedad -real o potencial- es más que cuidar de los intereses inmediatos de clase o de sección o incluso de Estado: que, por ejemplo, presupone continuidad “con el pasado, con la tradición o con el futuro”. Por lo tanto, Gramsci insiste en la revolución no simplemente como la expropiación de los expropiadores, sino también como la creación de un pueblo, la realización de una nación; como la negación y el cumplimiento del pasado. En efecto, las obras de Gramsci plantean el importante problema, que se ha debatido muy poco, de qué es exactamente lo que se revoluciona del pasado en una revolución, y qué se conserva y por qué y cómo, de la dialéctica entre continuidad y revolución. Para Gramsci esto es importante  no en sí mismo, sino como medio de movilización popular y auto transformación, de cambio intelectual y moral, de autodesarrollo colectivo como parte del proceso por el cual, en sus luchas, un pueblo cambia y se sitúa bajo el liderazgo de la nueva clase hegemónica y su movimiento.

Aunque Gramsci comparte la habitual sospecha marxista de especulaciones sobre el futuro socialista, a diferencia de la mayoría de ellos, él no busca ninguna pista del mismo en la naturaleza del propio movimiento. Si analiza su naturaleza y estructura y desarrollo como movimiento político, como partido, tan minuciosa y microscópicamente, si rastrea, por ejemplo, el surgimiento de un movimiento organizado y permanente, en oposición a una rápida “explosión”, hasta sus elementos capilares y moleculares más diminutos (como él mismo los llama) , lo hace porque ve que la sociedad futura se sustenta en lo que él denomina “la formación de una voluntad colectiva” a través de dicho movimiento y solamente a través de dicho movimiento. Porque únicamente de este modo puede convertirse una clase subalterna en una clase potencialmente hegemónica, o si se quiere, estar capacitada para construir el socialismo. Sólo de este modo puede, a través de su partido, convertirse verdaderamente en el “Príncipe moderno”, en el motor político de la transformación. Y al construirse a sí misma, en cierto sentido establecerá ya alguna de las bases sobre las que se construirá la nueva sociedad, y algunos de sus perfiles aparecerán en ella y a través de ella.

Eric Hobsbawm
Cómo cambiar el mundo
© 2011 Editorial Paidós / Crítica

El cielo abierto: Acerca de la minería

Cuándo cada una de las partes quiere galvanizar a su propia tropa una de las tareas más arduas es poder llegar a una síntesis o a una instancia superadora, pero podríamos empezar por definir algo: La relatividad de las cosas. Es inaceptable o intelectualmente deshonesto y heredero de lo peor del populismo seguidista decir: “Si el pueblo no quiere tal cosa no se hace”. Primero porque actualmente y al menos en Argentina no conozco un significante vacío más grande que la palabra Pueblo; si hace referencia al número de los movilizados por alguna causa entonces las peores tendencias represivas de la sociedad, como los que marcharon y marcharán por “meta bala al delincuente”, es plenamente el Pueblo. Ni hablar de los miles de hombres y mujeres de a pie que fueron arrastrados bajo las consignas de la burguesía y se sintieron parte de las patronales agro-financieras durante el intento de Golpe de Estado del 2008, en absoluta contradicción con sus propios intereses de clase. No existe una categoría Pueblo en si misma prescindiendo de la ideología, ese análisis flaquearía al analizar que el mismo pueblo que se movilizó bajo dictadura un 30 de marzo de 1982 y fue reprimido con ferocidad reapareció tres días después para vivar a sus verdugos exactamente en el mismo lugar, siendo presa del identitarismo tan caro y funcional a nuestras clases dominantes. Esto ya fue planteado por Marx en Miseria de la Filosofía:

En principio, las condiciones económicas habían transformado la masa del país en trabajadores. La dominación del capital ha creado en esta masa una situación común, intereses comunes. Así, esta masa viene a ser ya una clase frente al capital, pero todavía no para sí misma. En la lucha, de la cual hemos señalado algunas fases, esta masa se reúne, constituyéndose en clase para sí misma. Y los intereses que defienden llegan a ser intereses de clase. [pero] Las categorías económicas son sólo las expresiones teóricas, las abstracciones de las relaciones sociales de producción.

Años después otro brillante teórico y militante como György Lukács complementaría el razonamiento de no caer en la tentación del seguidismo inmovilizante y profundamente reaccionario –a contrapelo de su pretendida defensa “del pueblo”- a todo el ámbito de la esfera de la cultura y la psicología de masas en su obra Historia y conciencia de clase:

En el caso de que la sociedad actual no pueda, como quiera que sea, ser percibida en su totalidad partiendo de una situación de clase determinada, en el caso de que incluso la reflexión consecuente, que llega hasta el fin y tiene por objeto los intereses de la clase, reflexión que se puede adjudicar a una clase, no concierna a la totalidad de la sociedad, semejante clase no puede representar sino un papel subalterno y no puede jamás intervenir en la marcha de la historia como factor de conservación o de progreso. Semejantes clases están, en general, predestinadas a la pasividad, a una oscilación inconsecuente entre las clases dominantes y las clases portadoras de revoluciones, y sus explosiones eventuales revisten necesariamente un carácter elemental, vacío y sin finalidad, y están condenadas, aun en caso de victoria accidental, a la derrota final.

Pensar en una situación histórica concreta y las fuerzas que se movilizan es inescindible de la ideología que anima a las mismas, es decir del conjunto de valores, normas y sentido común que una de ellas ha logrado imponer culturalmente a otras. Y segundo, el fetichismo de las cosas per se es mas bien propio de holgazanes políticos –si hablamos de izquierda o demócratas de izquierda- o generalmente funcional a los defensores del status quo. Entonces, consignas justas como la defensa del medio ambiente o el agua es más valiosa que el oro pierde de vista por su mismo vacío ideológico ahistórico y aparente “neutralidad” la discusión de los cómo, cuándo y porqué, donde los primeros perjudicados serán en definitiva los mismos pobladores de aquellas regiones de nuestro país que viven en sistemas económicos feudales y pre capitalistas. Este aparente radicalismo de izquierda –no curiosamente alentado por sus verdugos históricos- está encajonado y limitado por su propio análisis mecanicista acerca de la caracterización del Estado. Si todo estado es burgués y represivo por su propia naturaleza (y si tomamos los escritos de los padres fundadores como una Biblia y no como una guía para la acción es así, actitud muy poco marxista, mas bien blanquista) entonces no importan ni las contradicciones que se puedan encontrar en su seno ni las fuerzas en pugna que lo quieran dotar de un sentido u otro; ergo, todo maximalismo sería así bienvenido y revolucionario. Ese dislate, por ejemplo, ha llevado a ciertos partidos de izquierda y organizaciones indigenistas a apoyar el intento de golpe de estado policial en Ecuador por considerarlo una rebelión de trabajadores contra el gobierno pro-minero de Rafael Correa (sic). Esta izquierda vive buscando en los sujetos más inverosímiles su propio sujeto revolucionario, a contrapelo de cualquier análisis sereno de condiciones objetivas y subjetivas, de correlación de clases y de fuerzas y, sobre todo, prescindiendo de la elemental pregunta leninista: ¿Quién gana?

Por el otro lado dentro de la militancia de la coalición gobernante hay una endogamia asfixiante que, al sentirse atacada, reacciona abroquelándose sin más detrás de cualquier tipo de medida también prescindiendo de sus resultados concretos e incapaz de generar políticas propias que no sean ir a abroquelarse a su pesar junto a las transnacionales mineras depredadoras como la Barrick Gold. También aquí el fetiche de las cosas hace estragos: Si los gobiernos provinciales fueron legitimados en las urnas entonces cualquier cosa que hagan está bien. Así llegamos al extremo que todo pensamiento alternativo sea demonizado por ser funcional a los intereses del activo campo de la reacción; eso no es dar batalla y plantar cara a los que momentáneamente se retiraron de la escena en el 2001 (para reagruparse y juntar fuerzas para un nuevo asalto y colonización del Estado, como vemos ahora) por su imposibilidad de manejar la cosa pública, mas bien es actuar políticamente dentro del territorio hábilmente delimitado por los mismos. Y bien sabemos que muchos gobiernos provinciales se encuentran apegados a la actual gestión nacional solo por una cuestión táctica y no vacilarán un segundo en pasarse con armas y bagajes a quien les ofrezca algún lugar bajo el sol de sus propios intereses, que desde ya la historia ha demostrado que son absolutamente autónomos y prescindentes de las necesidades de sus propios gobernados.

Dado que la izquierda vulgar no quiere por su propia holgazanería, deficiencias ideológicas y dificultad en transmitir un sentido común y la derecha obviamente explotará cualquier cosa que estimen que horada al Gobierno, la alternativa superadora es plantar de cara a la sociedad que el modelo de federalismo mal entendido impuesto por la infausta Constitución de 1994 es absolutamente contrario al bien común. Los recursos naturales jamás pueden ser propiedad de una provincia, porque son parte del capital estratégico de toda la nación y tampoco pueden ser entregados a manos extranjeras bajo el pretexto de “los capitales que nos hacen falta”. La lógica de la ultra ganancia no se detiene en nada, ni en el medio ambiente ni en minucias como no agotar rápidamente la riqueza de la tierra a cualquier costo y teniendo una visión armonizadora del desarrollo del país. Durante años la sociedad fue convencida que nada menos que el agua -recurso que asegura la reproducción de la vida misma- estuviese en manos privadas y sin embargo esa lógica pudo ser rota con decisión (¿alguien en su sano juicio, así sea el opositor más acérrimo propone privatizarla nuevamente?). Es decir, a este gobierno siempre le fue mejor cuando fue audaz e impuso temas que aparentemente el sentido común dominante marcaba como no negociable; pero para eso es inevitable avanzar en cuestiones basales –afectando claro está los intereses personales de los feudales-, como la Reforma Constitucional y la recreación de Yacimientos Carboníferos Fiscales, una empresa estatal que vele por la utilización racional de nuestros recursos mineros y el cuidado del medio ambiente. Así como se desarrolla hoy la actividad, con lugares infranqueables hasta para el Poder Judicial, custodiados  por fuerzas de seguridad que actúan como guardia de corps de intereses privados y con una lógica extractiva y rentística, no solo quizás nos estamos comprando una bomba de tiempo sino que es un capitulo más en la primarización de nuestra economía, tanto como la soja.

Por ahora asistimos entonces a este minué falso de “Mineria Barrick Gold sí vs No a la minería (total)”. No hay que detenerse en estos neo-radicalistas que han encontrado en la causa ecologista su nuevo fetiche con el que piensan trascender el gueto ideológico paleozoico pero que jamás se imaginan a sí mismos disputando y gestionando el poder por lo que no pueden –ni quieren- presentar propuestas alternativas. Simplemente, después de aterrorizar a la población de cada lugar con imágenes extraídas de otras catástrofes ambientales en un maridaje demencial con una ONG conducida y creada por un chiflado-vivillo que cree en vida intraterrena y extraterrestre (curiosa izquierda que necesita mentir cuando se propone como la Verdad) se retirarán a sus lugares de origen felices y contentos de mantener sus almas en paz y pureza. Y de la derecha realmente existente sería de ingenuos esperar algo, así sea la mínima racionalidad.

Nacer, vivir y morir comiendo basura

Sólo por nuestro amor a los desesperados conservamos todavía la esperanza
Walter Benjamín

Esa gente joven que hemos visto en televisión no querían cambiar el mundo.
Lo que quieren es volver a entrar al mundo.
Y los mayores sólo quieren regresar a un trabajo decente
Carlos Auyero

 

Nota del autor: Este post fue escrito en otro blog hace casi un año atrás, poco días después de cometida la masacre de José León Suarez. Lo transcribo en un modestísimo homenaje a las víctimas directas, a sus familiares que aun esperan justicia y a todos mis compatriotas de la Argentina invisible.

 

Una vez más, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires -encarnado para la ocasión por su no jefe Daniel Scioli y su ministro de inseguridad, el ex candado del Servicio Penitenciario Ricardo Casal- y su brazo legal armado la Maldita Policía, se han cobrado la vida de dos jóvenes, Franco Almirón de 17 años y Mauricio Ramos, de 16. Según todos los indicios y presunciones fueron virtualmente ejecutados desde corta distancia por las escopetas calibre 12/70 de los Patas Negras. Ricardo Casal, que representa a la Policía ante el Gobierno Provincial y no al revés como debería ser la lógica, salió presuroso a refrendar la versión de la misma: Una banda armada -de la que no se tiene constancia ni se sabe quienes la integran- que supuestamente se dedica a descarrilar formaciones de tren para robar su contenido y que los uniformados no tuvieron otra opción que defenderse dado los disparos de armas de fuego que habían impactado sobre los móviles policiales, siendo que hasta el momento de escribir este post no han podido mostrar una sola foto que lo corrobore.

Franco y Mauricio eran dos pibes viviendo bajo todos los fuegos cruzados posibles: El de la pobreza extrema, la marginación social, la falta de estudios y trabajo, la persecución de la Policía por portación de rostro por un lado y la de los traficantes de substancias prohibidas por las autoridades sanitarias competentes por el otro. Casi como decir que sus futuros tenían la marca de la muerte desde que nacieron; su única dispensa gratuita era que los dejen revolver basura en el CEAMSE durante una hora y media para tratar de obtener alguna fruta en no tan mal estado o latas de alimentos vencidos que los supermercados vierten allí para llevar algo a sus casas para comer. Nunca conocieron ni les permitieron conocer otra cosa, ni siquiera en su familia conservan la memoria histórica de lo que es tener un trabajo formal, porque deben ser la tercera generación de desocupados crónicos que el modelo neoliberal implantó a sangre y fuego durante la dictadura y fue abrochado con moño de oro durante el menemato, cuando el Conurbano Bonaerense –con la complicidad y/o aquiescencia del ejecutivo provincial y los ejecutivos municipales- fue transformado en un gigantesco Soweto. El bestial accionar policial no es fruto de ningún desborde o descontrol; es parte intrínseca y ejecutora del modelo que el Gobernador Scioli –y tantos otros políticos, para ser justos- pretende y quiere para la Provincia. Donde tendría que haber asistentes sociales, hay uniformes; donde tendría que existir la presencia del Estado para contener, dar comida y servicios sanitarios, sólo se hacen presente las balas, contrariando el modelo de inclusión y de la resolución amistosa y consensuada de los conflictos que baja desde el Gobierno Nacional.

Mas allá de ser un sistema intrínsecamente injusto por su propia naturaleza predatoria y darwiniana, el capitalismo ha llegado a un estadío superior en su perversa lógica: Si durante muchos años se dijo que se necesitaba un “ejército de reserva” de desocupados para presionar a la baja a los salarios, hoy ni siquiera eso; directamente, hay gente que sobra porque ni siquiera califica como reservista, que es alguien que ha recibido instrucción en algo y que prestamente puede ocupar el lugar del despedido. ¿Y qué se hace con lo que sobra? Daniel Scioli –la gran esperanza blanca de los grandes grupos empresarios- tiene la respuesta. No es cuestión de nombres, no es Casal ni su pasado como penitenciario ni su manera de (no) pensar; con el ex fiscal Stornelli pasaba exactamente lo mismo. Es en la propia política e ideología del Ejecutivo Provincial donde se deben buscar las respuestas cuando se producen estos trágicos sucesos de tanto en tanto. Y más grave aún: De seguir el Estado Provincial pretendiendo resolver violentamente las contradicciones que sus propias políticas de inacción social provocan, estará incubando una bomba de tiempo que no tardará mucho en estallar; hace un tiempo, el filósofo José Pablo Feinmann publicó un relato ficcional acerca de un levantamiento masivo de los Condenados de la Tierra, hartos de todo hartazgo. Con las valientes excepciones del Chino Navarro, Emilio Pérsico y Edgardo De Petri [*] nadie desde el oficialismo provincial salió a repudiar los crímenes ni a apuntar al problema real que aqueja a vastos sectores juveniles del Conurbano; nada sorprendente por otra parte en políticos pequeños-pequeños que sea por omisión, porque están de acuerdo o simplemente por lo señalado certeramente por De Petri. Pero sí es doloroso comprobar como en la bloguería nac & pop el tema fue olímpicamente ignorado, con un par de excepciones apenas.

Apoyar un proyecto no debería implicar bancar crímenes; si se piensa que no hablar de esto ayuda al Gobierno Nacional en algo para su futura performance electoral a fines de este año no sólo es un cálculo erróneo, sino que ya entra lisa y llanamente en el terreno de la hijoputez.

[*] A los que hoy -y valientemente dada su investidura y los que conflictos que seguro le va a ocasionar- se les ha sumado el vicegobernador de la Provincia, Gabriel Mariotto.

Recuerdos del suburbio

Bombardeo_Fusiladora

Morón, junio de 1970, Tucumán casi esquina Intendente Grant, un barrio por entonces mezcla de clase media y obrera. El almacén de Don Quito -radical, gorilón, el pudiente de la cuadra- era nuestro centro de aprovisionamiento, el referente de las doñas y de los pibes que comprábamos caramelos. Con mis 7 años mis preocupaciones pasaban por la escuela, jugar a la pelota en la calle y saber cómo iba a formar Boca el domingo. Casi un mundo feliz. Una tarde, la radio empezó a cortar todas las transmisiones con flashes informativos: Que el general Aramburu había sido ajusticiado. No decían eso, por supuesto, sino asesinado; la Argentina de superficie, la legal, la permitida, la minoritaria se horrorizó, pero estaba la otra Argentina…

No entendía mucho del asunto pero parecía algo grave. Mi mamá me había dejado una lista con cosas para comprar así que me fui para lo de Don Quito. Estaba hablando con un cliente, casi el arquetipo del obrero peronista: Morochazo, poblados bigotes con las puntas hacia abajo y la ropa Grafa de la metalúrgica. Entre los 100 gramos de salame y 100 de queso escuché:

DQ: ¿Vió que barbaridad lo de Aramburu? No se puede creer

O: (pequeño silencio, un rictus casi imperceptible de alegría) Bien muerto está ese hijo de puta

Me impresionó el tono, la firmeza, la mirada. Y ante el silencio, siguió:

O: Y ahora falta el otro…

DQ: ¿Qué otro?

O: El otro, el Hormiga Negra [el almirante Isaac Francisco Rojas]

Describir la génesis del Estado es describir la génesis de un campo social, de un microcosmos social relativamente autónomo dentro del mundo social que lo engloba, en el que se juega un juego particular: el juego político legítimo. Tomemos como ejemplo la invención del Parlamento, lugar donde se debate sobre cuestiones que oponen a grupos de interés, reglamentariamente, siguiendo reglas, públicamente. Marx sólo había visto las bambalinas del asunto: el uso de la metáfora del teatro, de la teatralización del consenso, oculta el hecho de que hay personas que mueven los hilos y de que los verdaderos problemas, los verdaderos poderes estarían en otra parte. Hacer la génesis del Estado es hacer la génesis de un campo donde lo político va a actuarse, a simbolizarse, a dramatizarse reglamentariamente.

Entrar en este juego de lo político legalizado, legitimo, es tener acceso a ese recurso gradualmente acumulado que es “lo universal”, en la palabra universal, en las posiciones universales a partir de las cuales se puede hablar en nombre de todos, del universum, de la totalidad de un grupo. Se puede hablar en nombre del bien público, de lo que es bueno para el publico y, al mismo tiempo, apropiárselo. Eso está en el principio del “efecto Jano”: hay personas que tienen el privilegio de lo universal, pero no se puede tener lo universal sin monopolizar al mismo tiempo lo universal. Hay un capital de lo universal. El proceso según el cual se constituye esta instancia de gestión de lo universal es inseparable de un proceso de constitución de una categoría de agentes cuya propiedad es apropiarse de lo universal.

La cultura garantizada
Tomo un ejemplo del campo de la cultura. La génesis del Estado es un proceso durante el cual se opera toda una serie de concentraciones de diferentes formas de recursos: concentración de los recursos de la información (la estadística a través de las encuestas, los informes). de un capital lingüístico (oficialización de un dialecto que es erigido como lengua dominante, de modo que todas las demás hablas son sus formas depravadas, descarriadas o inferiores). Este proceso de concentración va de la mano con un proceso de desposeimiento: constituir una ciudad como capital, como lugar donde se concentran todas esas formas de capital, es constituir la provincia como desposeimiento del capital; constituir la lengua legítima es constituir todas las demás lenguas como dialectos. La cultura legítima es la cultura garantizada por el Estado, garantizada por esta institución que garantiza los títulos de cultura, que emite los certificados que garantizan la posesión de una cultura garantizada. El Estado se encarga de los programas escolares. Cambiar un programa es cambiar la estructura de la distribución del capital, es hacer que se deterioren algunas formas de capital. Por ejemplo, eliminar el latín y el griego de la enseñanza es condenar al poujadismo a toda una categoría de pequeños portadores de capital lingüístico. En todos mis trabajos anteriores sobre la escuela había olvidado por completo que la cultura legítima es la cultura del Estado…

Al mismo tiempo, esta concentración es una unificación y una forma de universalización. Allí donde estaba estaba lo diverso, lo disperso, lo local, está lo único. En un trabajo que realicé con Germaine Tillion, comparamos las unidades de medida en diferentes pueblos cabilas en una área de 30 km: encontramos tantas unidades de medida como pueblos. La creación de un patrón nacional y estatal de unidades de medida es un progreso hacia la universalización: el sistema métrico es un patrón universal que supone un consenso, un acuerdo sobre el sentido. Este proceso de concentración, de unificación, de integración es acompañado por un proceso de desposeimiento, ya que todos esos saberes, esas competencias que se asocian a estas medidas locales, son descalificadas. En otras palabras, el propio proceso por el que se gana en universalidad es acompañado por una concentración de la universalidad. Hay quienes quieren el sistema métrico (los matemáticos) y quienes son remitidos a lo local. El propio proceso de constitución de recursos comunes es inseparable de la constitución de esos recursos comunes como capital monopolizado por parte de quienes poseen el monopolio de la lucha por el monopolio de lo universal. Todo este proceso -constitución de un campo; autonomización de ese campo respecto de otras necesidades; constitución de una necesidad específica respecto de la necesidad económica y doméstica; constitución de una reproducción específica de tipo burocrático, específico respecto de la reproducción doméstica, familiar; constitución de una necesidad específica respecto de la necesidad religiosa- es inseparable de un proceso de concentración y de constitución de una nueva forma de recursos que pasan a pertenecer a lo universal, en todo caso a un grado de universalización superior a los que existían antes. Se pasa de un pequeño mercado local al mercado nacional, ya sea a nivel económico o simbólico. En el fondo, la génesis del Estado es inseparable de la constitución de un monopolio de lo universal, cuyo ejemplo por excelencia es la cultura.

Todos mis trabajos previos pueden resumirse del siguiente modo: esta cultura es legítima porque se presenta como universal, como disponible para todos, porque en nombre de esta universalidad se puede eliminar sin temor a quienes no la poseen. Esta cultura, que aparentemente une pero en realidad divide, es uno de los grandes instrumentos de dominación, porque están aquellos que tienen el monopolio de esta cultura, monopolio terrible puesto que no se puede reprochar a esta cultura ser particular. Incluso la cultura científica no hace más que empujar la paradoja a su limite. Las condiciones de la constitución de este universal, de su acumulación, son inseparables de las condiciones de la constitución de una casta, de una nobleza de Estado, de “monopolizadores” de lo universal. A partir de este análisis, podemos proponernos como proyecto universalizar las condiciones de acceso a lo universal. Por ende, es preciso saber cómo: ¿hay que desposeer a los “monopolizadores” para lograrlo? Claramente, no es por allí donde hay que ir a buscar.

Intercambios simbólicos
Para ilustrar lo que he dicho sobre el método y el contenido terminaré con una parábola. Hará unos treinta años en una noche de Navidad, fui a un pequeño pueblo de Béarn para ver un baile de campo. Algunos bailaban, otros no. Algunas personas, de más edad que el resto y con un estilo campesino, no bailaban, hablaban entre si, disimulaban para justificar su insólita presencia. Deberían estar casados, ya que cuando uno está casado ya no baila. El baile es uno de los lugares de intercambio matrimoniales: es el mercado de bienes simbólicos matrimoniales. Había un alto porcentaje de solteros: 50% en el rango de edad de 25-35 años. Intenté encontrar un sistema explicativo de este fenómeno: antes había un mercado local protegido, no unificado. Cuando se constituye lo que llamamos “Estado”, hay una unificación del mercado económico a la que el Estado contribuye con su política y una unificación del mercado de los intercambios simbólicos, es decir, el mercado de la compostura, de la ropa, de la persona, de la identidad, de la presentación. Estas personas tenían un mercado protegido, con base local, en el que tenían un control, lo cual permitía una especie de endogamia organizada por las familias. Los productos del modo de reproducción campesino tenían sus chances en ese mercado: seguían siendo vendibles y encontraban jovencitas.

En la lógica del modelo que he mencionado, lo que sucedía en ese baile era el resultado de la unificación del mercado de intercambios simbólicos: el paracaidista de la pequeña ciudad vecina que llegaba comportándose con arrogancia era un producto descalificante, que quitaba su valor a ese competidor que es el campesino. Dicho de otro modo, la unificación del mercado, que se puede presentar como un progreso, al menos para las personas que emigran, es decir las mujeres y todos los dominados, puede tener un efecto liberador. La escuela transmite una postura corporal diferente, formas de vestir, etc., y el estudiante tiene un valor matrimonial en ese nuevo mercado unificado, mientras que los campesinos son desclasados. Allí se encuentra toda la ambigüedad del proceso de universalización. En el caso de las jóvenes del campo que parten a la ciudad, que se casan con un cartero, etc., hay un acceso a lo universal. Pero ese grado de universalización superior es inseparable del efecto de dominación. Esta unificación del mercado tiene como efecto prohibir de facto la reproducción biológica  y social a toda una categoría de personas.
En esa misma época había estado trabajando con un material hallado de casualidad: los registros de las deliberaciones comunales de doscientos habitantes durante la Revolución Francesa. En esa región, los hombres votaban por unanimidad. Llegan decretos que dicen que hay que votar por mayoría. Deliberan, hay resistencias, hay un bando y otro bando. Poco a poco gana la mayoría: tiene tras de sí lo universal.

Hubo grandes discusiones en torno a este problema planteado por Tocqueville en una lógica de continuidad/discontinuidad de la Revolución. Sigue habiendo un verdadero problema histórico: ¿cuál es la fuerza específica de lo universal? Los procedimientos políticos de esos campesinos de tradiciones milenarias muy coherentes fueron arrastrados por la fuerza de lo universal, como si se hubieran inclinado ante algo más fuerte lógicamente: procedente de la ciudad, una puesta en discurso explícita, metódica y no práctica. Se han convertido en provincianos, en locales. Las actas de la deliberaciones se transforman: “Habiendo decidido el prefecto…”, “El Ayuntamiento se ha reunido…”. La universalización tiene como revés un desposeimiento y una monopolización. La génesis del Estado es la génesis de un lugar de gestión de lo universal y a la vez de un monopolio de lo universal y de un conjunto de agentes que participan del monopolio de hecho de esa cosa que, por definición, pertenece a lo universal.

Pierre Bourdieu
1930-2002, sociólogo

Texto inédito extractado de los cursos sobre el Estado
que dictó en el Collège de Francia entre 1989 y 1992

© Le Monde Diplomatique, nº 151, Enero de 2012

Gramsci, por Eric Hobsbawm

Hace poco tiempo atrás se editó en nuestro país el libro Cómo cambiar el mundo del historiador marxista nacido en Inglaterra Eric Hobsbawm, el cual recomiendo fervientemente por su notable y riguroso trabajo de investigación que no se queda solo en describir la historia del marxismo y sus tendencias sino que lo relaciona en un potente ida y vuelta dialéctico con el presente. Una obra monumental, que algunos compañeros nacionales y populares parecen haber leído a las apuradas y llegando a conclusiones extrañas acomodando el relato según sus preconceptos, como cuando se dice que todo el libro lleva a concluir que “Hay que olvidar a Marx”, siendo que el mismo autor cierra su obra con este párrafo (página 424 de la edición de Editorial Paidós / Crítica):

La desintegración, incluso de un desmoronamiento del sistema existente [el capitalismo] ya no se puede descartar. Ninguna de las partes [capitalistas y marxistas / socialistas] sabe qué sucedería o qué podría suceder en este caso. Paradójicamente, ambas partes tienen interés en regresar a un gran pensador cuya esencia es la crítica del capitalismo y de los economistas que no fueron capaces de reconocer adónde conduciría la globalización capitalista, pronosticada por él en 1848 (…).

De nuevo resulta obvio que incluso entre importantes crisis, «el mercado» no tiene respuesta al principal problema que se enfrenta el siglo XXI: que el ilimitado crecimiento económico cada vez más altamente tecnologizado en busca de beneficios insostenibles produce riqueza global, pero a costa de un factor de producción cada vez mas prescindible, el trabajo humano, y, podríamos añadir, de los recursos naturales del globo. El liberalismo político y económico, por separado o en combinación, no pueden proporcionar la solución a los problemas del siglo XXI. Una vez más, ha llegado la hora de tomarse en serio a Marx.

(El comentario del libro y la crítica a los que ligeramente dicen que “Hay que olvidar a Marx” será motivo de otro post)

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En los capítulos 12 (“Gramsci”) y 13 (“La recepción de Gramsci - Gramsci en Europa y América”) hace un detallado análisis del pensamiento y acción del brillante intelectual sardo, del que no hay que olvidar -cosa que se suele hacer y no inocentemente- que fue uno de los fundadores y militante del otrora partido comunista mas poderoso de occidente, el italiano. De los mismos quiero compartir con ustedes algunos extractos:

[Gramsci] hoy es conocido incluso por aquellas personas que en realidad no han leído sus obras. Términos tan típicamente gramscianos como «hegemonía» aparecen en los debates marxistas, e incluso no marxistas, sobre política e historia tan informalmente y a veces sin rigor como ocurrió con los términos freudianos en el período de entreguerras [Nota del autor: Me recuerda a cierto bloguero de la derecha peronista que suele citar con profusión cosas tales como “guerra de posiciones”, “guerra de trincheras”, “empate catastrófico” -que es una extensión del original de Marx “ruina mutua”- y otras tantas para sostener con piruetas increíbles la defensa de gente como Graciela Camaño y la mas rancia ortodoxia pejotista]. Gramsci se ha convertido en parte de nuestro universo intelectual. Su estatura como pensador marxista original -en mi opinión el pensador mas original de Occidente desde 1917- está ampliamente reconocida. Sin embargo, lo que dijo y por qué es importante todavía se atribuye al hecho que él es importante. A continuación, destacaré una razón de esa importancia: su teoría de la política.

Una observación elemental del marxismo es que los pensadores no inventan sus ideas en abstracto, sino que solo pueden entenderse en el contexto histórico y político de su tiempo. Si Marx siempre subrayó que los hombres hacían su propia historia -o si se quiere, elaboraban sus propias ideas-, también señaló que sólo pueden hacerlo bajo las condiciones inmediatas en que se encuentran, bajo condiciones determinadas y heredadas. El pensamiento de Gramsci es absolutamente original. Él es marxista y leninista (…) y a menudo resulta un marxista sorprendente. Por ejemplo, escribió relativamente poco sobre desarrollo económico y mucho sobre política, incluyendo escritos sobre teóricos como Croce, Sorel y Maquiavelo, que no suelen aparecer demasiado o en absoluto en las obras clásicas.

La Italia de su tiempo era, por así decirlo, un microcosmos del capitalismo mundial en la medida en que contenía en un solo país metrópolis y colonia, así como regiones avanzadas y regiones atrasadas [1]. Cerdeña, de donde provenía Gramsci, ejemplificaba la parte atrasada, por no decir arcaica y semi-colonial de Italia; Turín, con sus fábricas Fiat, dónde se convirtió en líder de la clase obrera, tanto entonces como ahora tipifica el estadio mas avanzado del capitalismo industrial y de la transformación de campesinos inmigrantes en obreros. En otras palabras, un marxista italiano inteligente que se encontraba en una posición insólitamente buena para comprender la naturaleza tanto del desarrollo del mundo capitalista como del «Tercer Mundo» y de sus interacciones. Por consiguiente, es un error considerar a Gramsci solamente como un teórico del «comunismo occidental». Su pensamiento no iba destinado exclusivamente a los países industrialmente avanzados ni era sólo aplicable a ellos.

(…) Italia era (y es) no solo un país católico sino un país en el que la Iglesia era una institución específicamente italiana, un modo de mantener el gobierno de las clases dirigentes sin, y al margen de, el aparato del Estado. Era también un país en el que la cultura de la élite nacional antecedía al Estado nacional [2]. Así pues, un marxista italiano sería mas consciente que otros de lo que Gramsci denominaba «hegemonía», es decir, las maneras mediante las cuales se mantiene la autoridad que no se basan simplemente en la fuerza coercitiva.

(…) La mayor contribución de Gramsci al marxismo es la de haber promovido una teoría marxista de la política. Porque aunque Marx y Engels escribieron mucho sobre política, eran reacios a desarrollar una teoría general en este campo, en gran medida porque -como señaló Engels en las famosas ultimas cartas explicando el concepto materialista de la historia- pensaban que era más importante destacar que «tanto las relaciones jurídicas como las formas del Estado no podían comprenderse por si mismas, sino que radican en las condiciones materiales de vida» (…) Lenin sintió la necesidad de una teoría mas sistemática del Estado y la revolución, lo cual resulta lógico en caso de acceder al poder, pero como todos sabemos la revolución de Octubre sobrevino antes de que pudiera completarla (…) Gramsci trató de lidiar con ambos problemas, aunque algunos comentaristas me parece que se han concentrado excesivamente en uno de ellos, el estratégico. De hecho, bien podríamos decir que a Gramsci sólo le fue posible enfrentarse a ellos en sus escritos porque estaba en la cárcel, aislado de la política exterior, y escribía no para el presente, sino para el futuro.

Gramsci es un teórico político en la medidas que considera que la política es «una actividad autónoma» [3] dentro del contexto y los límites impuestos por el desarrollo histórico, y porque emprende específicamente la investigación «del lugar que ocupa o debería ocupar la ciencia política en una concepción sistemática (coherente y lógica) del mundo» [4]. Para él, la política es el núcleo no solo de la estrategia para alcanzar el socialismo, sino del propio socialismo, «la actividad humana fundamental, el medio por el cuál la conciencia individual entra en contacto con el mundo social y natural en todas sus formas» [5]. En resumen, el término es mas amplio de lo que comúnmente designa. Mas amplio incluso que la «ciencia y el arte de la política» en el sentido mas estrecho del propio Gramsci, que él define como «un cuerpo de reglas prácticas para investigar y de detalladas observaciones para despertar un interés por una realidad efectiva y para estimular un entendimiento político mas riguroso y más enérgico». Está en parte implícito en el concepto mismo de praxis: que comprender el mundo y cambiarlo son una misma cosa. Y praxis es lo que hacen, la historia que los propios hombres hacen, aunque en determinadas condiciones históricas -y de desarrollo- y no simplemente las formas ideológicas por las que los hombres se hacen conscientes de las contradicciones de la sociedad. Es, para citar a Marx, el modo en que «lo resuelven»; en pocas palabras, es lo que puede llamarse acción política. Pero también es en parte un reconocimiento del hecho que la propia acción política es una actividad autónoma, aunque haya «nacido en el terreno permanente y orgánico de la vida económica».

Se podría argüir que para Gramsci lo que constituye la base del socialismo no es la socialización en sentido económico -es decir, la economía socialmente poseída y planificada (aunque ésta es obviamente su base y su marco)- sino la socialización en sentido político y sociológico, es decir, lo que se ha denominado proceso de formación de hábitos en el hombre colectivo, que hará que el comportamiento social sea automático y eliminará la necesidad de un aparato externo que imponga normas; automático, pero también consciente. Cuando Gramsci habla del papel de la producción en el socialismo no es simplemente como medio para crear la sociedad de la abundancia material, aunque podemos señalar de paso que él no tenía dudas acerca de la prioridad de maximizar la producción. Porque el lugar del hombre en la producción era fundamental para su conciencia bajo el capitalismo; porque la escuela natural de esta consciencia era precisamente la experiencia de los trabajadores en las grandes fábricas. Gramsci tendía a considerar que las grandes fábricas modernas no eran tanto un lugar de alienación, sino mas bien una escuela para el socialismo.

Lo nuevo en Gramsci es la observación de que incluso la hegemonía burguesa no es automática sino lograda a través de la acción y organización política conscientes (…) Una clase ha de trascender lo que Gramsci denomina organización «económico-corporativa» para llegar a ser políticamente hegemónica; y esta es, a propósito, la razón por la que incluso el sindicalismo más militante sigue siendo una parte secundaria de la sociedad capitalista. De ello se desprende que la distinción entre clases «dominantes» o «hegemónicas» y «secundarias» es fundamental. Porque el principal problema de la revolución es cómo convertir en hegemónica una clase hasta entonces secundaria, que crea en sí misma como una potencial clase dirigente y sea creíble como tal para las demás clases. Aquí radica para Gramsci la importancia del partido -el «Príncipe Moderno»-. Porque completamente aparte de la importancia histórica del desarrollo del partido en general en el período burgués, él reconoce que la clase obrera solo desarrolla su conciencia y trasciende la fase espontánea «económico-corporativa» o sindicalista a través de su movimiento y organización, en su opinión a través del partido (…) Gramsci es profundamente leninista en su idea general del papel del partido, aunque no necesariamente en sus opiniones acerca de lo que debería ser la organización del partido en un momento dado o acerca de la naturaleza de la vida del partido. Sin embargo, en mi opinión, su propuesta de la naturaleza y las funciones de los partidos va mas allá que la de Lenin”.

 

Notas:

[1] ¿Será por esa extraordinaria similitud con la Argentina que su pensamiento aquí es de absoluta vigencia?

[2] Otra extraordinaria similitud con nuestra realidad e historia.

[3] “Cuadernos de la cárcel”

[4] ibid anterior

[5] ibid anterior

Una reescritura de la historia en clave de olvido

-Bordenave es una cobra con cédula –comenta Lomuto en su infatigable asociación libre- pero dice cosas muy ciertas. Esperá, no tomes este que esta muy lavado… –y se agacha para recoger yerba y arreglar el mate-. Es un escéptico profesional y por eso mismo la pega. Como cuando dice que quienes de verdad ganaron esta guerra fueron las Academias Pitman con sus “triunfadores del mañana”. Cuándo dice –se ríe y escupe la primera chupada del nuevo mate- que hay una subcultura exitista que es la contracara de la derrota y esa subcultura ha inficionado a la izquierda, al peronismo, a los tipos que antes predicaban la guerra popular y ahora le chupan los huevos a los radicales, ¿Eh? Subcultura clasemediera, claro, pero eficaz; la que te venden con celofán los Predicadores del Arrepentimiento. O sea: el Che fue un boludo porque lo mataron. Como si no lo hubieran cagado a San Martín, a Bolívar, a tantos.... –Se detiene, otea el horizonte casero, parece olfatear mas que escuchar- Pará que no lo oigo… ¿Que decís, vieja…? Sí, Sergio se queda a comer. ¿Cómo? Sí, ahora me visto y voy (…) –le sonríe a Sergio- Viste como rompe las bolas, ¿no? Mi vieja no es posmodernista. El pueblo es conservador mi estimado, pero por eso rompe todo cuándo no hay mas remedio y deja atrás a los mas bravos (de boquilla) de la zurda. Pero ese es el tema que hay que masticar mi estimado, el tema de la derrota. ¡Qué digerido, ni siquiera lo tenemos masticado!

Sentado en su silla de paja, alargando la mano hacia el mate caliente que le acerca el Pelado Lomuto, Sergio escucha la perorata del amigo y trata inútilmente de meter la cuchara, para acercarlo al tema que le interesa:

-Por eso yo quiero…

Lomuto no lo escucha. Se rasca una picadura de mosquito en el tobillo y sigue hablando:

-Es que todos estos hijos de puta tienen una visión pigmea de la historia. Una visión acorde con sus pequeñas vidas personales. Esos boludos sólo saben interpretar la historia de cámara, no la historia sinfónica, ¿Me seguís? Son cortoplacistas. Y la historia es en cómodas cuotas. Por eso pueden estar con Pol Pot o con Reagan, porque Pol Pot y Reagan son las dos caras de la medalla del pequeño burgués. Y muchos de esos turros que gritaban “liberación” hace diez años, ahora gritan “democracia”, porque en el medio estuvo la derrota del campo popular, que no es su derrota. Porque, mirá bien lo que te digo: Toda esa clase media radicalizada de los sesenta y setentas quería estar en la cresta de la ola y ahora también. Cambiaron de verso, no de posición. La posición es la misma, encaramarse. Así que yo no les admito a ellos que hablen de derrota. La derrota es nuestra, del pueblo y de nuestros muertos. No de los maricones que siempre le sacan el culo a la jeringa, ¿Me explico?.

(Un pasaje de la novela de Miguel Bonasso La memoria en donde ardía – El Juglar Editores, 1990, ISBN 950-9852-31-8, páginas 58, 59 y 60)

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José Natanson debe ser uno de los periodistas mas alabados en la blogósfera nac & pop ecuánime. Es más, insospechadamente, hasta algunos blogs de la derecha peronista que tratan malamente de disimular su anti-kirchnerismo militante –originado a mi juicio en viejos rencores no suturados de aquellos años de intensas pasiones en que la Tendencia desafió casi hasta hacer temblar el hegemonismo de la Burocracia- lo rescatan para contraponerlo a la figura de Horacio Verbitsky, que no les cae en gracia –no precisamente porque escriba mal o tire data errónea- porque representa aquello tan odiado. En lo personal, suelo leer con interés sus notas, aunque siempre me hace algo de ruido esa postura constante que asume de equilibrio y distanciamiento, casi hasta el borde de la impostación.

En estos días estuve releyendo una nota dedicada con motivo del primer aniversario del fallecimiento del ex presidente Raúl Alfonsín, donde escribió lo siguiente casi como una separata de la nota principal y que me gustaría desmenuzar un poco. Leemos:

“(…) la reescritura de la historia es un recurso válido y hasta legítimo para defender las posiciones del presente. El kirchnerismo, de hecho, lo hace permanentemente: buena parte de su discurso descansa en la idea de su gestión como una reforma –incluso una gesta– reparadora de los puntos oscuros del pasado, desde los crímenes de la dictadura hasta la entrega neoliberal de los ’90 (en este sentido es interesante poner en cuestión –habrá que hacerlo con más calma en otro momento– el discurso oficial que equipara neoliberalismo con dictadura, cuando en verdad el gobierno autoritario sólo dio los primeros pasos de una reforma neoliberal que se procesó de manera perfectamente democrática; en Argentina, como en todos los países latinoamericanos salvo Chile, el neoliberalismo fue un movimiento popular y no una imposición de los militares)”.

Es un párrafo de extraordinario valor para entender como cierto escamoteo histórico de nuestro pasado reciente prefigura y conceptualiza el presente, descontextualizándolo de su necesario continuum. Es verdad que el gobierno autoritario sólo dio los primeros pasos de una reforma neoliberal si lo pensamos únicamente desde el punto de vista técnico; no haber privatizado las empresas estatales -medida estrella que figura en el ABC del manual del credo- es una muestra. Pero lo que se omite –y no por error- es que la reforma conservadora de los ‘90 no hubiese sido posible sin el cambio radical vía terror y masacre que la dictadura operó sobre la concepción ideológica de la sociedad argentina y su estructura de clases. No fue “un primer paso”, como inocentemente se plantea; por el contrario, podríamos decir sin exageraciones que fue el ground zero sobre el que se reconstituyeron todas las variables políticas y sociales.

Desde el golpe de la Fusiladora del ‘55, el establishment intentó vanamente durante los 18 años de proscripción de las mayorías populares imponer su modelo de país; la tenaz resistencia de los sectores obreros, potenciados a partir de la segunda mitad de la década del 60 al sumárseles amplios sectores radicalizados de la clase media –que hasta allí habían fungido como custodios y propagandistas del santo grial conservador- hizo imposible tamaña misión, no solo porque intentaba atacar una sólida y disciplinada estructura de sindicatos y asociaciones populares que imaginativamente implementaron diversos medios de lucha, sino porque también arremetía contra valores fuertemente instalados en el imaginario colectivo.

El peronismo fundacional –le guste a quien le guste- estableció valores que durante muchos años pasaron a formar parte del imaginario colectivo: Jubilaciones, paritarias, salud pública, pleno empleo, movilidad social y –muy especialmente- educación pública de calidad y al alcance de todos, valor sobre el que muy probablemente se recostaran el resto de las variables. No esta demás recordar que el nombre original de la actual Universidad Tecnológica Nacional era Universidad Obrera, orientada a que justamente los hijos del naciente proletariado industrial recibieran formación técnica profesional y -en el país de entonces con fuerte acento en la industria- de esta manera cumplir el sueño inmigrante, aquello de m’hijo el dotor. Es mas, para garantizar que fuese usada verdaderamente por sectores obreros, no existía el turno mañana y cada alumno debía presentar un certificado donde acreditase que trabajaba en algún lado. Y todo ese imaginario fue necesario destrozarlo a sangre y fuego para que dejase de serlo.

Natanson recurre a la década del ‘90 y al menemismo –verdad que votado masivamente- para asegurar aquello de “en Argentina, como en todos los países latinoamericanos salvo Chile, el neoliberalismo fue un movimiento popular y no una imposición de los militares”; y es un dato innegable de la realidad que fue votado por amplias mayorías, ese curioso maridaje no del todo estudiado entre clases dominantes y sectores pauperizados. Pero ese “movimiento popular” no fue algo espontáneo ni descontextualizado del pasado de terror sobre el que se asentó la recuperación democrática de 1983. No fue impuesto y desarrollado por algún hombre de jinetas, pero estos sí establecieron los límites al que cualquier gobierno democrático desde entonces se tenia que ceñir.

Uno de los debes que se deberían anotar en la cuentas de los organismos de derechos humanos es haber escamoteado lo que había detrás de cada desaparecido o asesinado, en especial –a contrapelo de lo que el común de la gente piensa- que el 60 por ciento de aquellos pertenecieron a la clase obrera –y no a una clase obrera en sí, sino para sí- y no a sectores universitarios y/o de clase media. Comisiones Internas clasistas de grandes fábricas arrasadas por la represión cortaron de raíz toda posibilidad de pensar un modelo de país que excediese el marco de lo meramente reivindicativo, situación que entroncaba perfectamente –y fue funcional a- con la estrategia de la burocracia sindical y sus prebendas. Este faltante de cuadros con conciencia de clase posibilitó en buena manera la mansa entrega de las organizaciones sindicales manejadas por la Burocracia a los designios de sus históricos enemigos, mas allá de resistencias aisladas que no por valiosas se demostraron absolutamente inútiles para detener el vendaval neo-conservador. Para entenderlo mejor, citamos un profético texto de Rodolfo Walsh:

"Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores, la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas."

Por eso todo el razonamiento de Natanson –al que adhiere buena parte del kirchnerismo cool de la blogósfera y de ahí su “error”- parte de negar que la masacre y sus huellas tanto reales como psicológicas hayan tenido algo que ver con la conformación de la Plaza del Sí y la adopción del credo liberal. Algunos inclusive van mas allá y señalan que el menemismo simplemente acompañó los nuevos vientos de la historia, como si esta no fuese algo dinámico y con actores de carne y hueso que pudiesen torcerla para un lado u otro. Un pueblo exhausto por las híper-inflaciones de fines de los ‘80 y principios del ‘90, formateado en el terror de no cruzar ciertos límites porque el golpe podía estar a la vuelta de la esquina –alimentado por ese tan desgraciado Alfonsín del Felices Pascuas- y, como se dijo a lo largo de este post, con la ausencia forzada de cuadros que dirigieran las luchas contra la restauración de la Argentina primarizada fueron el campo fértil sobre el que se pudo desarrollar ese mal llamado “liberalismo de masas”, es decir, su condición necesaria y excluyente.

Para quien esto escribe, no existen decisiones electorales que sean químicamente puras o que nazcan de un sesudo análisis de pros y contras. Si fuese así, las clases dominadas jamás podrían votar a sus verdugos y daríamos por cierto que existe eso que los horroriza tanto –o lo consideran demodé- llamado conciencia de clase. Y no es el caso.

El mito de convencer a todos



"La victoria sobre el elemento reaccionario está asegurada si se toman
las cosas por la raíz, si se es consciente de su proceso contradictorio.
Si se procede de otra manera, se aboca ineluctablemente a las posiciones
mecanicistas, economicistas y metafísicas;dicho de otro modo, al desastre".

Wilhelm Reich - La psicología de masas del fascismo


La escena es repetida: cualquiera que trabaje en una empresa o sector de la misma donde predominan los wannabe de clase alta, es decir los clase media que sueñan y sueñan con lo que nunca serán, lo sufre todos los días laborales. Es ese sector irreductiblemente inmune a cualquier medida que tome el actual Gobierno Nacional, así sea en su propio beneficio; comentarios racistas ("le van a dar LCD's a los negros"), burlas generales a la Presidente, de todo tipo ("ja, ¿viste como la gastó Obama en la última cumbre del G-20?, la boluda se creyó que era en serio"), comentarios apocalípticos sin ningún argumento anclado en la realidad ("esto se va todo a la mierda") y una larga lista de etcéteras.

Se torna prácticamente imposible entablar un diálogo medianamente coherente, ni aún con paciencia y buena voluntad, mostrando cifras como la relación entre deuda y PBI por citar una sola. Ávidos lectores de tapas de diarios y solapas de libros, creen poseer un saber superior que uno, pobre tonto en el mejor de los casos o sospechoso de recibir alguna prebenda oficial en el peor, no podrá jamás alcanzar. Preocupadísimos por la falta en el mercado de teléfonos móviles BlackBerry, generan escenas dignas de una película de Buñuel como la que me tocó presenciar dias pasados: Una compañera se compró un móvil Samsung de los que se están ensamblando en Tierra del Fuego y al segundo día de uso no le andaba la radio; el muchachito que hace como que se encarga del mantenimiento de la red en la empresa, después de mirarlo y toquetearlo un poco le dijo sonriendo irónicamente "Vas a tener que llevarlo al service, es un teléfono trucho de estos que hace Cristina, ja" (sic). Y no era ningún problema para service: Está programado en Java, así que reseteando la aplicación todo volvió a la normalidad en segundos (lo mismo puede pasar con un móvil fabricado en Holanda, EEUU, Corea o Marte). Hablados por los grandes medios de la derecha, estos aldoriquistas de nuevo cuño han desterrado para siempre la palabra duda de su diccionario personal.

Sin embargo en cierto sector del universo nac & pop, seguidista hasta la exasperación, ha prendido el concepto contrafáctico -nunca refrendado por la historia- de que por alguna magia extraña es posible convencer a todos de ir en determinada dirección, por lo que no habría que "confrontar" desestimando insensatamente de un plumazo que en toda sociedad capitalista las tensiones y confrontaciones son parte constitutiva de la misma. En la misma linea podríamos citar el risible "todos tenemos que ser de clase media" como he leído de cierto reputado bloguero, como si en una sociedad de clases eso fuese posible. Hay un porcentaje no desdeñable de nuestra sociedad -de cualquier sociedad- que jamás verá con buenos ojos o al menos con cierta indulgencia todo proceso que conlleve mejoras para los más desposeídos y esto llega al paroxismo hasta de criticar beneficios para si mismos, como el subsidio al transporte público que utilizan o a los servicios de luz y gas. Irónicamente serán los primeros en protestar e insultar si el Gobierno Nacional decidiera quitarlos. En este sentido y paradójicamente creen, al igual que los trotskistas, que el economicismo rige de forma inexorable y determinante los comportamientos de cada ser humano.

Argentina jamás tendrá una "Comunidad Organizada". El propio Perón lo pudo experimentar en carne propia una vez que la reacción pudo organizarse para sacarse a la negrada de encima. Y con un país que tenía por entonces los más altos índices de ocupación, bienestar general, seguridad y movilidad social.


“Cuando el dedo señala a la Luna, los tontos miran el dedo”
consigna del Mayo Francés

 

La red de microblogging Twitter ofrece en ocasiones interesantes debates a pesar de su natural limitación de condensar ideas en apenas 140 caracteres. Interesantes en el sentido que muestra en crudo (¿lo que en verdad se cree?) ciertas líneas de pensamiento potenciadas por la necesidad de “ganar” la discusión. No importan los protagonistas del ejemplo de hoy en tanto nombres propios sino como cierto sector de la militancia del kirchnerismo de eventos navega entre el seguidismo acrítico y la mentira lisa y llana. Mas aún, si se lee con atención van a observar que directamente se cuestionan decisiones surgidas desde la propia presidenta Cristina Fernández, y cuya génesis fueron ideadas por el ex presidente Néstor Kirchner, pero en un increíble acto de delegación proyectiva se hace responsable al adversario.

No deja de llamar la atención que debe ser el primer caso en la historia mundial donde la conducción de un proceso político se pone a la izquierda de sus militantes. Mientras la Asignación Universal por Hijo no fue impulsada por el Poder Ejecutivo, nunca desde los ámbitos juveniles del FpV hubo alguna propuesta al respecto; eso sí, una vez que la Conducción lo decidió se abrazaron a la misma como si hubieses sido los impulsores. Lo mismo podríamos decir de la Ley de Matrimonio Igualitario. Pero esta juventud kichnerista, tan especial y heterogénea, que por su naturaleza etaria debería ser el ala dinámica del proceso, solo se limita a hacer seguidismo con lo que baja desde la conducción; jamás han impulsado una agenda propia.

Otro rasgo distintivo de este sector es su composición de clase y sus antecedente políticos, lo que explica muchas de sus actitudes. Algunos ex ARI-CC hasta hace un par de años atrás ahora dan clases de ortodoxia peronista con el típico fervor de los conversos; muchachitos criados en hogares de clase media / media alta, con todos sus privilegios (a los que por supuesto no renunciarían ni aunque vengan degollando) tratan a otros de “progres” como insulto, es decir, aquellos que no caminan por “el barro de los andurriales”, cuando su máxima militancia es asistir a alguna Creamfields trucha en el Planetario con la presencia del ministro de economía o hablar de los obreros sin mezclarse ni conocer a ninguno. Este fenómeno, que llamaremos culpa de clase, implica proyectar su propia naturaleza progre en los otros. Eso si, como “creen” interpretar al pueblo -al que no conocen ni en fotos- no dejan de mirar por tv programas idiotizantes y con mensajes sexistas y/o xenófobos (como los de Tinelli y Susana “El Que Mata Tiene Que Morir” Giménez) porque “el pueblo los ve” o glorificar ciertas músicas de las que jamás se comprarían un CD. Sí habría que reconocerles a algunos de ellos una originalidad, que es haber inventado la versión 2 de la Ley de Godwin, donde han reemplazado a Hitler por “progre” (ese espejo tan temido).

Vamos a extractar ciertos párrafos vertidos por la neo ortodoxa militante del FpV y contrastarlos con la realidad:

 

angiedeeeeeok @juvedemoron Sabatella hoy se cuelga de CFK como en 1999 se colgó de De la Rúa. El EDE en Morón es La Alianza. @MartinMarinucci

Dos falacias en una frase: La colectora del EDE, llamada lista de adhesión por importantes dirigentes del FpV, fué impulsada por la propia Cristina Fernández -nadie se “cuelga” si el otro no quiere, de Perogrullo- y a contramano de los deseos de muchos intendentes de conurbano, en especial los de la Primera Sección Electoral, como el inefable Raúl Othacehé. Lo mismo vale cuando se menciona la alianza UCR-Frepaso de 1999, cuándo lo que hoy se conoce como Encuentro por la Democracia y la Equidad ni siquiera existía como tal; es curioso que los acuerdos  electorales sean catalogados de “colgarse”. (Aclaración: el Martín Marinucci mencionado en el párrafo es el actual candidato a intendente del Municipio de Morón por el FpV). Ni hablar del rumbo que ha tomado el EDE con su firma defensa del Gobierno Nacional, aún en los momentos más algidos como durante el intento de golpe de estado de las patronales agro-financieras a raíz de la resolución 125, mientras otros “compañeros” peronistas votaron en contra y se fueron del bloque del FpV, pensando en una rápida caída en desgracia del gobierno y otros ya querían ir a buscar cobijo bajo el ala de Reutemann, como el inefable encuestador Artemio López.

angiedeeeeeok @juvedemoron En las legislativas de 2009 por un 6% miserable Sabatella traicionó a Néstor y le hizo el juego a De Narvaez @MartinMarinucci

Esto si ya entra en el terreno de la ficción pura (no es la primera vez que lo leo; es compartido por varios integrantes del mismo colectivo eventero). El propio Néstor Kirchner se encargó de desmentirlo pero como su figura no puede ser atacada a riesgo de morderse la cola se deposita en el Otro las causas de la desgracia propia. Y curioso eso de calificar de miserable 6% a un partido que recién se lanzó a la lid provincial por primera vez hace 2 años atrás (el PJ tiene 66 años de vida); no tan curioso en realidad porque es habitual leer a estos niñitos hablando de “losers” o “winners”, que uno pensaría que es un discurso de la derecha, no de un partido que se arroga a si mismo la representación de los humildes, es decir de los “perdedores”.

angiedeeeeeok @juvedemoron Chicos, chicos ¿saben una cosa? Ustedes que desprecian al PJ van colgados de la lista de una PRESIDENTA PERONISTA por una banca

Amén de insistir con el argumento ya rebatido en el inicio del post, se introduce aquí otro elemento muy caro a los sentimientos de esta extraña neo-ortodoxia juvenil (a veces me pregunto que poco les falta a algunos para reivindicar a personajes como Osinde o el Momo Venegas): “El EDE desprecia al PJ”. No solo es un error sino que roza lo malintencionado. Las incontadas visitas de Néstor y Cristina al distrito de Morón, más gestos elocuentes me eximen de mayores comentarios, salvo que se piense que la propia presidenta sea anti PJ y por eso impulsa una lista de adhesión que la odia. Tanto se desprecia al PJ que se dice esto, por ejemplo: "Sin el PJ no se puede avanzar, pero sólo con el PJ no basta"

angiedeeeeeok @juvedemoron El peronismo resistió la persecución, las masacres, las desapariciones mientras uds. criticaban en un café. @MartinMarinucci

La verdad, es difícil imaginarse a Martín Sabbatella -que en los años de plomo era un niño de 6 años- sentado en un café criticando vaya uno a saber qué. Ni Fellini podría haber imaginado una escena como la descripta. Y eso que el peronismo (dicho así, en conjunto) sufrió masacres y desapariciones no se ajusta a la verdad: La izquierda peronista fue la diezmada, inclusive antes del golpe y a manos de de orgas de la derecha peronista, como las patotas de la Jotaperra, la CNU, CdO y otras siglas perversas alentadas desde la revista “El Caudillo”. No por casualidad muchos de estos lúmpenes terminaron integrando los Grupos de Tareas de la dictadura procesista.

angiedeeeeeok @juvedemoron @MartinMarinucci Los .detenidos desaparecidos fueron peronistas, sindicalistas, guevaristas y defensores de los DDHH.

Completando lo anterior, no creo que peronistas como Duhalde, Venegas, Cavallieri, Lezcano (y siguen las firmas) consideren compañeros a un Paco Urondo o a un Julio Iván Roqué, (ni estos últimos tampoco a los primeros) por poner apenas dos ejemplos. Cuando menciona a sindicalistas desaparecidos, el único de la derecha peronista que puedo recordar es Oscar Smith, de Luz y Fuerza; el resto eran clasistas y/o integrantes de la Juventud Trabajadora Peronista, controlada por Montoneros. Y en un olvido no casual, no nombra a los maoístas de Vanguardia Comunista, a simples catequistas como la hija de Emilio Fermín Mignone e inclusive militantes troskystas, como Elisabeth Käsemann

angiedeeeeeok @juvedemoron Sabatella viene del PC. Fue dirigente de la Fede. El PC reivindicaba a Videla. #Hechos

Es verdad que el PC argentino se abstenía de condenar a la dictadura (lo que no le evitaba sufrir también la persecución, desaparición y asesinato de sus militantes, como el negrito Floreal Avellaneda, cuyo cuerpo apareció en las costas uruguayas con signos de muerte por empalamiento) por su insensato alineamiento con las necesidades del PCUS, que tanto le costó en términos de representación política durante toda su vida. También sería justo con la Historia y la verdad que esta muchacha recordara que la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (organismo impulsado por el PCA) fue de los primeros en denunciar las atrocidades cometidas por los carniceros de uniforme y cuyos valientes abogados presentaban hábeas corpus cuando ese acto solía ser un pasaporte al infierno de los chupaderos. Y también es cierto que Sabbatella fue dirigente de la FJC… pero no a los 6 años; trasladar taras y errores de dirigentes de los partidos a otras generaciones nos podría llevar al absurdo de suponer que todos los que hoy militan en el peronismo son menemistas y están de acuerdo con los indultos a los genocidas.

angiedeeeeeok @juvedemoron @Mati_Galarce Te dejo la fotito de Martín 1999. #LaMelena http://t.co/rPQo8dO8

Muy extraño esto de tratar de descalificar con una foto que políticamente no dice nada en la actualidad. Es el mismo recurso que utiliza la izquierda vulgar cuando, en su intento de desprestigiar a Néstor Kirchner, muestran fotos donde se lo ve junto al ex presidente peronista Carlos Menem.

angiedeeeeeok @juvedemoron Ustedes atacan al compañero Daniel Scioli pero de De Narvaez  ni una palabra no? @Mati_Galarce

Otra mentira más: Ver acá, acá, acá, acá, acá y acá (hay muchos mas links). No hay peor ciego…

angiedeeeeeok @juvedemoron El compañero @danielscioli es el más leal de los compañeros al proyecto de @CFKArgentina cc @Mati_Galarce

¿Scioli leal al proyecto? Si, tan leal que la presidenta le impuso el candidato a vicegobernador, el respetado militante e impulsor inquebrantable de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual Gabriel Mariotto. Y su política represiva y de devolverle toda la autoridad y la autonomía a los porongas de la Policía Bonaerense se da de patadas con la que impulsa la ministra Nilda Garré desde el Gobierno Nacional. Mientras este último hizo de la no represión de la protesta social una bandera, el gobernador Scioli ante el primer conflicto de envergadura -como el de la empresa Kraft- mandó a su policía a reprimir salvajemente a los trabajadores que solo reclamaban por sus derechos. Criminaliza la pobreza, como en José León Suárez, donde cayeron bajo las balas de plomo de los Patas Negras Mauricio Ramos, de 17 años y Franco Alarcón, de 16, por el gravísimo delito de querer alimentarse. Mientras las puertas de la Casa Rosada fueron abiertas desde el primer día del gobierno de Néstor Kirchner para las Madres de Plaza de Mayo y los organismos de DDHH, el ex penitenciario Casal -actual secretario de (in) seguridad de la PBA- denostaba a los mismos, con dichos mentirosos de los que tuvo que retractarse. Es recordado aún, siendo vicepresidente del Dr. Kirchner en el año 2003, que se opuso a la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final con un súbito respeto parlamentarista (que no exhibió cuando fue integrante del gobierno de Menem) diciendo: “En un país en serio el Congreso no anula sus leyes”, lo que le valió ser puesto en la congeladora por unos cuantos meses por parte del Presidente. Y mas cercano en el tiempo, el reto público que nuestro querido Néstor le propinó -sin obtener respuesta del “leal al proyecto”-: "No tenga miedo gobernador Scioli, diga quién le ata las manos". Y podría seguir nombrando tantas cosas que pondría en serio entredicho la lealtad del menemista reciclado habitué de la Embajada del Imperio.

 

Estimado lector, estos fueron algunos pequeños comentarios; la lectura completa de esta charla no tiene desperdicio. Mientras la derecha realmente existente, el complejo mediático-financiero + UIA + AEA + las patronales del campo siguen afilando las hachas de guerra, por ahora en silencio abrumados por el aluvión de votos de las PASO (que será ratificado el próximo domingo) otros se dedican suicida y tontamente a atacar a los que acompañamos con dichos y hechos a este proyecto.

 

Nota: Si el widget con el diz-que debate en Twitter no se ve bien, ir a este enlace

El negro doméstico

Margarita Barrientos lamiendo la mano del Amo

Leemos:

Reconocen a Margarita Barrientos como ciudadana ilustre porteña

La mujer, impulsora del comedor comunitario "Los Piletones" y de una fundación que lleva su nombre, recibirá hoy el diploma de Ciudadana Ilustre de Buenos Aires. En 1997 había sido distinguida como "Vecina ejemplar de la Ciudad"
El reconocimiento se concretará, a las 10, en el Salón Dorado de la Legislatura porteña y fue promovido por diputados de los bloques PRO y UCR.

Barrientos creó, en octubre de 1996, el comedor comunitario "Los Piletones" en el barrio de Villa Soldati, en el que cada día 1.600 personas reciben el desayuno, el almuerzo y la cena. Por su parte, la Fundación a su nombre coordina un centro de salud, una guardería para niños de1 a 5 años e edad, una farmacia y una biblioteca, entre otros servicios.

 

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Había dos clases de esclavos: el negro doméstico y el negro del campo. Los negros domésticos vivían en la casa del amo, vestían bastante bien, comían bien porque comían de su comida. las sobras que él dejaba. Vivían en el sótano o en el desván, pero vivían cerca del amo y querían al amo más de lo que el amo se quería a sí mismo. Daban la vida por salvar la casa del amo, y más prestos que el propio amo. Si el amo decía “Buena casa la nuestra”, el negro doméstico decía: “Sí, buena casa la nuestra”. Cada vez que el amo decía “nosotros “, él decía “nosotros”. Así puedes identificar al negro doméstico. Si la casa del amo se incendiaba, el negro doméstico luchaba con más denuedo que el propio amo por apagar el fuego. Si el amo se enfermaba, el negro doméstico le decía: “¿Qué pasa, amo? ¿Estamos enfermos?”.

¡Estamos enfermos! Se identificaba con el amo más de lo que el propio amo se identificaba consigo mismo. Y si tú le decías al negro doméstico: “Vamos a escaparnos”, el negro doméstico te miraba y te decía: “Hombre, estás loco, ¿qué es eso de separarnos (del blanco)?, ¿dónde hay mejor casa que ésta?, ¿dónde voy a encontrar mejor ropa que ésta?, ¿dónde puedo comer mejor comida que ésta?” Ese era el negro doméstico. (…) Este negro doméstico moderno quiere a su amo. Quiere vivir cerca de él. Está dispuesto a pagar tres veces el precio verdadero de una casa con tal de vivir cerca de su amo. Para luego alardear. “Yo soy el único negro aquí. Soy el único en mi trabajo. Soy el único en esta escuela”, ¡No eres más que un negro doméstico! Y si viene alguien ahora mismo y te dice. “Vamos a separarnos”, le dices lo mismo que decía el negro doméstico en la plantación: “¿Qué es eso de separarnos? “¿De Estados Unidos, de este hombre blanco tan bueno?, ¿dónde vas a conseguir mejor trabajo que el de aquí?” Eso es lo que dices, ¿ no es cierto? “No dejé nada en África”, eso es lo que dices. ¡Sí, dejaste los sesos en África, hombre!

En esa misma plantación estaba el negro que laboraba los campos. Los negros del campo. Ellos eran las masas. Siempre había más negros en los campos que en la casa. El negro del campo vivía en un infierno, comía sobras. En la casa del amo se comía carne de puerco de la buena. Al negro del campo no le tocaba más que lo que sobraba de los intestinos del puerco. Hoy en día eso se llama “menudillos “. En aquellos tiempos lo llamaban por su nombre: ‘tripas’. Eso es lo que eres: “come tripas”. Y algunos de ustedes todavía son come tripas.

Al negro del campo lo apaleaban desde la mañana hasta la noche; vivía en una choza, en una casucha, usaba ropa vieja de desecho. Odiaba al amo. Digo que odiaba al amo. Era inteligente. El negro doméstico quería al amo. Pero aquél negro del campo recuerden que era la mayoría y odiaba al amo. Si ibas con el negro del campo y le decías: “Vamos a escaparnos, vámonos de aquí”, él no preguntaba: “¿Adónde vamos?” sólo decía: “Cualquier lugar es mejor que este”.

Igual que el amo de aquellos tiempos usaba a Tom -al negro doméstico- para mantener a raya a los negros del campo, el mismo viejo amo tiene hoy a negros que son mas que tíos Tom modernos, tíos Tom del siglo XX, para mantenernos a raya a ti y a mí, para tenernos controlados, mantenernos pasivos, pacíficos, no violentos.


Malcom X
discurso en Detroit, 10/11/1963

 

Foto: Infobae

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