La herencia cultural del menemato

Nota: Observando los resultados electorales de las elecciones 2011 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y con los primeros datos que van llegando desde Santa Fe, donde un menemista reload como Miguel del Sel está en un cómodo segundo lugar y con una amplísima cosecha de votos, viene a cuento transcribir un post que escribí en otro blog hace más de dos años atrás.

 

Cuando se analizan los sucesos del 2008, en especial lo referido a la actitud asumida por la clase media de los grandes centros urbanos durante el intento de golpe de estado de las patronales del complejo agro-financiero y sus mucamas de turno, se suele dejar de lado un aspecto a mi juicio central: La herencia cultural (tan profunda como la económica) que nos ha dejado los diez años de gobierno de Carlos Menem.

El menemato fue la puesta en primer plano de los deseos imaginarios de clase media, la encarnación de sus deseos más profundos; no tomo en cuenta el "deme dos" durante la dictadura, porque esto es (¿fue?) vivido y recordado en forma culpógena (algo similar pasa al recordar el campeonato mundial de fútbol del '78). Por primera vez en la historia, un gobierno elegido democráticamente puso estos deseos en primer plano: Para empezar, la sensación de cobrar el salario en dólares, la moneda mundial, ya lograba separarla de lo que nunca quiso ser y temió, es decir, parte de Latinoamérica, ergo, lejos de la "negrada". Era muy usual en aquellos años que sus integrantes mas extremadamente cholulos excluyeran de su lenguaje coloquial toda referencia a la moneda local: todo era en dólares, los autos, la ropa de marca, los perfumes, es decir, todos los objetos que representaban, al poseerlos, la sensación de "haber llegado"; la mención al peso se dejaba para los artículos que lamentablemente tenían que comprar al igual que el gronchaje: el azúcar, la harina, la sal, el pan, etc.

Como un derivado de esto, el dólar barato le permitió a este grupo social acceder quizás al máximo símbolo de su pertenencia a ese mundo deseado: viajar al exterior. No soy partidario de las anécdotas, en general estoy convencido que no se puede universalizar a partir de hechos un tanto pequeños, pero creo que vale en este caso: Allá por el '96, yo trabajaba en una empresa multinacional de capitales originales brasileños; era una empresa típica de las de ahora, con muchísima gente joven, un promedio de edad no superior a los 27 años (yo era el mas jovato con 34); esos arquetípicos jóvenes de cero formación política, vestidos con camisas Polo, muy prolijos, con autos flamantes y con temas de charla tipo que pub era el mas irlandés de todos. Uno de ellos (que ganaría en esos momentos $2.500, o U$S 2.500), me comenta que se iba a casar, etc, etc; yo, con formación tana de vacacionar en la Costa, le pregunto donde se iba a ir de luna de miel y le tiro varios destinos: Bariloche, Cataratas, Córdoba....a lo que me responde "No, me voy a Europa, vamos a ir a España, Francia, Italia y Alemania, ya me alquilé un Renault Laguna para los traslados". Pucha pensé, yo gano mas que este tío y no puedo salir de La Lucila del Mar; profundizando un poco (debo admitir que me hizo sentir como un nabo que no sabía administrar su economía) me di cuenta que ese viaje lo financiaba con tarjeta de crédito a 10.000 cuotas. Me es imposible transcribir el tono con el que me dijo "No, me voy a Europa", pero fue como si me dijera "Lo de acá es de cuarta, man, yo voy al primer mundo". El gobierno de la Alianza, cuya núcleo duro social fue esta clase media, al asumir no toca  la convertibilidad (que ya a esa altura se demostraba insostenible) no sólo por miedo a una corrida bancaria y fuga de depósitos, sino porque, justamente, no estaban dispuestos a romper con esta ilusión de "ser ciudadanos del mundo" por primera vez que tenía gran parte de su electorado. Cuando estalla la crisis del 2001, el reproche profundo y nunca explicitado de los sectores medios hacia el gobierno era "¡Nos sacaron del Primer Mundo!".

Partiendo desde allí, es posible entender el porqué, casi insólitamente, la clase media urbana apoyó prácticamente sin fisuras el reclamo de la gauchocracia que, de triunfar y paradójicamente, es casi como pegarse un tiro en el pié (kilo de lomo a $80, suba de tarifas de servicios, retorno al FMI y a sus políticas de ajuste ultra-ortodoxo, entre otros). Si no se pone en el centro del debate esta fortísima herencia cultural que nos legó el menemato no se puede entender la realidad de estos días, porque objetivamente, este sector junto a los empresarios PyMEs mas la mayoría de las empresas mediano/grandes que en un 90% viven del mercado interno fueron los más amplios favorecidos por las políticas económicas de los gobiernos de Kirchner / Fernández. Y sin embargo, todo juntos fueron el ariete y tropa de choque de la gran burguesía.

Esta herencia cultural, insisto, no es un dato menor a la hora de analizar la realidad y sospecho que cualquier medida que el Gobierno tome, ya sea el plan para comprar autos 0km como para extender los créditos al consumo de electrodomésticos (medidas de seducción típicas para este sector), no tendrán ninguna incidencia a la hora del voto de estos sectores. Nadie esta dispuesto a romper la escalera por la que cree que puede ascender.

Para finalizar, una frase que escuché por ahí:

"Para la clase media, comprarse un televisor LCD de 42 pulgadas no es motivo de alegría, es apenas un derecho divino"

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Las revoluciones marxistas solo pudieron producirse por la existencia de esas masas empobrecidas de sociedades paupérrimas, por eso el marxismo necesita para su implantación de la pobreza y no de la riqueza, la mano de obra cualificada o una amplia clase media. Que estas últimas pudieran estar por una revolución comunista solo sería posible por la inoculación propagandística de ideales mesiánicos como es el del paraíso en la tierra(marxismo cultural). Así que Marx se equivoco de plano, o al menos esa revolución socialista en una sociedad industrializada con una mano de obra cualificada se dió en otro sitio llamado Alemania, donde también fue de suma importancia la existencia de una sociedad arruinada. El odio a la religión, la guerra de clases y demás propuestas marxistas no son garantía de nada, solo medios de destruir las sociedades que estaban en pie ese momento por medio de la introducción de sus ideas, son ideas extrañas que poco tienen que ver con la economía. La teoría económica de Marx elude el tema principal de toda teoría económica que es el concepto de "moneda" o "dinero". Esto permitió que el comunismo esclavizara a sus habitantes mientras financiaba en el parqué de Wall Street su fulgurante industrialización.
Marx ciertamente no es responsable de los crímenes del comunismo, pero si lo es Lenin. Según su teoría revolucionaria solo es posible alcanzar el logro de la clase única por la existencia de un periodo de terror que implica la aniquilación de burgueses, intelectuales no marxistas y clero, junto a los inadaptables, por ejemplo los kulaks. En cuanto el sistema jerarquico, opaco y compulsivo bajó un poco el listón tras la muerte de Stalin, se acabó el Estado soviético y su economía planificada, ineficiente y opresora. Esto no es un canto al criminal liberalismo económico de M. Friedman y su escuela de Chicago, sino una crítica al marxismo.

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